El Editorial

Pandemias y gasolina

El mundo entero atraviesa por una situación de miedo e incertidumbre generada, por una parte, por el exponencial crecimiento de los contagios del COVID-19 y su estela de fallecimientos y, por la otra, por el temor a que una vez terminada la pandemia las secuelas económicas pudieran alterar las condiciones de vida en muchas naciones.

No es la primera pandemia que conoce la humanidad, pero sí es la primera vez que los medios de comunicación, al unísono, han creado una alarma generalizada, útil para difundir las medidas de contención del mal, pero que provocan un pánico colectivo.

La historia está llena de eventos que en el pasado sembraron muerte y destrucción. En el Siglo XIV la Peste Negra arrasó con no menos de 25 millones de personas sólo en Europa. Vino de Asia se extendió por el continente matando a más de un tercio de su población.

Eventos similares, aunque no de igual magnitud en cuanto al porcentaje de la población total afectada, se han venido repitiendo. Quizá el más dramático de los últimos tiempos fue la llamada Gripe Española. Estalló en 1918, en medio de la Primera Guerra Mundial. Se trataba de un virus de influenza A del tipo H1N1 que se estima infectó a no menos de 500 millones de personas en todo el mundo y provocó la muerte de un número que pudiese oscilar entre 20 y 40 millones de personas, fundamentalmente jóvenes.

En 1957 estalló la pandemia del virus H2N2, variante de la influenza aviar, que vino de Asia y se estima provocó al menos 1.100.000 muertes a nivel mundial. En 1968 el virus H3N2, también de origen aviar, causó en todo el mundo más de un millón de muertes. En el 2009 la Gripe Porcina H101/09 contagió al 21% de la población mundial pero con una baja tasa de mortalidad que dejó tras si entre 150.000 y 575.000 fallecidos.

Hay que agradecer que a pesar del crecimiento exponencial del contagio del COVID-19, la inmensa mayoría de los infectados sólo experimentan síntomas leves. El virus se ensaña sin embargo en las poblaciones añosas haciendo estragos en ellas.

Aún no conocemos las secuelas económicas que dejará la actual pandemia. El sufrimiento humano derivado de la recesión de la economía podría llegar a ser devastador. Por eso los gobiernos del mundo se están apresurando a recurrir a medidas de corte keynesiano para paliar la gravedad del problema. Sólo por lo que respecta a EEUU se aprobaron 2,2 trillones de dólares (anglosajones) de auxilios, a lo cual viene a sumarse la propuesta de una suma de orden similar para emprender obras de infraestructura que permitan atenuar la gravedad de la situación.

Por lo que respecta a Venezuela el virus ataca en un momento de alta incertidumbre política, en medio de la más severa crisis económica de nuestra historia, agravada por el colapso de los servicios públicos, sanitarios y muy particularmente de agua, electricidad y la escasez sin precedentes de gasolina y diésel. Informan fuentes creíbles que las refinerías de Amuay y Cardón detuvieron sus operaciones. Las plantas para producir aditivos no funcionan. Todas las refinerías están paradas. Ya no se produce gasolina y la salida de Rosneft, además de las acusaciones recientes que conocemos hacen más difícil su compra en el exterior.

La pandemia y la cuarentena disminuyen considerablemente el consumo de gasolina. De no ser por esos dos eventos el país estuviera sufriendo en mucho mayor grado las consecuencias de la escasez.

No lucen los responsables de la crisis los líderes adecuados para manejarla. El país, con urgencia, necesita un cambio. Se presenta la oportunidad de lograr ese cambio, pero los llamados a aceptarlo se niegan por ahora.

José Toro Hardy, Editor adjunto de Analítica

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Un comentario

  1. Preguntemos de entrada una sola cosa : ¿ Estaríamos tan postrados en todos los ordenes de nuestra vida colectiva si hubiésemos ahorrado aunque fuese el 30% de nuestros fabulosos ingresos, de 20 años atrás ?. No lo hicimos y por el contrario, pedimos prestado mucho más. Chávez, nacido para mandar pero no para administrar, enloqueció. Creyó podía emular alguna imaginaria epopeya y solo logró que infinitud de parásitos vinieran al festín de nuestros petrodolares: «luz para la calle y oscuridad para la casa» hasta el sol de hoy. Su legado : enfermedad, hambre, pobreza y mucha miseria, y de ñapa, una pandemia feroz que nos mata afuera y ahora adentro del país. Pareciera que nuestro destino es perecer y desaparecer, pero no será así. Creemos que nos levantaremos aunque el precio será muy alto, sobreviviremos.

    Hoy en el Zulia la GNB en sus camiones llamados «perreras», improvisaron alcabalas, y todo ciudadano con un bulto demás de cualquier producto alimenticio se lo robaban descaradamente. Después de las dos de la tarde, carro en la calle sin un permiso que, no se sabe quien lo extiende ni donde se solicita será enviado a algún sitio desconocido y seguramente desvalijado. La contra: ¡Bajarse de la mula y aquí no ha pasado nada !. Es claro que se avecina una grave escasez de alimentos, medicinas y se está tratando de adelantarse a los acontecimientos. Gasolina no hay ni una gota. Hasta la fuerza pública se auto roba y la vende al público en dólares, y ya se ven discusiones violentas entre guardias nacionales y los de CICPC por el control de los pocos centros de acopio. Eso se llama indisciplina y anarquía. En Ecuador la gente muere y la tiran en la calle – han perecido algunos venezolanos -, no hay donde enterrarlos y los amigos y familiares los bañan en gasolina y los queman. Es eso o se extiende la pandemia. Nosotros podemos llegar a esos extremos y debemos mentalizarnos al respecto. Y es verdad, aquí no llegan aviones ni hay combustible y eso ha frenado la «peste» de momento.

    Queremos un cambio de gobernantes y de modelo económico, será a nuestra manera, nada pacífico. Y, también para eso, debemos estar preparados pues el tiempo ya pasó y vamos en cuenta regresiva.

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