El Editorial

La fractura del Estado

Suenan parecido como rumba y mambo, pero son ritmos distintos. El comunismo es la dictadura del pueblo dirigida por un partido, la comuna es el poder de los ciudadanos dirigido por ellos mismos. La comuna es el país visto de acuerdo con las necesidades concretas de los miembros de la comuna, el Estado forzado por los vecinos, el poder repartido en pedacitos.

Los partidos comunistas, y esencialmente los que manejan tiranías, se sienten creadores y dirigentes de las comunas, y en la teoría del poder suena bien, pero en la práctica no funciona. Es el Ejército manejado en cada decisión por cabos y sargentos, no por un Alto Mando profesional. Es la Universidad regida por los bedeles y los estudiantes que viven de estar inscritos y no por su formación. Es la gran empresa gerenciada por porteros y trabajadores no calificados. Es la Iglesia conducida por los sacristanes.

El régimen que regenta actualmente el poder en Venezuela siente que está haciendo justicia social, y creando un gran aparato popular de control, cuando en realidad está desperdigando el poder en miles de trocitos que pueden o no entenderse. Si se entienden, son conspiración y mando, si no se entienden son desorden, caos.

Las comunas pueden ser el pueblo organizado con un alcalde que obedece, le guste o no, le parezca o no, por miles de alcaldes. Algunas de las más grandes rebeliones populares de la historia llevan ese nombre, “comuneros”. ¿A quién obedece el médico rural, al Estado que establece y financia un servicio de atención médica para todos (o así debería ser) o a la comuna que le exige curaciones milagrosas? ¿A quién obedece el maestro parroquial, al Estado y la sociedad que establecen tanto un servicio como una guía de enseñanza y objetivos de formación social, o a la comuna que puede tener conceptos y objetivos diferentes?

La comuna puede responder obedientemente al partido de gobierno y al régimen que ese partido representa. O actuar por su cuenta e intereses, los de cada miembro de esa comuna. El poder popular es un concepto político, una bandera, una trompeta social. Pero no siempre será una actitud obediente.

El concepto comunal lleva a la fractura en miles de pedacitos a lo que nunca debería fracturarse: el Estado.

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