El Editorial

No transformemos la tragedia en comedia

Se sabe que el origen del teatro, tal y como lo conocemos, se remonta a la antigua tragedia griega, que según dicen los entendidos, se basaba en rituales para apaciguar a los dioses. A través de los años, el desarrollo de la interpretación de una ficción para entretener a la gente fue separándose de lo trágico o dramático para compensar la tragedia por algo más ameno para el público y se convirtió en comedia.

En nuestro país, los gobernantes fabrican comedias para ocultar la tragedia que vivimos, e intentan con nosotros aquello que los romanos perfeccionaron: pan y circo. El problema es que la harina para el pan está por agotarse y las arepas se han convertido en un lujo.

Lo preocupante, en estos momentos, es que lo que fue un aspecto jovial y característico del pueblo venezolano de tomar todo, lo bueno y lo malo, a chanza, ya no es útil para enfrentar seriamente a la dictadura y sus desplantes tragicómicos.

Ya no sirve de nada la burla contra la maniobra de algunos pseudoopositores que se prestan, por las razones que tengan, a tenderle la cama a un régimen agónico que está conduciendo al país a la paralización total de la actividad económica, con todas las consecuencias que ello trae consigue.

No es hora de risas, sino de apretar el rostro y decir de una buena vez, al unísono,  ¡¡basta!! . Si, basta de indiferencia, de esperar que alguien nos resuelva la vida. Es hora de enseriarse y de luchar unidos contra la tragicomedia que quieren imponernos y hacer todo lo que esté en nuestras manos para desmantelar la farsa y ponernos a construir un futuro real, no otra ficción más.

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Un comentario

  1. La tragedia va unida inseparablemente a la comedia. En la actualidad la tragedia en la vida contemporánea sigue siendo válida por la posición romántica según la cual las tragedias provienen de terribles errores que asumió el golpista.
    En nuestro país la tragedia se presentó inevitablemente desde el golpe de Estado de Chávez contra Carlos Andrés Pérez. Se le dio al golpe el tinte de la comedia porque es sabido que el pueblo canta aunque no haya motivo. Ya estaba prevista la tragedia y fue una aparición que vaticinaba la destrucción sin remedio.
    George Steiner lo expresó en su libro: La muerte de la tragedia, y quiso significar que toda concepción realista del teatro trágico debe tener como punto de partida el hecho de la catástrofe.
    Ahora tenemos esperanza y certeza en que la función teatral de la dictadura cierre el telón de la tragedia.

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