El Editorial

Una comisión para la verdad y la reconciliación

Tal vez para salir del embrollo en el que estamos sumidos después de 22 años de deconstruccion del país, promovidos e impulsados por los que creyeron que se podía imponer una revolución bonita inspirada por Cuba bajo el rimbombante pero vacío concepto del Socialismo del siglo XXI que, no era otra cosa, que la máscara de totalitarismo estalinista cubano, deberíamos analizar en qué medida puede ser aplicable a nuestra realidad la comisión para la verdad y la reconciliación que se impuso en Sudáfrica en 1995.

Este organismo oficial, creado bajo la presidencia de Mandela, buscaba alcanzar la justicia restaurativa después del fin del Apartheid. Las personas que habían sido víctimas de graves violaciones de los derechos humanos eran invitadas a presentar sus declaraciones ante una audiencia pública. El tribunal de la TRC nunca funcionó como equipo judicial, sino como intermediario entre víctimas y agresores.

Otro ejemplo importante para alcanzar la reconciliación nacional fue la comisión de la verdad para El Salvador, un mecanismo establecido con base los acuerdos de paz de Chapultepec, que pusieron término a la guerra civil que asoló por años a ese país centroamericano. Por cierto, esa comisión de la verdad impulsada por Naciones Unidas estuvo integrada por el expresidente colombiano Belisario Betancur, el magistrado Thomas Buerghental y el excanciller venezolano Reinaldo Figueredo.

Estos mecanismos son esenciales para la reconciliación y recuperación, pero sólo pueden surgir después de que haya ocurrido un proceso de negociación que culmine con la etapa de violaciones a los DDHH y se establezca un orden constitucional .

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Un comentario

  1. En el fenómeno que conocemos con el nombre de Totalitarismo hay un elemento que constituye su fuente u origen visible: el imperialismo. Como ideología política, el totalitarismo no surge de una voluntad consciente de un individuo que un día decide asumir el dominio total de un país organizado como nación – Estado, y ocurre que después se transforma en la expresión omnímoda del querer de un solo hombre o un solo sistema sobre otras naciones, otras culturas.
    Su existencia en la sociedad mundial es considerada como una desviación en el orden jurídico de las naciones occidentales, constituidas en Estados como la forma política que toma el conjunto de hombres que viven en comunidad organizada.

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