El Editorial

¿ Otra vez tropezar con la misma piedra?

Dice el dicho popular que el hombre es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra. En Venezuela esa verdad parece aplicarse a algunos integrantes de la oposición al régimen de Chávez. En vez de capitalizar los momentos de debilidad del régimen, lo que hacen es, insistir en su vieja e inefectiva prédica de que existe una fórmula mágica para salir de Chávez. Esta fórmula cambia de expresión, pero en el fondo es siempre la misma, es la materialización de un inmediatismo sin base lleno de rabia y de esperanza a la vez.

Chávez tiene que abandonar el poder con base en el Art. 350 de la constitución o mediante el repudio general de la población expresado entre otras manifestaciones por la abstención. Lamentablemente deseos no preñan y Chávez no será vencido con esa medicina. Sin embargo ha quedado demostrado que la única manera de lograr eventualmente vencer a Chávez es mediante una estrategia clara de acción política llevada a cabo por un liderazgo real. La unidad de la oposición no es una metáfora, es una necesidad. Pero la unidad debe partir de la base de que en toda lucha es necesario enfrentar al adversario con unidad de criterio y sobre todo de mando.

El terreno en que se pueden enfrentar las fuerzas contrapuestas está definido y no es otro que las elecciones presidenciales de diciembre. Que hoy en día las condiciones no luzcan favorables para dar la batalla electoral, por las razones de todos conocidas, no quiere decir que no deba hacerse todo lo humana y políticamente posible para librar la batalla en ese terreno. Las otras opciones parecieran conducir a más de lo mismo, es decir , ilusión de un cambio producto de circunstancias desconocidas y no comprobables de antemano.

El chavismo, bien se sabe es una amalgama difícil de definir, salvo en su obsecuencia a su máximo líder. Sin embargo tiene a su favor, no sólo el control de todas las instituciones del estado e ingentes recursos financieros, sino sobre todo unidad de mando y de propósito. Mientras que la oposición anda como en la pieza de Pirandello en busca de un autor que le defina el guión y de actores que asuman el rol principal.

Recientemente ha habido propuestas serias para definir las líneas de acción y los mecanismos para seleccionar a quien pueda ser el que asegure la unidad de propósito y de mando. Sin embargo, siguen prevaleciendo las voces que sostienen que si todo no se cambia de raíz no vale la pena luchar en el terreno electoral. Ahora nos preguntamos ¿ Cómo se va a cambiar de raíz el sistema electoral sin unidad de mando? ¿ Cómo se van a sumar fuerzas sin criterios claros de aceptación general?. Hemos leído y escuchado que si no se cambian las reglas del juego electoral no vale la pena ir al combate por esa vía. ¿ Preguntamos entonces ¿cual es el camino a seguir? Las marchas, las huelgas, las cacerolas, la abstención, no lograron , por si solas, modificar el status quo ¿ Por qué será eso distinto hoy?. ¿Acaso las circunstancias históricas señalan que ahora si funcionarían?. Sin unidad de mando y de criterio serán ciertamente más de lo mismo. Es hora de legitimar liderazgos reales y diseñar alternativas políticas viables y creíbles que le señalen al país y al mundo que si hay en Venezuela alternativas democráticas para dar al traste con el caos, la ineficiencia y la corrupción y que si se puede gobernar en beneficio de todos. La lucha no es entre nosotros sino a favor de una manera distinta de manejar el destino del país. Basta de personalismo, basta de diletantismo e improvisación, es hora de trabajar en serio y unidos para construir una alternativa.

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