El Editorial

Retos del Siglo XXI

Al concluir la II Guerra Mundial un nuevo conflicto de naturaleza diferente estalló en el mundo. Dos sistemas se enfrentaron entre sí. Por un lado el comunismo encabezado por la URSS y por el otro el capitalismo a la cabeza del cual estaba EEUU.

El tiempo se encargaría de dar su veredicto. Donde se le permitió a los ciudadanos cultivar libremente sus iniciativas, el nivel de vida de la sociedad mejoró notablemente. En cambio, donde el Estado coartó las libertades individuales para favorecer un supuesto bienestar colectivo, el desarrollo se estancó y el resultado fue la implantación de estados policiales.

Finalmente uno de los dos sistemas demostró su superioridad sobre el otro. Así entre 1989 y 1992 cae el Muro de Berlín, se derrumba la cortina de hierro y, durante el llamado “otoño de las naciones” en 1989, en sólo un trimestre los países de la órbita soviética abandonan el comunismo. Finalmente lo mismo ocurrió en 1991 en la URSS, que se desintegró en 15 naciones diferentes.

“Es el fin de la historia”, proclamó Francis Fukuyama.

Pero ahora, una variante de la “guerra fría” está estallando. Ya no tiene el contenido ideológico de la anterior. Se trata de una lucha por la supremacía económica y las armas más terribles son de carácter tecnológico. Los hackers son los soldados más formidables y, mediante el uso de la web, son capaces bien de robar valiosos secretos industriales o militares del adversario o bien de atacar sus sistemas productivos hasta infligir severo daño económico y político.

El año 2021 se inicia con un campo de batalla donde los objetivos estratégicos están claramente delineados. Geopolíticamente los bandos están desplegados de manera algo diferente.

Los principales adversarios son ahora EEUU y China. Rusia se mantiene en el tablero no tanto por su fortaleza económica, hoy menguada, sino porque conserva pocos escrúpulos y un poderoso armamento atómico que le sirve de argumento.

Irán ha ingresado en la contienda blandiendo la espada del islam y la Unión Europa, aún temerosa de las garras del oso ruso, se trata de defender en dos frentes diferentes: en el primer frente recurre a la OTAN para proteger sus fronteras de las ambiciones de la Rusia de Putin, en tanto que internamente se bate con un adversario que a lo largo de los últimos 1.300 años lo ha amenazado: la penetración islámica.

Hacia el año 711 de nuestra era se inicia la conquista musulmana de la península ibérica. Alcanzados allí sus objetivos tratan de pasar a Francia donde sus ejércitos son derrotados por Carlos Martel en las batallas de Tour y Poitier, pero permanecen en España durante 8 siglos hasta 1492 cuando son expulsados por los Reyes Católicos. Por oriente también avanza el islam después de tomar Constantinopla en 1453 y cuyos ejércitos, encabezados por Solimán el Magnífico , llegan a sitiar a Viena después de conquistar a Hungría y a parte de Europa oriental, consolidando el poderoso Imperio Otomano que habría de durar cinco siglos, pero que en 1571 es vencido por la Liga Santa de la cristiandad en la Batalla de Lepanto impidiendo la conquista de Europa.

Hoy Europa enfrenta el mismo asedio islámico, sólo que esta vez pretenden imponer sus tradiciones, cultura y religión, ya no por la vía de las armas, sino por la bragueta. Mientras la población europea disminuye, el crecimiento demográfico de la población islámica amenaza con apoderarse y dominar a Europa en pocas décadas.

Y finalmente, dos naciones encabezan hoy la lucha por la supremacía: EEUU y China.

El crecimiento económico de China desde que a la muerte de Mao, Deng Xiaoping impone su doctrina de “un país dos sistemas” ha sido espectacular. Amenaza hoy China con desplazar en pocas décadas a EEUU como primera potencia económica. Eso aún está por verse. China enfrenta ahora una nueva etapa. Su crecimiento formidable basado en el aumento de sus exportaciones gracias a inversiones extranjeras en zonas especiales, quizá se vea ralentizado, porque ahora tiene que concentrar sus esfuerzos en mejorar el nivel de vida de la inmensa mayoría de sus habitantes que en el interior del país y en el sur, aún viven en condiciones de extrema pobreza. Esta nueva etapa implicará esfuerzos mucho mayores, con nuevos riesgos políticos y con resultados menos glamorosos.

Y por supuesto está el caso de EEUU con un extraordinario nivel de industrialización y un mercado interno dotado de un alto nivel de consumo, respaldado por un capitalismo desarrollado que permite financiar su crecimiento y por un nivel de desarrollo tecnológico elevado. Empieza EEUU el 2021 con un trauma político cuyas heridas ojalá cicatricen pronto, pues de lo contrario su sociedad podría verse amenazada.

El principal campo de batalla en la contienda geopolítica de las próximas décadas, se librará en el tablero de la tecnología. Quien logre prevalecer en ese ajedrez será el vencedor.

Por cierto Venezuela, arruinada y empobrecida, corre el riesgo de quedar atrapada en el vórtice del conflicto, porque los partidarios de una revolución anacrónica y estéril llama a los contendientes más ajenos a nuestra idiosincrasia para involucrarlos en su bando.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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Un comentario

  1. Los planes de desarrollo no han logrado eficacia permanente en nuestra América. Las esperanzas se hicieron confusas y frágiles. El continuo cambio de regímenes políticos: Autoritarismo, socialismos que no lo eran en su concepto original y dieron paso a dictaduras de partido único, abolición de la democracia, todo ello fue el estancamiento en la actividad social y económica, y la cultura fue perdiendo las raíces que la fundamentaron para hacerse dependiente de otras culturas. Hubo colaboración económica pero no desarrollo, en perjuicio de la cultura.
    El título que se dio a las mutaciones sociales es “Tercer Mundo”. Fue la alteración de las tradiciones originarias, la relación del hombre con la naturaleza y con la sociedad, y que produjo riqueza con el aumento de la capacidad productiva de algunas naciones. Pudiéramos decir que la adopción de los modelos industriales tropezó con la oposición que presentaron las diversas culturas del “Tercer Mundo”.
    Padecemos del estancamiento del desarrollo cultular, social y económico: Bases fundamentales de un Estado repetuoso de la Carta Magna.

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