El Editorial

Refinerías en Venezuela

La empresa pionera de la refinación en nuestro país fue la Petrolia del Táchira de los Pulido, que en 1882 erigió en Rubio, en la Hacienda La Alquitrana, un alambique que llegó a producir 15 barriles diarios de querosén.

En las décadas siguientes, a partir de 1913, nació en Venezuela una poderosa industria petrolera que vino a cambiarlo todo. Sin embargo, en los años en que gobernó Juan Vicente Gómez, temeroso de las concentraciones de obreros, no permitió la instalación de grandes refinerías. A su muerte se desarrollaron con fuerza.

A partir de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, en 1943, se promueve la actividad refinadora. Se estableció que al vencimiento de las concesiones, en 1983, todos los activos revertirían a la Nación.

Los resultados logrados en las décadas siguientes fueron extraordinarios. Sin embargo, ya desde 1959 Pérez Alfonzo advertía que las concesiones no serían renovadas a su vencimiento, lo cual frenó las inversiones.

En 1975 se nacionaliza la industria petrolera y el primer objetivo de PDVSA fue adecuar los patrones de refinación.

Al instalarse la revolución en el poder, en 1999, el parque refinador de Venezuela lo conformaban las siguientes refinerías:

  • Amuay, inaugurada en 1950, con una capacidad instalada de 670.000 barriles diarios.
    Cardón, inaugurada en 1949, con una capacidad de 305.000 b/d
    Bajo Grande, construida en 1956, que llegó a tener una capacidad superior a los 50.000 b/d, aunque después se redujo.
    En conjunto Amuay, Cardón y Bajo Grande conformaron el Complejo Refinador de Paraguaná, con una capacidad instalada de 955.000 b/d y que llegó a ser el más grande del mundo.
    El Palito, inaugurada en 1960, con una capacidad de 140.000 b/d
    Puerto La Cruz, inaugurada en 1950, con una capacidad instalada de 200.000 b/d
    San Roque.

Nuestras refinerías contaban con la más avanzada tecnología y fueron dotadas de procesos de conversión profunda capaces de convertir nuestros crudos ácidos y de mala calidad, maximizando el valor de sus derivados.

En el año 2002-2003 el régimen cometió el crimen de despedir 20.000 trabajadores de la industria que acumulaban 300.000 años de experiencia y conocimiento. Acabaron con la meritocracia y la industria petrolera comenzó a decaer fuertemente y sus instalaciones a degradarse por falta de mantenimiento, lo cual condujo a una ola de accidentes de todo tipo entre los cuales destacan los siguientes, según recuento del ing. Aliomar Bracho:

Explosión en la refinería de Amuay en el año 2012, con un saldo de 55 muertos y 156 heridos. A partir de ese momento no cesaron de producirse accidentes e incendios en los años 2013, 2017, 2018 y 2019 que afectaron todas sus instalaciones. En enero del 2020 se paralizó definitivamente.
Incendio y explosiones en la refinería de Cardón en el año 2013 y nuevamente en el 2017 al intentar reiniciar actividades. En el 2020 Cardón se paraliza definitivamente.
Incendios en la Refinería El Palito en los años 2012 y 2017. La refinería se paraliza en el 2017.
Incendio y fallas constantes de todo tipo a partir del año 2012 en la refinería de Bajo Grande. En el 2017 cesan sus operaciones.
En la refinería de Puerto La Cruz se produjo un incendio en el año 2013. Nunca se pudo recuperar y está paralizada desde el año 2016.

Actualmente cerraron las operaciones en todas nuestras refinerías, aunque están tratando de reactivar El Palito. Al no contar con los repuestos, están sacando piezas y canibalizando otras refinerías. Se trata de instalaciones delicadas que no deben ser reparadas con parches ni remiendos a riesgo de posteriores incidentes. No cuentan tampoco con los aditivos que antes producían nuestras propias refinerías. Ellos son indispensables para procesar la gasolina cruda y transformarla en gasolina de 91 y 95 octanos.

Gracias al populismo, la incompetencia y la corrupción nuestra industria petrolera está arrasada. No funcionan las refinerías y los venezolanos no tenemos gasolina. Se trata de un proceso de destrucción masiva e irracional que se inicia a partir del 2002. Todo esto sucedió mucho antes de las sanciones.

José Toro Hardy, editor adjunto Analítica

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2 comentarios

  1. Es impresionante la decadencia del país y el de su industria petrolera en tan poco tiempo. Especialmente, cuando se trata de una decadencia »inducida» o provocada bajo la égida de un gobierno »socialista y revolucionario» que, en verdad nunca fue tal, y sí con muy mucho de improvisación con manejo más político que, de la Alta Gerencia, propia de empresas de esta magnitud e importancia, como modernamente hoy se entiende ese negocio a nivel mundial. Lo de las refinerías solo se entiende cuando la producción así lo amerita, más sin producción, las refinerías parecerían como un gasto innecesario, y que decir del valor del producto final, cuando prácticamente es igual a cero. Coyunturalmente, parecería que el negocio sería comprar millones de galones facturados en centavos de dólar, más en nuestro caso, ni siquiera habría un lugar donde almacenarlos, pues nuestro inconveniente es no poder venderlos dadas las restricciones al respecto. Lo cierto es que, habrá que esperar por la atenuación del coronavirus y su impacto en el mercado petrolero mundial, y en nuestro caso particular, el que se defina la situación política que, por cierto, está a la espera de una potencial renuncia del presidente Maduro, y el destino final de sus colaboradores más inmediatos. Y es que, el artículo del profesor Toro Hardy, es más que explicativo para poder entender, donde y por qué, se inició nuestra decadencia y porque no nos hemos podido recuperar. EN CONCLUSIÓN : QUE EL CAMBIO ES PARA NOSOTROS, NECESARIO E INEVITABLE.

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