El Editorial

Sin sacrificios no hay triunfo posible

El mundo democrático se encuentra en una de sus más intrincadas encrucijadas, que solo tiene parangón con la guerra de agresión fascista del siglo XX. En ese entonces, ante el peligro de dominación global, las democracias se unieron con el totalitarismo soviético para derrotar a los nazis fascistas.

Hoy el peligro es similar, aunque no ideológico. Se trata de imponer un modelo de gobierno antiliberal y antidemocrático, sustentado en el control de un estado por un gobierno mafioso y corrupto y occidente sabe cómo detenerlo, pero no está decidido a asumir el costo.

El peligro del expansionismo ruso pone en vilo el orden mundial y abre una peligrosa puerta para -incluso, una confrontación nuclear. La única manera de detener esta insania está, por un lado, en usar todas las medidas sancionatorias, con el entendimiento de que tendrán severas repercusiones para la economía mundial, pero, tal vez lo más importante, sería convencer a China de que la prolongación de este conflicto, incluso con su deriva militar, no la beneficia sino más bien podría también perjudicarla.

Putin puede ser detenido si China y EEUU entienden que, de seguir este en su demencial camino, el orden económico que ambos necesitan se verá peligrosamente deteriorado con las consecuencias internas que ello inevitablemente producirá.

Si Occidente tuvo que recurrir a los soviéticos para detener y derrotar a Hitler, Occidente necesita convencer a China de que es de su mutuo interés detener a Putin.

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