Mundo Empresarial

Emma Torrealba: estoy entregada en cuerpo, alma y vida al chocolate

Por María Andreina Pernalete

Era de esperarse que en nuestro encuentro lo primero que sacara de su bolsillo fuese un grano de cacao. Mujeres como Emma Torrealba, apasionadas por las maravillas de las tierras venezolanas, por su gente y por el cacao, no tienen más alternativa que un futuro cierto, donde una tableta se vuelve la magia del emprendimiento.

Es una mujer sencilla: lleva puesto un jean algo desgastado, unas gomas negras y una camisa rosa. Cruzó parte de la capital venezolana para cuidar a su abuela materna. Es allí donde decidió recibirme. Precisamente fue en ese departamento tan cálido, limpio y silencioso, donde dictó su primer curso de bombonería hace poco más de un mes.

Emma nació en Caracas en el año 1962. Desde muy pequeña vio en su mamá la pasión por la repostería, aunque no llegó a especializarse profesionalmente. Luego del bachillerato decidió estudiar Turismo en el High Training Educational Institute, dando sentido a su pasión y amor por Venezuela.

Luego de trabajar en un prestigioso hotel de Margarita, regresa a su ciudad natal en 1992 para cuidar a su mamá, quien padecía de una enfermedad renal: “Mamá estaba muy enferma, ese mismo año murió”, comparte. La dolorosa pérdida no fue impedimento para su crecimiento. Trató de buscar trabajo en la ciudad, “pero el turismo cada vez se volvía más difícil”, así que trabajó a destajo por un largo periodo: vendió por un tiempo tarjetas telefónicas al mayor. Decidió no seguir en ese mundo.

Soltera y sin hijos comenzó con un curso de repostería criolla en el Mercado de Chacao. Una señora que ya había participado en el Programa Emprendedoras del Chocolate de la Asociación Civil  Trabajo y Persona la invitó a unirse: “No tenía idea de cómo se hacía un bombón o una barra de chocolate, era virgen en ese mundo”, expresó.

“Llamé y me seleccionaron”. No pudo asistir a sus primeras clases porque en ese momento una epidemia de Chicungünya tocaba tierras venezolanas y Emma fue una de las perjudicadas. Se reincorporó en la tercera semana. La ausencia de sus primeras clases la llenó de preguntas, de ansiedad, de una entusiasmo inmenso que reconocería luego de hacer su primer bombón. Fue allí donde conoció a Yulmir, quien ha sido para ella una inspiración: “Cada una de las cosas que crea con sus manos me hace querer seguir enamorándome del cacao y de la pastelería”, dice con una sonrisa en su rostro.

Trabajo y Persona, una ONG que ha formado en el oficio de la chocolatería a más de 800 mujeres en situación de vulnerabilidad, consiguió que Emma realizara pasantías en prestigiosas empresas chocolateras como Kakao bombones venezolanos y Cacao de Origen, recibiendo clases de los mejores maestros chocolateros incluyendo a María Fernanda Di Giacobbe, ganadora del Premio Nobel de Gastronomía 2016 y fundadora de ambas empresas: “Las pasantías es Kakao con k y Cacao, fueron excelentes, aprendí muchísimo con Jimmy, Diego y Sophie Notz”. Fue allí donde se enamoró por completo del bean to bar: el método chocolatero de la semilla a la barra que permite reconocer y aprovechar todas las bondades que tiene el cacao.

Luego de ser certificada por la ONG, su trabajo se basó en atender pequeños pedidos de bombones, pero a inicios de 2016 decidió formalizar su emprendimiento y junto a dos primas, Ilda Piñate y Osmary Medina, creó Bombok2: en conmemoración a un dulce de Paria elaborado con queso llanero, biscocho, papelón y coco. En marzo de ese año pasaría a formar parte del grupo de becados de la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura Venezolano-Francesa (CCIAVF) para prepararse en el Taller de repostería fracesa, con el reconocido chocolatero francés Pierre Mirgalet.

“Emma es un caso bien especial: es proactiva, tiene la capacidad de arriesgarse y ese no es el perfil estándar. Ella es muy clara en sus objetivos”, comparte Alejandro Marius, presidente de Trabajo y Persona. Cada año, desde el 2014, la ONG envía una lista de 10 participantes destacadas a la CCIAVF. “Ellos analizan y eligen los mejores perfiles”, comparte Marius. Es así como con constancia y perseverancia ha logrado calar hasta donde está.

Mientras tomo un vaso con jugo de naranja, no puedo dejar de percibir el entusiasmo que causa en ella hablar del chocolate. María Laura Di Gregorio, su tutora y coordinadora de Emprendedoras del Chocolate expresaría más adelante: “Le brillan los ojos cada vez que habla de Venezuela. Pienso que en un futuro Emma puede ser referencia de emprendimiento y el chocolate venezolano”.

Aunque todavía no es referencia nacional, comienza a serlo en cada lugar que pisa. Jimmy Brito es maestro chocolatero de Kakao bombones venezolanos. Recuerda a Emma como una de las mejores personas que han pasado por su laboratorio: “Han venido mujeres extraordinarias, pero Emma fue el punto que necesitaba Kakao para estar completo. Han aprendido de mi tanto como yo de ellas”.

Con el fruto del trabajo constante en sus manos, salir al mercado “no fue algo tan rápido por la situación del país, son muchos los detalles e ingredientes.  Fue catastrófico salir en esta época porque mucha gente no está produciendo esperando que pase algo en Venezuela”, comparte Emma. Para aligerar la carga, se apoyó en María Fernanda Di Giacobbe. “Me prestó una de sus máquinas procesadoras, allí pasó mi chocolate casi una semana. Cuando lo fui a buscar estaba hermoso”.

El 2 de febrero salió a la venta la tableta Tierra de Gracia: “Se llama así porque Venezuela es un gran país y me recordó a Colón cuando por vez primera entró a Macuro y lo dijo. Este país necesita de cosas positivas. Es tierra de gracia por los recursos,  por los paisajes y por su gente. Los que quedamos tenemos que comenzar a hablar menos y hacer más”.

La tableta está elaborada de un cacao criollo Guazare, traído desde la Güajira venezolana. El empaque está diseñado con rayas horizontales de colores, simulando una de las obras de Carlos Cruz-Diez. Predomina el verde “porque el cacao es ecológico en sí mismo, no necesita pesticida”, dice Emma. Tiene una franja gruesa vinotinto vertical que muestra el nombre de la tableta: Tierra de Gracia.

En un futuro cercano espera poder exportar la barra de chocolate, lanzar al mercado una serie de tabletas intervenidas con sabores cítricos, y para los más pequeños, una línea de chocolate oscuro, para que vayan adaptando su paladar.  Próximamente será una de las locutoras de un programa radial llamado Los ángeles del cacao.

Aunque tiene muchos miedos ha aprendido que un emprendedor debe “tenerle miedo a temer. Un emprendedor debe saber reaccionar e innovar; si nos paramos nos agarra el fracaso”.

Cree en el ser humano: “Creo que somos buenos por naturaleza aunque hayamos cometido muchos errores”. No se puede esperar otra cosa de alguien apasionado por la lectura, inspirado por las letras de Benedetti o Isabella Allende.

El chocolate la ha vuelto tranquila y paciente, porque la magia de temperar un chocolate requiere de dedicación, concentración y mucho amor. Es de esta manera como cada tarde Emma se reúne con sus primas para temperar, envolver y para transformar sus tabletas en sueños, en tierra de gracia.

*Este es uno de los mejores trabajos de la cátedra de Narrativas periodísticas híbridas, de la concentración Periodismo, que cursan los estudiantes de la carrera de Comunicación Social, en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

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