El Editorial

Un ajuste macroeconómico sin compensaciones

Aunque los programas de ajuste macroeconómico suelen tener un costo inicial en las economías donde se aplican, en contrapartida, se producen una serie de estímulos capaces de atraer inversiones y promover un crecimiento económico que compensa el malestar social inicial. Si bien estos programas son acusados de imponer mayores costos a los sectores más desfavorecidos, la meta es que a través del combate de los desequilibrios macroeconómicos se promueva el crecimiento del PIB, se atenúe el déficit fiscal y por esa vía se busque un control de la inflación, se procure buscar un equilibrio cambiario y se estimule la creación de empleo.

Usualmente conjuntamente con los ajustes macroeconómicos se aplican planes de compensación a favor de los sectores de menores ingresos.

El objetivo fundamental que se persigue es la solución de graves desajustes y desequilibrios que son la consecuencia inevitable que se deriva, en la mayoría de los casos, de los errores cometidos por gobernantes que han equivocado el rumbo. La meta es devolverle a una economía la capacidad de retomar el camino del crecimiento y por esa vía buscar una solución a los problemas sociales.

En Venezuela se está aplicando en estos momentos un programa de reajuste sin compensaciones. Ciertamente el déficit fiscal, como porcentaje del PIB, se ha reducido. Se ha procurado controlar la inflación disminuyendo la monetización del déficit por parte del BCV y, a la vez, se están aplicando medidas draconianas para impedir a los bancos la creación de dinero al imponerles un encaje marginal del 100% que impide al sector financiero otorgar créditos.

Paralelamente, aún sin eliminar el control de cambios, se ha permitido una dolarización atípica que ha llevado a que una parte cada vez mayor del consumo se esté pagando en esa moneda. Sin embargo, si bien el consumo tiende a dolarizarse, los ingresos de la inmensa mayoría de los trabajadores venezolanos siguen percibiendo su remuneración en bolívares. De paso, aunque tampoco se han eliminado los controles de precios, ciertamente la fiscalización es mucho menos rigurosa.

Las desigualdades se están profundizando entre quienes tienen mayores y menores ingresos y también entre quienes tienen y no tienen acceso dólares. Los precios se están dolarizando, pero los ingresos no lo hacen en igual medida. Se está produciendo una situación curiosa. Los precios en dólares parecen verse impactado por la inflación en bolívares y, aunque no se trata técnicamente del mismo fenómeno, en la práctica su efecto en el bolsillo de los ciudadanos es el mismo.

Resumiendo. Se está aplicando un severo programa de ajustes macroeconómico, sin compensaciones sociales y sin que se perciba en contrapartida la perspectiva de un estímulo al crecimiento de la economía. Al persistir el temor a la inseguridad jurídica, el irrespeto a la propiedad privada y el deterioro progresivo de la democracia y sus instituciones, es difícil que pueda estimularse un flujo de inversiones capaces de revertir la profunda crisis en que está sumida la economía venezolana.

Jose Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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