El Editorial

Tiempo perdido

Nuevamente el López Obrador se enreda en inutilidades, ahora como anfitrión del costoso y de escasas consecuencias  invento de Lula Da Silva y Hugo Chávez –presuntamente con inspiración castrista-, de una organización para sustituir a la Organización de Estados Americanos, OEA.

Tras la caída de Da Silva y su movimiento con acusaciones de corrupción y meses de cárcel, y la muerte de Hugo Chávez quizás acelerada por la errónea selección de institución y médicos tratantes, la Confederación de Estados de Latinoamérica y el Caribe, CELAC, cayó en un inevitable sopor, faltos del ojo del inventor que vigilara su ganado.

Carente en su mismo origen de la presencia de las potencias de América del Norte, este México confuso y poco relevante de Andrés Manuel López Obrador trató de revigorizar la organización, con la mala suerte del desastre electoral del kirchnerismo en Argentina, que evitó el viaje de un Presidente sin mando que, además, se ha quedado sin país.

Dos buenos discursos de los presidentes de Paraguay y Uruguay comenzaron demostrando la fuerte caída de prestigio de Venezuela y su actual Presidente, y el tibio interés de la mayoría de los mandatarios por sustituir a una OEA que, aún con las fallas que quieran atribuirle, es una veterana estructura que funciona en tanto en cuanto quieran respaldarla los países del continente.

La OEA tiene problemas y fallas, pero también experiencia y estructura, el CELAC no es más que un invento etéreo que poca falta hace y nada agrega que no puedan hacer, a menor costo y con más posibilidades, los miembros de la OEA. Mucho mejores resultados tendrían los esfuerzos por reanimar Mercosur y el Pacto Andino.

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Un comentario

  1. La CELAC enfrenta una parálisis en sus trabajos, derivada principalmente de la división ideológica existente a causa de las crisis en Venezuela y, recientemente, Nicaragua.
    Prácticamente, la membresía de la CELAC está dividida en dos facciones. Por un lado se encuentran los integrantes del Grupo de Lima -formado por trece países de la región, y Canadá-, el cual se ha dedicado a bloquear a Venezuela de reuniones regionales y no reconoce al régimen de Nicolás Maduro, además de apoyar la aplicación de la Carta Democrática a Nicaragua en la OEA. Por el otro, están los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), que respaldan al gobierno de Venezuela y al de Daniel Ortega en Nicaragua frente a las críticas y sanciones de la comunidad internacional.

    Este enfrentamiento ideológico ha dado como resultado la cancelación de diversas reuniones sectoriales y ministeriales. Incluso, no fue posible celebrar la VI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la CELAC, cuyas cinco ediciones anteriores habían gozado de una periodicidad anual ininterrumpida, hasta ahora.

    Los efectos de la actual reunión del CELAC son prueba de la ineficiencia del país de la convocatoria y la posición intransigente, con lo que no se logrado nada positivo sino evidencia de desacuerdo.

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