El Editorial

La tragedia peruana

Guerra avisada no mata soldado, dice el viejo refrán, pero en los pueblos en general, incluso en tiempos de guerra, los soldados son minoría y los civiles, aún avisándoles, no se preparan para guerra alguna. Le ha pasado a muchos, que los pueblos sean ciegos ante lo evidente, o que miren para otro lado para no ver lo obvio que asusta, les ha pasado a muchos.

Los cultos y sobrios alemanes, vieja historia, soñaron con el orden y el eterno y maldito complejo de la Gran Alemania pero no quisieron ver la barbarie ni la tiranía nazi, así como los alegres y creativos italianos soñaron irresponsablemente con el nebuloso imperio romano y las glorias del renacimiento sin calcular que el de veinte siglos atrás había sido un pueblo en guerra y el del siglo XX simplemente un pueblo con una monarquía incompetente.

Le pasa permanentemente a la Argentina empecinada en las falsedades pomposas de peronistas y militares como si Evita y Juan Domingo no hubieran muerto décadas atrás, y nos ha pasado constantemente a los venezolanos, ávidos repetitivos de prestar oídos a cualquier hablabonito que nos ofrezca arreglar los problemas que podríamos arreglar nosotros mismos –y no son sólo los pobres, todos.

Ahora les está pasando a los peruanos, hartos de ladrones y populistas, que divididos como nunca abren los brazos a otro hablador que hasta les advierte de qué mal los va a matar y a la heredera que les dice que no los matará de lo mismo, entre la tendencia a la dictadura con orden y la brutalidad de los fanáticos asesinos. Los peruanos no son Vargas Llosa como los venezolanos no hemos sido Gallegos ni Uslar Pietri, sino un pueblo trabajador de cuya ingenuidad se han aprovechado militares que fueron tiranos para tener aviones rusos y prometedores de oficio derrotados por sus codicias. Fujimori en Perú, como Pérez Jiménez en Venezuela, fueron hombres grandes enceguecidos por no entender cuando debieron que irse del poder es renovarse para volver a él, y que no es eterno, los pueblos hacen del bienestar recibido un todos los días y nunca entienden que los problemas de los pueblos lo son para ellos tanto como oportunidades para los prestidigitadores de la mentira.

Lo que está pasando en Perú es una clarísima lección de que o los pueblos cambian de forma de pensar, interpretar y ser, o se hunden. Y los peruanos, como los venezolanos hace 22 años están demostrando que no han cambiado.

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3 comentarios

  1. El Perú ha tenido una convivencia tensa con su diversidad. La ha negado por largo tiempo, generando situaciones de exclusión que nos cuesta superar. Sin embargo, en los últimos años un conjunto de medidas importantes buscan superar estas debilidades. Se combate el racismo, se promueve el enfoque intercultural en la gestión, se revaloran las lenguas, se protegen los derechos colectivos, se visibiliza lo que antes fue poco valorado.
    El hecho político fundamental que coincide con el predominio de la clase militar en los primeros años de la República de Perú, es el caudillaje. Fue un fenómeno americano, existió en todos los países del Continente, como consecuencia del enraizamiento por el predominio de casta, por la homogeneidad de sus elementos sociales, por sus condiciones geográficas y económicas.
    Entre el caudillismo y la democracia representativa en América Latina a principios del siglo XXI, se ha visto la reaparición de una serie de mandatarios democráticamente elegidos, que con el correr de sus gobiernos fueron reviviendo un viraje históricamente conocido por el continente; apoyados en principio por el éxito de sus gestiones, y con ello por una amplia base popular que los convierte en imprescindibles. Este cambio al que se hace referencia se denomina caudillismo. Esta reflexión debe centrarse en torno a la tensión permanente que existe en Latinoamérica entre el caudillismo y la democracia representativa, y en cómo ese modelo de gobierno personalista, y el desarrollo democrático particular latinoamericano se retroalimentan mutuamente para vivir en armonía.

    1. ***Pero los acontecimientos de Tierra Firme -nos dice Bolívar- “nos ha probado que las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales. Venezuela ha sido el más claro ejemplo de la ineficacia de la forma democrática y federal para nuestros nacientes estados….En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina.” Propone que se organice gobiernos paternales “que curen las llagas y las heridas del despotismo y la guerra.” (2) Está más inclinado a inspirarse en el modelo inglés.***
      “Bolivarismo Y Monroismo, Dos términos equívocos y una historia sesgada”
      Por Dr. Enrique Rosas Ledezma,
      Departamento De Historia, Universidad De Panamá

  2. Estuve en Perú hace un año, observé un poco a su gente y, conversé con muchas personas con ciertas experiencias, entre ellos a varios profesionales universitarios. Ellos están conscientes de la ruina del comunismo en Venezuela. Así como las marramuzas chanchulleras de Keiko. Ahora, la gran incógnita está en saber qué tanto asimilaron de la realidad venezolana? Es difícil para ellos quizás esa escogencia, pero, si fuera un venezolano, estoy seguro que escogería a Keiko y, no al comunismo

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