El Editorial

Si no reaccionamos caeremos al despeñadero

La situación por la que atraviesa nuestro país está llegando al punto de no retorno. La destrucción sistemática del aparato productivo, unida al irrespeto absoluto del orden constitucional, han creado situaciones extremas que inducen a que para muchos venezolanos no exista mejor opción que abandonar el territorio nacional en búsqueda de destinos foráneos que les permitan vivir en paz del fruto de su trabajo, cualquiera sea que puedan conseguir allende.

Frente a estas circunstancias hay un régimen que no tiene la menor intención de modificar su comportamiento político y persiste en crear nuevas normas impositivas que terminarán por hacer inviable cualquier actividad productiva, salvo aquellas que se limiten, por ahora, a la importación y venta de bienes y productos foráneos.

Los que se oponen a que se siga ahondado la crisis y que están convencidos de que esta no se resolverá si no hay un cambio de régimen político en el pais, no parecieran dispuestos a ponerse de acuerdo en dejar de lado sus visiones particulares y unirse en un solo frente, que hoy no es otro que seguir la ruta que ha trazado, con sus tropiezos, la Asamblea Nacional bajo la conducción de su presidente, Juan Guaidó, conforme a lo que establece nuestra Constitución vigente.

Creer, como pretenden algunos dirigentes políticos que supuestamente forman parte de la oposición al régimen, que puede resolverse la crisis con fórmulas acomodaticias o compromisarias con el régimen que detenta el poder, es no solo un crimen sino, como en una ocasión dijo Tayllerand a Napoleon: si no es peor, es un error. ¿Y por qué lo decimos? por la simple razón económica de que la recuperación de un país viable pasa por una indispensable inyección de ingentes cantidades de capital, que jamás obtendrá el régimen actual, por ser no solo incapaz de activar ninguna actividad productiva, sino además por haber demostrado, hasta la saciedad, una voracidad crematística, que se ha traducido en el indignante y desproporcionado enriquecimiento ilícito de la nomenclatura gobernante.

Por ello, los que siguen rechazando, por las razones que sean, el llamado a la movilización nacional del 16 de noviembre, tal vez, sin darse cuenta de lo que dicen, están cavando bien honda su propia tumba.

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