El Editorial

¿Por qué seguimos persiguiéndonos la cola?

Se sabe que la vida no es lineal, que está llena de sobresaltos y de hechos imprevistos, pero lo curioso es la tendencia marcada de repetir patrones preestablecidos que se sabe, de antemano, son circulares. Es decir, que arrancan de un mismo punto y van girando en el tiempo y en el espacio hasta volver al punto inicial.

En nuestro país hay una actitud constante a través de los pocos siglos de nuestra existencia como República independiente. Desde los tiempos de nuestra independencia hemos caído una y otra vez en la misma tendencia, que no es otra que la de criticar, contrariar y tratar de demoler al que, por las razones que fueran, ocupe circunstancialmente el poder.

Páez contra Bolívar, Antonio Leocadio Guzmán contra Páez, y así transitamos gran parte del siglo XIX. Y por eso perdimos gran parte de nuestro territorio con Colombia y con la entonces Guyana Inglesa.

Pasamos entonces a la época de los caudillos. Luego vino la de los golpes de Estado, ya que algunos se encontraban descontentos con la lentitud del proceso democratizador. Y llegamos a 1958, cuando se instala lo que, con sus aciertos y limitaciones, se denomina y con razón, la era democrática de Venezuela en la que se intenta establecer un estado de derecho, una alternancia en el poder y lo más importante la elaboración de una Constitución, la de 1961, que aunque parezca increíble, fue producto del consenso de todas las fuerzas políticas de la época.

Pero volvió la discordia y los partidos políticos se dividieron, la insurrección militar volvió a aparecer y gracias a ella, unos años después, Hugo Chávez se hizo del poder y dejamos atrás nuestra democracia.

El resto de la historia es conocido. Son 21 años de caos, de destrucción y de confusión, de intentos de imponer una difusa ideología que en realidad es un menjurje de marxismo con castrismo, con populismo y hasta con corporativismo fascista.

¿Ahora dónde estamos en nuestra inveterada circularidad? Sabemos que la dictadura en el poder no sólo es corrupta e ineficaz y que ha reducido a nuestro país a condición parecidas a las de Haití y a la de algunas naciones fallidas en África y, sin embargo, en vez de ponernos de acuerdo en cómo unirnos para enfrentarla, seguimos con nuestra inveterada tendencia a criticar, oponer, e intentar deponer, a quien las circunstancias colocaron en la posición de ser el porta estandarte de la lucha para tratar de reinstalar la democracia en Venezuela.

Mientras no rompamos este círculo virtual, y no nos decidamos a ir de frente contra la dictadura, seguiremos dando vueltas en redondo y el status quo seguirá imperando.

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Un comentario

  1. Jorge Luís Borges escribió un cuento titulado “Las ruínas circulares”. El tema central del cuento es el de los sueños, y se tiene un personaje central con un propósito sobrenatural: Quería soñar a un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. A partir de una acción principal que es la de soñar, se dan las características del protagonista como un ser mágico. Éste llega a las ruinas abandonadas del templo circular donde descubre su misión, crear a un individuo mediante sus sueños. En un inicio el soñador, que es el personaje principal, se sueña en el centro del anfiteatro rodeado de estudiantes a los que les enseña anatomía, cosmografía y magia. Reconoce su fracaso y decide buscar otros métodos. Descansa, se purifica y adora a los dioses. Es así como puede volver a dormir y soñar. Dicho procedimiento hace que el misticismo que caracteriza a la historia cobre más fuerza puesto que se trata de cuestiones metafísicas.
    Lo que ha ocurrido en nuestro país no es exclusivo. Borges se definía a sí mismo como un «anarquista spenceriano» que no creía en el Estado sino en el individuo. Tanto en su obra, como en las entrevistas que ofreció, dejó en evidencia su pensamiento político, un hecho que despertó la reacción en el poder.

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