El Editorial

Ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario

Fue un chiste, una humorada a costa de Carlos Andrés Pérez, pero hoy se va convirtiendo en una realidad. Porque el Gobierno dice una cosa, la oposición responde con otra diferente y en el país sucede todo lo contrario a lo que ambos proclaman.

La comunidad, gobiernos y organismos internacionales entienden perfectamente que en Venezuela se ha venido aplicando el peor de los sistemas porque su gobierno miente sin pensar y ejecuta sin conocer, y la oposición política responde a las mentiras con abstracciones y se enfrenta a las ejecuciones sin propuestas eficientes y concretas en la mano.

El resultado son estos veinte años de alzamientos, protestas, descabezamiento de los grupos de profesionales y técnicos y finalmente éxodo masivo de venezolanos de todos los sectores, oficios y niveles. El país no está mal, va de mal en peor, porque su guía ha sido uno de los regímenes más ineficientes, el castrismo cubano.

Por eso dialogar a estas alturas exige mucho más que sólo tentarse unos a otros a ver qué sacan dando lo menos posible. Dialogar es intercambiar con inteligencia para un objetivo común, que es recoger al país del suelo y volver a coser las hilachas. Tenemos partidos tradicionales incapaces de innovar, y partidos nuevos incapaces de comprender las tradiciones. Así, entre ellos, dialogar no es más que esgrima de sordos y miopes sin lentes.

El problema y la solución no son Rodríguez Zapatero, sino un diálogo real, inteligente, perceptivo, entre dos grupos con un objetivo común: rescatar y relanzar eficientemente a un país en ruinas.

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