El Editorial

¿Revolución o Involución?

Según la RAE, Revolución es un “Cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional”

Si analizamos objetivamente estos veinte años, lo que aquí ha ocurrido es más una involucion que una revolución, porque, si bien han pretendido cambiar las estructuras políticas y socioeconómicas, no las han sustituido sino las han pervertido y aunque siguen pregonando un presunto Estado comunal, este nunca ha realmente existido, salvo el malogrado intento de los soviets y el experimento inicial en Israel, de los kibbutz.

La involución ha sido retornar a la Venezuela del siglo XIX, en vez de proyectarla al futuro signado por los cambios que están ocurriendo en el siglo XXI. Es decir, que en vez de entronizarnos en el mundo del conocimiento, nos han retrotraído al del desconocimiento, a través de la destrucción sistemática de la educación superior y el descuido en los pensum de la educación media, en los que no se incluyen nada útil para afrontar los retos que imponen los cambios tecnológicos.

Esta involución también nos ha retornado a la era de los caudillos, personificados hoy en los militares; los pranes; los jefes guerrilleros y los narcos.

Involución es la destrucción de los servicios públicos y de la infraestructura del país que tanto costó construir.

Por eso, hablar de revolución en Venezuela es solo un cliché que sirve para camuflar una auténtica oclocracia.

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Un comentario

  1. En un célebre y breve ensayo, “Revuelta, revolución, rebelión”, Octavio Paz disertó sobre el destino de estos tres sustantivos en la lengua española, señalando que mientras “revuelta” había caído en cierto desprestigio, “rebelión” y “revolución” adquirieron con el tiempo y el uso un prestigio que sigue vigente.
    Él dijo: “La revuelta es la violencia del pueblo; la rebelión, la sublevación solitaria o minoritaria; ambas son espontáneas y ciegas. La revolución es reflexión y espontaneidad.” Tras examinar el significado y la evolución de esas ideas, concluye que “para que la revuelta cese de ser alboroto y ascienda a la historia propiamente dicha debe transformarse en revolución […] para los revolucionarios el mal no reside en los excesos del orden constituido sino en el orden mismo”.

    La región vive una coyuntura muy especial: al anunciado cambio de época proclamado por el gobierno de Chávez, hace ya unos cuantos años lo acechan amenazas de una insólita gravedad. Proliferan las voces que pregonan alegría, algunos en la izquierda, con alivio otros en la derecha. El “fin de siglo progresista”, más una expresión de deseos que un argumento sólidamente fundado.
    En Venezuela el oficialismo sufrió una durísima derrota en las elecciones de la Asamblea Nacional de Diciembre del pasado año, pero el chavismo aún conserva el gobierno. No obstante, surgen muchas dudas acerca de su estabilidad en el mediano plazo y la gobernabilidad del orden democrático venezolano ante el abismo que separa un Ejecutivo acosado por innúmeros problemas de gestión, y corrupción con un Legislativo dominado por una derecha cuya lealtad a las reglas del juego de la democracia no se ha definido con claridad.

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