El Editorial

La progresiva fragmentación de Venezuela

Desde que se impuso la revolución castrochavista en Venezuela, el país ha ido siendo entregado a la narcoguerrilla Colombiana, que ya impera a sus anchas en varios estados.

Ya sea en manos del ELN, o de las diversas facciones de las llamadas fuerzas disidentes de las FARC, el objetivo de ambas organizaciones guerrilleras es el mismo: el control de espacios territoriales donde se franquee el tránsito de la droga, cuyo destino final es EEUU o Europa.

Gran parte de lo que era la frontera entre Venezuela y Colombia ya está en sus manos, están en el Zulia, Tachira, Apure, Guárico y Amazonas .

Lo más vergonzoso ha sido la derrota de las FFAA en Apure, que culminó con su retiro pactado de vastas zonas de ese estado llanero.

En Altagracia de Orituco, en el estado Guarico, quien impone la ley y las vacunas es una banda criminal bajo el mando de un tal Malony quien se enfrentó victoriosamente en estos días con la Guardia Nacional, causando heridos y presuntamente muertes.

En la ciudad capital es de todos conocidos como bandas criminales tienen el control zonal de amplios sectores del Este y Oeste de la ciudad. No sería de extrañar que los miembros de esas organizaciones criminales ya hayan sido vacunados.

Si esto no es un Estado fallido es entonces algo aún peor, un Estado cómplice de organizaciones al margen de la ley.

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Un comentario

  1. Un Estado fallido no puede garantizar su propio funcionamiento o los servicios básicos a la población. Se caracteriza por su incapacidad para controlar el territorio, su falta de autoridad o su pérdida de presencia ante la comunidad internacional.
    La idea del Estado fallido ha estado vinculada a la economía política internacional. El problema de los Estados fallidos fue tomado en serio por los ocupantes coloniales. Incluso, los poderes coloniales europeos justificaban sus imperios, en parte, en la idea de que sus gobiernos terminarían los gobiernos salvajes y bárbaros de sus colonias. Países poderosos frecuentemente intervinieron en Estados más débiles y pobres, para evitar el desorden social que potencialmente amenazaba su seguridad e intereses comerciales.
    La crisis que atraviesa Venezuela ha dejado de ser un problema doméstico para dar paso a una preocupación regional con implicaciones globales. El deterioro del país ha desencadenado una de las crisis humanitarias más serias de la última década, con una migración forzosa que afecta a los países latinoamericanos de acogida. Las repercusiones políticas, sociales y económicas de esta crisis han llevado a los estados de la región más afectados por la ola de refugiados a promover soluciones negociadas.
    Por otra parte, la crisis doméstica en Venezuela continúa agudizándose con la pugna entre un Gobierno sin legitimidad y un interinato luchando por alcanzarla, en medio de renovadas fricciones entre los distintos actores que conforman la oposición. El deterioro de la economía es el telón de fondo de la profunda desintegración del tejido social de nuestro país donde una minoría con acceso a privilegios logra subsistir, mientras que la gran mayoría está condenada a padecer las consecuencias de la ineficiencia en el manejo del Gobierno y la negligencia en la distribución de bienes, a lo que se suma la persecución política, sin distinción entre inocentes y culpables.

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