El Editorial

Los compromisos son para cumplirlos

Otro viaje del Presidente del cual sólo podría justificarse, más o menos, la visita a Brasilia, dados los nexos crecientes entre Brasil y Venezuela y por cortesía a la nueva Presidente Rouseff; aunque quizás en momento inoportuno por los problemas políticos que le está causando a la Presidente brasileña el escándalo que obligó a la renuncia, apenas salió Chávez hacia Ecuador, de un hombre clave de su gabinete y de su programa de gobierno.

Para acordar más inversiones brasileñas no hace falta volar tan lejos y con una rodilla adolorida. Tampoco saltar a horas de vuelo hasta un balneario a más de 900 kilómetros de Quito para hacer convenios de empresas mixtas con tecnología ecuatoriana, para acordar la importación de 14.000 vehículos de ese país cuando la amplia y experimentada industria automotriz venezolana está agonizante ni, mucho menos, para ponerse de acuerdo sobre otra refinería que cuesta –según las informaciones de prensa- más que la de Pernambuco que los brasileños ya están construyendo sin esperar por una Pdvsa que lleva meses sin poder aportar los US $ 4.000 millones que le corresponden en la sociedad y que todavía, siempre según la prensa, no sabe de dónde va a sacar.

Menos importante aún es el salto a La Habana, oficialmente sin más motivos que revisar las relaciones bilaterales. Periplo, como muchos de los del Presidente, que le generan fotos y notas en los medios, pero que, hasta ahora, es más lo que le cuestan al país entre dólares gastados y dólares dejados de ganar y sanciones, que los beneficios –para los 26 millones de venezolanos- que generan.

El Presidente debería tener muy en cuenta, a estas alturas, que los compromisos presidenciales son para ser cumplidos, pero como lo de la refinería brasileña, y tal como están las cosas también la ecuatoriana, terminan siendo compromisos no cumplidos. Problema éste que en Venezuela también le está produciendo dolores de cabeza, porque son más las ofertas hechas y después olvidadas o estropeadas por sus incompetentes funcionarios, que las que pueda mostrar como realmente cumplidas.

Si el Presidente quiere comprobar por dónde se le está escapando la fe de los venezolanos, incluso la de los que se aferran a una última esperanza, le basta con pedir que alguien serio y que tenga la ética de no mentirle, le cuente de lunes a viernes cuántas manifestaciones y movimientos de protesta y de reclamos se producen en todo el país, y sus razones.

Porque los pueblos tienen la peligrosa costumbre de no olvidar las promesas olvidadas de los mandatarios.

 

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