El Editorial

La quema de libros, ejemplo de barbarie

En mayo de 1933, en Berlín, el centro alemán de estudiantes, organización afín al partido nacional socialista, promovió una quema de libros considerados por ellos como contrarios al nuevo espíritu alemán. Los libros que fueron incinerados eran todos los escritos por judíos, pacifistas, liberales, socialistas y comunistas. En pocas palabras, todo aquello que no fuese compatible con la ideología del nazismo.

Entre los libros que los estudiantes arrojaban a la pira con alegría estaban, por supuesto los de Marx y Engels, pero también los de Sigmund Freud, Einstein, Schnitzler, Eric Maria Remarque, Stefan Zweig, Kafka, Heine, Herman Hesse y otros tantos.

Una de las características de los regímenes de corte fascista es que aborrecen al pensamiento fruto de la era de la ilustración y desean crear un mundo nuevo basado en ideas simples que buscan convertir en universales. Por eso son básicamente conservadores rescatando la esencia de un nacionalismo primitivo. Todo lo que luzca como vanguardista, o liberal -en el sentido más amplio de la expresión- debe ser expurgado. En eso tienen mucho en común con el periodo oscuro de la inquisición.

Ahora vemos en Venezuela, como en la Universidad de Oriente, unos ágrafos decidieron hacer una pira arrojando cuanto libro tenían a su alcance. No sabemos si detrás de ese vandálico acto había alguna razón ideológica, aunque pareciera más probable que fuese más bien la justificación al para qué libros de papel, cuando todo lo que se necesita está en Internet. Lo cierto es que ese hecho, cualquiera que fuese la causa, deja mucho que decir de los que moran en esa alta casa de estudio.

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Un comentario

  1. El partido nazi quería controlar todos los ámbitos de la vida y, evidentemente, la cultura y el conocimiento era un obstáculo importante para lograr dicho objetivo. Desde aquel momento las obras de estos autores se consideraron representativas de la «decadencia moral» y del «bolchevismo cultural». El poeta Heinrich Heine había escrito años antes: «donde se queman libros, al final también se acaba quemando gente»

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