Entretenimiento

A Jorge Aguirre: In Memoriam

I

Debo exponer que no fui amigo del fotoperiodista Jorge Aguirre Millán (Tolima, Colombia, 1946-Caracas 2006), aunque nos conocimos a mediados de los años 80 en el trepidar periodístico. Fuimos compañeros de trabajo con aprendizaje y respeto mutuos, incluidas las discrepancias diarias entre subordinado-jefe y “veterano-novato”. Estábamos claros en el significado de la amistad, y de la responsabilidad ética-laboral de cada uno. La familia y el periodismo militante, sin la pretensión de la trascendencia, eran sus ejes existenciales.

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II

Al iniciarse el cambio tecnológico-periodístico (año 99) en la Cadena Capriles fui llamado por Teodoro Petkoff y Juan Carlos Zapata, Director y Jefe de Redacción respectivamente en El Mundo, para que asumiera la responsabilidad de reorganizar y contribuir al cambio del perfil fotográfico del vespertino. La transformación inicial comenzaría en El Mundo (EM) y luego en Últimas Noticias (ÚN), donde laboraba Aguirre. Los fotoperiodistas de la Cadena, para entonces, eran veintidós distribuidos en diversos productos editoriales. Después de los sucesos de abril de 2002, las coordinaciones fotoperiodísticas de EM y ÚN se fusionaron y se creó el Departamento de Fotografía de la Cadena Capriles, coordinado por Ángel Echeverría, y la jefatura del suscrito. Hoy estamos adscritos a la Coordinación de Edición Gráfica, bajo la responsabilidad de Carmen Riera.

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III

Aguirre asumió en varias oportunidades la Coordinación del Departamento de Fotografía con previa inducción. Siempre impoluto en el vestir, decente con los demás, lleno de sueños económicos, cuentos mágicos creíbles únicamente por él y, sobre todo, nunca decía no, salvo excepciones, a las asignaciones periodísticas. Se la jugaría, como era él, en los días aciagos de abril de 2002 dentro del Palacio de Miraflores. Sus fotografías están publicadas, junto a las de otros compañeros de la Cadena, en el libro “Objetivo Miraflores”, 2002. Una molestia cervical, producida por el peso del equipo fotográfico al hombro por años, lo alejó por varios meses de su oficio. Una vez recuperado e incorporado a sus labores negoció su horario y las asignaciones que requerían cierto esfuerzo físico. Aguirre llegaba al Departamento a las 12:00 m y se marchaba a las 6:00 pm, cuando no había “rayos” periodísticos.

IV

El 5 de abril de 2006 Aguirre llegó más temprano que de costumbre a laborar. A través de los medios de comunicación se informó del hallazgo de los cadáveres de los hermanos Faddoul y el señor Miguel Rivas, secuestrados desde el 23 de febrero. Betty, su esposa, y él habían despertado con la noticia. Aguirre me dijo, con consternación, rabia y preocupación, que quería llevar a Betty al médico en horas de la tarde porque estaba mal de los nervios. Le dije que no había problema. Le asigné una pauta insignificante y sin riesgo alguno: Hacer unas fotografías de las remodelaciones del Estadio Universitario de la Universidad Central de Venezuela, UCV, para la Copa América 2007. Tomó el escrito y se marchó con la preocupación familiar a cuestas.

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V

Recibí la solicitud de cubrir dos protestas, ambas por el caso Faddoul, que se desarrollaban a las 12:15 pm, eran urgentes y estaban en la ruta de Aguirre: Los seguidores del partido político Primero Justicia frente al Ministerio de Justicia y, la otra, en la autopista Francisco Fajardo, frente al mural del artista Pedro León Zapata, estaban atravesados dos autobuses de la UCV, en ambos sentidos (este–oeste y oeste-este). Llamé a Aguirre y le notifiqué las pautas. Le dije que hiciera unas fotografías que evidenciaran las protestas, pero que no entrara en la UCV. A las 12:25 pm recibí su mensaje: “En pleno desarrollo la manifestación del MIJ”. Una asignación ya estaba lista. Volví a llamarlo y le dije una vez más: “No entres a la universidad porque no se sabe qué está pasando adentro. La fotografía del autobús hazla desde el puente Salvador Allende y continúa para el estadio”. Aguirre hizo sus asignaciones, pero el equipo periodístico entró a la UCV.

VI

No salimos de nuestro asombro e incertidumbre cuando se informaba, a través de la radio, que habían herido a un fotoperiodista en las inmediaciones de la UCV. Inmediatamente llamé a Aguirre a su teléfono celular, pero no atendió. Presentí que algo malo había pasado. Al rato nos informaron que el herido era él y se encontraba en el Hospital Clínico Universitario, lugar donde falleció a pesar de los esfuerzos de los médicos. No fui testigo, para opinar irresponsablemente sobre lo ocurrido dentro y fuera del campo universitario. Los únicos que sabían del hecho eran Aguirre; Julio Canelón, conductor del vehículo de la Cadena Capriles; y el motociclista que realizó los disparos contra la unidad debidamente identificada del vespertino El Mundo.

VII

Asumí la responsabilidad de asignar a dos fotoperiodistas para que se movilizaran al Hospital Clínico. Álvaro Álvarez acompañaría y se quedaría con Enrique Rondón, Director del vespertino El Mundo, y Ángel Colmenares debía traerme el equipo fotográfico de Aguirre. Cuarenta minutos más tarde Colmenares cumplió con lo asignado y de inmediato comenzamos descargar e identificar las imágenes. No habían pasado cinco minutos cuanto por todos los medios audiovisuales y llamadas telefónicas informaban que Aguirre había muerto. Fueron instantes de dolor y frustración; tuve que informar a su madre y esposa lo ocurrido. Una hora después Funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) se presentaron en el Departamento y se llevaron el equipo fotográfico de Aguirre. Lo único que me quedaba hacer era tener el control de mis emociones y continuar con el trabajo.

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VIII

La fotografía del motorizado huyendo, al saberse el deceso de Aguirre, comenzó a ser solicitada por los medios de comunicación de todo el mundo. La corazonada de que Aguirre había hecho la fotografía de quien le disparó resulto ser cierta: la motocicleta era la clave para la identificación del autor de los disparos. Los funcionarios de la delegación del CICPC de Santa Mónica, con la colaboración del Departamento de Fotografía de la Cadena Capriles, lograron, durante tres días de experticia a la fotografía como evidencia y el video de Venevisión donde se aprecia la huída del motorizado, determinar el número de la placa de la motocicleta, oculta con un plástico azul. Lo anterior llevó a la detención de Boris Lenys Blanco Arcia, de 33 años, ex policía de Chacao, y presunto autor material de los disparos, quien conducía una Yamaha YBR.

IX

Los últimos “clicks” dejados por Aguirre a ras del asfalto fueron ráfagas de inmortalidad, de valentía, de responsabilidad, de instinto, de adrenalina, de imprudencia para algunos, de impotencia, de ejemplo en esta maravillosa e ingrata profesión donde nos jugamos la vida a diario por una imagen cada vez que recibimos una asignación periodística por muy “caliche” que parezca. Un balazo certero, de los tres realizados por el ex funcionario policial, alojado en el costado derecho del tórax de Aguirre, no impidió callar su voz silenciosa que aún reclama justicia. A un año de tu partida viejo “McAguirre”, aunque no lo creas a veces llamo por tu nombre a los compañeros del Departamento. Por ahora, no te puedo decir cuándo nos volveremos a encontrar y, cuando suceda, ojalá sea en el lugar donde reposan los guerreros éticos de la comunicación. ¡Estamos en contacto!

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