El Editorial

Quítate tú, pa’ ponerme yo

Lamentablemente esa es la principal motivación de gran parte de los líderes políticos opositores. Aunque no lo digan de manera expresa, les molesta enormemente que, por las razones que sean, los EEUU y gran parte de la comunidad internacional que promueve un cambio para nuestro país, decidió respaldar a la figura de Juan Guaidó como el elemento clave en la conducción de la acción destinada a generar una transición política en Venezuela.

Pudo haber sido cualquier otro, pero las circunstancias favorecieron a Guaidó por haber sido, en el momento preciso, el presidente de la Asamblea Nacional legítima, y como tal, el presidente encargado de la República, frente al fraude constitucional cometido por Nicolás Maduro.

Y como tal ha actuado. Con las limitaciones que le impone un gobierno de facto que usa indiscriminadamente la violencia como forma de represión y mecanismo para mantenerse ilegítimamente en el poder, apresar a quien le incomoda, inhabilitar políticamente a partidos y políticos, silenciar a los medios de comunicación y comprar voluntades, a través de una corrupción generalizada.

Pero los líderes políticos que no son reconocidos como tal por la comunidad internacional, y quizás tampoco por la población en general, usan los medios de comunicación disponibles, por lo general las redes sociales, para atacar directa o indirectamente a Guaidó, en vez de centrarse en Maduro. Y la razón es que resulta más facil achacarle a Guaidó todos los males y, en última instancia, la permanencia de Maduro en el poder, que enfrentarlo, desafiarlo y proponer vías realistas para sacarlo de una vez.

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Un comentario

  1. La política no es una ciencia exacta. Un examen del concepto de autoridad exigiría necesariamente profundizar en su parentesco y en su presunta relación con el concepto de poder; teniendo en cuenta que con frecuencia ambos términos parecen fundirse y confundirse tanto en la esfera del lenguaje común como en la del pensamiento. Una ley da «poder» a un ministro para hacer esto o aquello, cuando queremos decir que le está dando autoridad. Del mismo modo, hablamos de actuar más allá de «los poderes legales», o de actuar cuando la palabra «autoridad» hubiese expresado de un modo más claro lo que queremos decir.
    En cualquier situación política normal y en todas las instituciones estatales, el poder y la autoridad coexisten y se apoyan el uno al otro, y entre ambos condicionan la conducta de los ciudadanos. Sin embargo, la postura contraria, la que apuesta por el binomio poder-autoridad, ha sido también defendida por otros tantos filósofos, que mantienen que debe existir una clara diferenciación entre ambos conceptos y no la conjunción y la mezcla que parece caracterizar la relación entre ambas nociones en la vida política.
    Tenemos un gobierno de facto que todo el mundo conoce como tal, y sin embargo apreciamos que muchos países admiten que el usurpador imponga con la fuerza el ejercicio del cargo que pretende tener validez.

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