El Editorial

¿Qué más esperamos ?

Pareciera que se cierne sobre nuestras cabezas una nube negra que nos impide ver el futuro y nos lleva a ver el presente como un continuo mal sin interrupciones.

Es verdad que resulta cada día más difícil ver un horizonte claro, sobre todo cuando algunos sectores de la sociedad quieren buscar acomodos parciales con un régimen que les ofrece algunos pequeños beneficios puntuales, pero que no esconde su intención inveterada de profundizar la supuesta revolución bonita.

¿Qué creen ustedes que hay detrás de la decisión de la Asamblea Nacional írrita cuando decidió el sábado pasado derogar la Ley de Períodos Constitucional y legales de los poderes públicos? Pues con ello solo busca abrir el campo para una megaelección de todos los poderes públicos, salvo como es de suponer, la Presidencia de la República.

Es obvia la jugada de ofrecerle a los opositores ingenuos un apetitoso espacio para que los militantes de los partidos políticos crean que van a ganar alcaldías, gobernaciones, asambleas legislativas, consejos municipales, en fin, muchos cargos públicos remunerados, y se olviden, momentáneamente, de la discusión que tiene lugar en la misma AN írrita, de la puesta en marcha y posible convocatoria a la elección de las comunas.

El régimen, que todo lo controla y no da puntada sin dedal, pretende disfrazarse de demócrata convocando elecciones que se sabe no va a perder, ya que controla y maneja a su leal saber y entender las máquinas electorales, a parte de todo lo que se sabe que usa y desusa a su antojo como la hegemonía comunicacional, la represión, los sobornos, las detenciones arbitrarias de los disidentes, y sobre todo, la ambición desmedida de algunos políticos que están dispuestos dispuestos a vender su alma para y que ocupar un espacio.

Solo vale la pena ver, a pesar de la bruma que nos ciega, qué sucedió el 6D del año pasado, dijeron y muchos lo compraron, que había votado 30% del patrón electoral, cuando la realidad, por demás visible, fue que no participó ni siquiera el 10% y ¿qué obtuvieron los alacranes en la irrita AN?

¿Vamos a dejarnos llevar de nuevo por el canto de sirenas y por la nube de desesperación que nos envuelve, o nos unimos de una buena vez en el propósito de exigir elecciones libres y supervisadas de todos los poderes públicos, incluso el presidencial?

Para que eso ocurra debemos luchar junto a nuestros aliados internacionales y forzar una negociación integral que despeje la nube negra y permita ver un horizonte claro y democrático.

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Un comentario

  1. El fraude puede adoptar una amplia gama de formas, desde las violaciones de procedimiento a la ley electoral hasta el abierto uso de la violencia en contra de los votantes. Aun cuando la manipulación del voto es parte integral de la competencia electoral, rara vez desempeña un papel decisivo. En todo caso, el fraude debilita la estabilidad política, ya que puede ser crucial cuando se trata de una contienda muy reñida. La fabricación de votos se incrementa con la desigualdad, pero la competencia, moldeada en parte por las instituciones, determina las estrategias de los partidos en cuanto al fraude electoral se refiere.
    Hay fraude cuando se viola la ley. De hecho, los partidos hacen lo indecible por actuar en la oscuridad, antes o durante los comicios, precisamente porque están obrando mal. Se aprovechan de la maquinaria legal del proceso electoral para robarse una elección que no creen ser capaces de ganar limpiamente.

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