El Editorial

¿Por qué hay que votar en diciembre?

En el país actualmente se puede constatar que la disposición a participar en las elecciones del 3 de diciembre está dividida en tres grandes grupos. El primero lo representa los que están a favor de la reelección de Chávez, el segundo los que están dispuestos a votar por un candidato opositor y el tercero es el de los que no piensa votar. Si tomamos en cuenta lo sucedido en elecciones anteriores, observamos que esos tres bloques representan porcentajes similares, siendo tal vez el mayor el último, es decir el de los abstencionistas. Esto quiere decir que, si este grupo participase, inclinaría definitivamente la balanza hacia una de las dos opciones, la continuidad del gobierno actual o el cambio.

El grupo de los que se abstendrían no es homogéneo. Hay una parte del mismo que podríamos denominar de abstencionistas “crónicos”, es decir, aquel grupo de personas que considera que no vale la pena perder su tiempo haciendo colas por algo que en fin de cuentas no les concierne. Un segundo segmento está constituido por aquellos a los que no les gusta ni el gobierno ni la oposición y por lo tanto prefieren no votar. Otro segmento está representado por personas que aborrecen al régimen actual pero que no piensan participar en un proceso electoral que consideran amañado. Y por último, hay también partidarios de Chávez que no piensan votar porque están desencantados por las promesas incumplidas, pero que difícilmente votarían por la oposición.

Cómo definitivamente es esa porción de los electores venezolanos la que tiene la llave del futuro ¿qué se debería hacer para motivarlos a participar en la elecciones? En primer lugar, entender la diversidad de razones por las cuales no participan. Luego dirigirse a cada uno de esos sectores con un mensaje convincente sobre las consecuencias de su actitud, no para favorecer o desfavorecer a un candidato, sino el efecto que pueda producir sobre ellos mismos. La omisión no impide que se imponga una solución. Sea cual fuere la alternativa que se establezca, no hay manera de considerarla neutra para los que no participen.

A los que no participan nunca en una elección, los abstencionistas “crónicos”, habría que hacerles entender que si les concierne en esta ocasión el proceso electoral. El no participar puede traerles consecuencias negativas. Lo que está en juego no es el caso típico de “quítate tu para ponerme yo”, sino una decisión que puede alterar el rumbo del país de manera fundamental. Las consecuencias a nivel personal de una sociedad con un partido único y una ideología totalitaria son muy diferentes a la de una sociedad abierta con participación plural. No es lo mismo vivir en Cuba que en España o en Brasil.

A los que no les gusta el gobierno ni tampoco la oposición habría que señalarles que el no tomar partido no significa que la situación que surja de las elecciones les será más favorable, por el contrario, la indiferencia no produce mejores resultados ya que impide que una corriente de pensamiento crítico ayude a elevar el nivel de conciencia política.

A los adversarios del gobierno que han decidido no participar porque no están dadas las condiciones de transparencia necesaria para que el voto tenga sentido, cabe preguntarles si absteniéndose lograrán algún día que las condiciones cambien, o no será más bien que estas pueden empezar a derrumbarse solamente si existe un sólido y unificado movimiento de oposición presente en las calles de todo el país.

Por último, a los desencantados del chavismo que creen que los incumplimientos de las promesas son culpa de los que rodean a Chávez y no del comandante, cabe preguntarles si no creen que en 8 años de gobierno ya no sería hora de que Chávez se hubiese dado cuenta de que su gobierno no funciona, entonces, ¿es solo culpa de los colaboradores o de quién los escoge y dirige?

Sea lo que sea, ya bien sí se desea que el país vaya hacia el socialismo del Siglo XXI, o se desee una sociedad diferente en la que todos puedan participar libremente, hay que votar para ser consecuente con los deseos que todos tenemos de querer vivir en un mejor país.

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