El Editorial

La dialéctica anti yanki

Resulta increíble y hasta infantil ver y escuchar en pleno siglo XXI la repetición hueca de los eslogan que estuvieron de moda en la América Latina de los años sesenta. Es como si se hubiese paralizado el tiempo y regresáramos de pronto a poner en vigencia a Eduardo Galeano  y a Andrés Gunder Frank.
El mundo de hoy nada tiene que ver con el de los sesenta, salvo -tal vez y no estamos seguros, en Cuba. Pareciera que los que hoy conducen a nuestro país no han asimilado la caída del muro de Berlín y la entronización del capitalismo en la antigua URSS, China, Vietnam, Albania, Cambodia y todos los países de Europa Oriental.
Eso de la teoría centro dependencia que tan en boga estuvo en los sesenta nada tiene que ver en este mundo globalizado en el que lo que predomina es la teoría del conocimiento, la globalización y la economía de los servicios.
La vieja tesis de que el imperio pretende adueñarse de los recursos minerales de la periferia solo pudiera aplicarse hoy a China que se instala en el Sur para saciar su hambre infinita de materia prima.
Los caricaturizados yankis producen mucho más petróleo que todos los países latinoamericanos juntos y muy pronto dejaran de ser importadores para ser exportadores y suplirán, por ejemplo, a los países que integran el CARICOM, lo que hoy, a duras penas, casi les regala Venezuela para obtener apoyo político en el seno de la OEA y otros organismos multilaterales.
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Un comentario

  1. La verdad es que a veces tenemos la percepción de que quienes nos gobiernan pretenden meternos a empeñones en la ´´máquina del tiempo´´. Y es que han desarrollado la rara virtud de hablar en presente con el lenguaje del pasado y pensar que es posible construir una realidad propia con independencia de lo que sucede en el mundo real. Tal vez, sea la influencia de esos sobrevivientes del pleistoceno que viven en aquella isla caribeña donde se ha logrado el milagro de auto congelarse en una dimensión a temporal donde no pasa nada y pasa de todo. Y sin embargo, el mundo no ha dejado de girar, avanzar y progresar en los últimos doscientos años a una velocidad impresionante, donde ha sido la ciencia y la tecnología la forjadora de una nueva civilización mas allá del concepto de sociedad postindustrial ; el conocimiento como fuente generadora de todo control sobre la naturaleza ha transformado el planeta en algo pequeño y ya se mira al espacio exterior ; la globalización ha borrado las fronteras físicas y se puede tener acceso a los bienes y servicios mas sofisticados ; la comunicación y la información fluyen a una velocidad increíble y en tiempo real. Un mundo maravilloso del que nos empeñamos en permanecer de espaldas a él, cuando nos encontramos en una etapa del neo capitalismo mas avanzado que podamos haber conocido.

    Pese a todo lo anterior, la gran limitante viene dada por formas de organización social que no se corresponden con tan importantes avances y así, vemos la continuidad de las guerras y las atrocidades mas inimaginables ; actos terroristas ; guerras religiosas ; nuevos imperios ; un sentido del poder y la dominación donde las crisis nos señalan que el mundo está en plena ebullición, como anunciando el parto de alguna nueva forma de convivencia humana que haga compatibles el desarrollo humano con los grandes avances materiales de los siglos XX y XXI. Un Nuevo Orden que se encuentra en plena gestación y que no sabemos a ciencia cierta como y cuando y en qué cuajará, pero que está ahí, esperando su momento para poder eclosionar.

    Lo cierto es que resulta inaceptable que nuestro país haya decidido colocarse de espaldas a estas nuevas realidades y tal como lo expresa el EDITORIAL de hoy, nos hayamos quedado anclados en el siglo XIX, con la misma mentalidad de los años 60 y renunciando a la oportunidad de una modernidad que en algún momento tuvimos y que que, real o ficticia, nos había puesto en sintonía con el mundo exterior. Sí, mundo exterior, porque nos estamos aislando, hemos hecho del ostracismo un estilo de vida y pretendemos desarrollar fórmulas propias de autarquía económicas con títulos rimbombantes como ´´crecimiento endógeno´´, ´´país potencia´´ y todas esas necedades que son la expresión de una involución sin precedentes y nos han colocado a la altura de las sociedades mas primitivas, inclusive dentro de nuestro continente. Y es que dentro de lo que cabe y mas bien que mal, nos entendíamos con el Imperio norteamericano con una cultura acorde con el mundo occidental ; pero no, tuvimos que entregarlo todo y entregarnos al Imperio chino que ni cristianos son, hablan una lengua incomprensible y que están depredando nuestros recursos de la manera mas brutal posible ; y, ahora, con una deuda impagable, al punto, que sin sus prestamos ( que no sabemos hasta donde pueden llegar ) el país colapsaría irremisiblemente. En sentido estricto ya no tenemos país,este es de los chinos y éllos son de los que no se van a quedar con los brazos cruzados si no les pagamos. Ya nuestro petroleo no es garantía de nada ni tampoco nos pertenece, aparte de que no vale un ´´carajo´´… ¿ Quién podrá salvarnos ?. Creemos que a estas alturas, ni el ´´Chapulín Colorado´´.

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