El Editorial

Una política asertiva para el Caribe

Uno de los objetivos políticos de Chávez fue conquistar al Caribe para contar con un bloque de países afines que le permitiese bloquear en la OEA cualquier intento que, según ellos, viniera de los EEUU y pudiese articular una eventual aplicación de la carta democrática de la organización a su gobierno. Para lograr su objetivo organizó varias iniciativas como PetroCaribe y El Alba, además de tener una actitud permisiva con Guyana en lo que se refiere a la reclamación del territorio Esequibo y, por supuesto, unas condiciones de financiamiento de la factura petrolera a larguísimo plazo y con tasas de interés prácticamente negativas.

Hoy vemos como en la reciente decisión de la OEA, en la que se acordó por consenso condenar las recientes medidas de retiro de inmunidad a varios parlamentarios y exigir la liberación de los diversos diputados detenidos, se pronunciaron a favor 23 de los 35 países que integran la organización hemisférica y 12 decidieron no asistir a la reunión como protesta por estar ocupando el puesto de Venezuela el embajador Gustavo Tarre Briceño. De esos inasistentes solo 2 son latinoamericanos, los otros 10 son del Caribe. Lo curioso es que si estos últimos hubiesen asistido habrían, en su mayoría, aprobado la resolución, ya que casi todos en el Caricom han adoptado el modelo inglés, basado en la prominencia del parlamento.

Pero la decisión fue la de hacer mutis por el foro, como se dice en el argot jurídico, y eso porque fundamentalmente están atados a los beneficios que a través de estos años han recibido del régimen venezolano. El asunto es que no perciben que las dádivas terminaron porque el pais está literalmente quebrado y que el peligro para ellos, como ya lo resiente Trinidad, es el incremento exponencial de emigrantes venezolanos.

Lo que debería hacer el futuro gobierno de transición es formular una política coherente hacia el Caribe, que fomente la integración económica y cultural con Venezuela, ya que la vinculación histórica con estas islas, tan cercanas a nuestras costas, y de nuestra zona económica exclusiva marítima, nos convierte en vecino fundamental y parte del desarrollo de esta micro región,

Cooperación e integración es lo opuesto al clientelismo oportunista que ha sido la política del chavismo hacia el Caribe. Y para avanzar en esa dirección, que por cierto fue la esbozada en la era democrática venezolana y que tuvo en el embajador François Moanack un excepcional ejecutante, no debe fundarse en el sacrificio de los intereses nacionales en nuestra reclamación del territorio Esequibo.

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