El Editorial

¿Y ahora qué?

Vemos que todavía hay personas de buena fe que se encuentran confundidos.

Es cierto que la hegemonía comunicacional del régimen no es una ficción y han sido gastados ingentes recursos en la promoción del fraudulento evento del 6D, e incluso han financiado la campaña de la “supuesta” oposición y hasta le han permitido pasar mensajes en los que afirman que si votan por ellos impedirán que se imponga el estado comunal.

Pero piensen, por algo el régimen agregó, ilegalmente, 110 diputados a la AN. Saquen el cálculo que quieran, pero creemos que no nos equivocamos al decir que le darán espacio a esa “oposición” por debajo, o rozando el 30%, pero igual esa AN fraudulenta nace con poderes limitados por la ilegal Ley Antibloqueo o, mejor dicho, ley para el blanqueo de capitales, ya que esa AN ni aprueba, ni fiscaliza lo que se le ocurra hacer al ejecutivo con los activos de la nación.

Ya entregaron una empresa láctea a los iraníes y nadie sabe ni quiénes fueron, ni cuánto pagaron, ni qué competencia tiene el adjudicatario. Lo mismo sucedió, aparentemente con Agropatria, pero allí el misterio es aún más opaco.

Ante esa evidencia, ¿qué más tiene que pasar para que los incautos entiendan que esa elección no producirá ningún cambio positivo, salvo el de darle algo más de oxígeno a Maduro y que este pueda valerse de ella para culminar su ataque a las verdaderas fuerzas democráticas del país como ya lo han dicho anticipadamente altos personeros del régimen? Votar ahora no es votar como en el pasado, es participar y apoyar una ficción anticonstitucional que tiene por único propósito darle una base de sustentación más confortable a Maduro.

Por eso la consigna tiene dos caras, una, actuar como ciudadanos responsables y llevar a cabo una cuarentena voluntaria, quedándose en sus respectivos hogares y dejar que salga a la luz la supuesta gran movilización que irá a votar.

La otra consigna es constitucional y ciudadana. Es expresar en la Consulta Popular el malestar existente y al hacerlo dejar constancia de que el pueblo venezolano quiere que Maduro se vaya y que no está dispuesto a avalar el fraude y pide a la comunidad internacional que los ayude a resolver no sólo la crisis política sino la que es aún más grave la humanitaria.

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Un comentario

  1. Estamos ante dos actos políticos opuestos. El primero es el 6D y busca obtener las designaciones parlamentarias auspiciadas por una Asamblea constituyente cuya única función es redactar una nueva Constitución (Art. 347 CN). De modo que carece de valor la convocatoria de la comunidad para tratar de darle valor jurídico a un acto inexistente el Derecho y contra la Constitución Nacional.
    El otro acto político es realizar una Consulta Popular con fundamento en la CN, cuyo objetivo es expresar “el malestar existente y al hacerlo dejar constancia de que el pueblo venezolano quiere que Maduro se vaya y que no está dispuesto a avalar el fraude y pide a la comunidad internacional que los ayude a resolver no sólo la crisis política sino la que es aún más grave la humanitaria”.
    El resultado nos dirá que Venezuela tomará el rumbo de la constitucionalidad. Tenemos fe en que así será.

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