El Editorial

Porqué no podemos resolver

En Venezuela muchos sienten algo equivalente a resignación o impotencia frente al evidente desastre que ha ocasionado el llamado Socialismo del Siglo XXI.

Esa sensación se agrava cuando comprueban la capacidad del pueblo ucraniano para rechazar que les impongan un modelo totalitario corrupto, y lo hacen poniendo en riesgo su propia vida.

Aquí lo usual es referirse a las protestas y marchas de hace ya algunos años y recordar el saldo de muertes que estas dejaron, que ciertamente fueron lamentables, deplorables y condenables.

Pero lo mismo ocurrió en 2004-2005 en Ucrania con la llamada revolución naranja, que culminó con la huida del presidente pro ruso, Viktor Yanukovich. En ese momento hubo también muchas muertes producidas por la represión del Estado.

¿Cuál es la diferencia con nosotros? en primer lugar, la unidad de todos los ucranianos nacionalistas y demócratas para enfrentar al régimen, en segundo lugar, la persistencia en el tiempo y, por último, no rendirse ante la represión a pesar de estar arriesgando la vida.

Es cierto que aquí hubo mucha valentía y sacrificios personales, pero no contamos con la unidad necesaria para enfrentar a la dictadura. Las protestas callejeras terminaron por acomodos de algunos políticos y empresarios con el régimen, además de desilusión y desencanto por parte de los valientes que expusieron su vida, mientras que la dirigencia política se ocupaba más de ver quién prevalecía, en vez de impulsar de manera inteligente el rechazo.

Hoy, con muchos de ellos ya fuera del país, los que aquí se quedaron están desconcertados y ven con resignación los últimos acontecimientos, sin saber interpretar qué fue lo que en realidad ocurrió con el encuentro de los estadounidenses con Maduro y los hermanos Rodríguez.

La única respuesta que nos sacudirá la modorra es la unidad en el esfuerzo de salvar a Venezuela. Un intento de unir por la base a todos, sin privilegiar los intereses sectarios y oportunistas de nuestros partidos políticos.

Sociedad civil, partidos políticos renovados y cada uno de nosotros individualmente debemos luchar por recuperar la institucionalidad democrática perdida y plantear, de manera unitaria, soluciones a todos los graves problemas que ha causado el mal llamado Socialismo del Siglo XXI, que en realidad no ha sido otra cosa que una cleptocracia dramáticamente incapaz e ineficiente.

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