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Bautizo libro de Alejandro Otero ante la Crítica.

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Un conjunto de 76 textos y ensayos que abarca desde el año 1948 hasta el 2006, en este sentido la recopilación rastrea prácticamente el recorrido plástico y crítico del artista. Estos reveladores ensayos han sido responsabilidad de críticos como Sergio Antillano, Guillermo Meneses, Alfredo Boulton, Roberto Guevara, Pedro Francisco Lizardo, Ida Gramko, Guillén Pérez, Inocente Palacios, Roberto Montero Castro, María Elena Ramos, Víctor Guédez, entre muchos otros. Así mismo, la recopilación incluye textos de críticos extranjeros que dejaron un hondo testimonio sobre su obra como el crítico de arte francés Francois Sego, José Gómez Sicre, Pablo Neruda, Armand Gatti, Paul Keeler, Damián Bayón, Juan Acha y Marta Traba, etc.

La recopilación y selección de los textos críticos de sobre Otero estuvo a cargo del investigador Douglas Monroy, quien refiriéndose a su trabajo señala que “La presente recopilación de «voces» sobre el artista, que se encontraban diseminadas por ese sendero inmenso de libros, folletos, catálogos, archivos y artículos de prensa fueron reunidas aquí, en una especie de retrospectiva, de cronología, de desfile de ideas fervorosas, agudas y cercanas sobre el artista. Un amplio compendio de ensayos que permitiera distintas valoraciones y análisis, incluso aquellos textos que puedan cruzarse y confrontarse entre sí, para privilegiar la pluralidad y la riqueza de la mirada, de la memoria, de los criterios. Todos reunidos al abrigo de una lectura volcados en un solo cuerpo, que rastrean al artista prácticamente desde sus inicios como pintor en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, su etapa de crecimiento en París, hasta sus esculturas que se abrieron al espacio y la ciudad”

Por su parte la Presidenta de la Fundación Artesanogroup Carmen Julieta Centeno responsable tanto de la primera edición del libro que contó con el patrocinio de la empresa Ternium-Sidor, como de la segunda edición enteramente financiada por la institución que ella representa y que ahora se bautiza, manifiesta que “todo este gran esfuerzo editorial viene a reforzar la trascendencia continental que tiene la obra de Otero, al tiempo que la divulgación de la plástica en sus más diversas vertientes es un precepto que desde sus inicios rige los objetivos de su trabajo como editora de libros y que actualmente sus esfuerzos están orientados a crear un importante fondo económico que le permita continuar editando otros importantes proyectos sobre las artes venezolanas.”

La presente edición contó también con la participación de Francisco Da Antonio como prologuista de la obra, Editemos Estrategias Editoriales en la coordinación editorial y en la corrección de textos a cargo de Ginett Alarcón y Marisa Mena; Michelle Arias como Asesora del Espacio Otero; la revisión de textos correspondió a Hecsil Coello; la traducción Alix Hernández, ingles- español y Dense Armitano, francés-español; la Investigación documental de imágenes la realizó Costanza De Rogatis; el diseño gráfico fue realizado por Guillermo Salas y la digitalización de imágenes correspondió a David Ladera.

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OTERO, EL MAESTRO
QUE DIBUJÓ
CON EL VIENTO

Douglas Monroy

Alejandro Otero dejaría un hondo testimonio escrito a lo largo de su vida, textos reflexivos y vivenciales que fueron reunidos en la compilación Memoria crítica realizada por Luisa Pérez Gil y mi persona a mediados de 1990 y publicado tres años más tarde por la Galería de Arte Nacional. Desde entonces sus palabras reunidas en un sólido cuerpo calaron con mayor intensidad en la colectividad, se convirtió en una cita obligada, en la huella palpable de su sinceridad. Sus escritos fueron una manifiesta prueba de sus inquietudes y sus obsesiones, donde el centro de sus discusiones siempre privilegiaría al arte y sus horizontes. En su memoria expresa y siente «que el país es también una vocación». Su voz se hace sentir, piensa que es parte del tejido vivo de su sociedad, para ella escribe, critica sus males, polemiza con valentía, se bate en el terreno de los sueños y las ideas, con tenacidad lucha en contra de la nefasta abulia. Otero rechaza la indiferencia, prefiere la tribuna disidente sin medir consecuencias. Critica ese desbalance que ejercen los centros culturales de poder internacional. Reclama un Cézanne para el Museo de Bellas Artes, fustiga a esos difamadores «venezolanos de improviso» que no dejan de ver al país con modesta estrechez. Ambiciona la creación de un museo que reúna lo mejor del arte nacional de todos los tiempos y junto a Miguel Otero Silva, Manuel Espinoza y Alirio Rodríguez logran el arribo del ansiado sueño bajo las sombras protectoras del Parque de Los Caobos.

Otero abunda sobre la vigencia y los dilemas del arte abstracto, lo promociona, lo afirma y lo defiende con fe, como quien ha rendido sus fervorosos votos, ve en ello la bisagra del conocimiento y las razones para ver el universo de forma diferente. Advierte a los jóvenes que «La obra ajena como motivación, en especial ésa que se proyecta a través de las revistas y otros medios de comunicación visual, o se encuentran al azar de viajes y hasta de permanencia en ciertos centros de difusión cultural, implica un riesgo subterráneamente manipulado, deformador y desorientador. ¿Tendrá el joven recursos para ver claro, desmontar esas trampas y eludir su falaz tentación?. Es de temer que no, por escasez de referencia, porque recibe en bloque el impacto de lo nuevo, en el que no todo es de buena ley, y lo tiene al alcance de la mano» 1) Habla con vehemente pasión y omnipotente admiración por Cézanne y Mondrian. Escribió con notable sinceridad sobre sus espirituales preceptores Armando Reverón, Antonio Edmundo Monsanto, Marcos Castillo y Manuel Cabré para quienes guardó una medular gratitud.

En Memoria crítica, Otero también se mira y se deja ver a sí mismo, su voz se hace eco de su memoria y de su propia existencia. Narra con emoción el deambular por la Upata de su infancia, por los recuerdos de su madre y del vívido color azul de las vigas y puertas de su casa, que se grabaron con pureza en sus recuerdos. Hace balance de su trayectoria, reflexivamente traduce sus pasos, sus obras, sus esculturas más recientes. Invoca los éxitos y las dudas, se mide en términos de aportes y logros artísticos. Nos sorprende cuán honestas y sinceras son sus palabras al señalar que «Tengo terror de dejar mi trabajo inconcluso. Sesenta y seis años no es mucho para sentirse cercado por esas ideas, sobre todo cuando no hay amenazas inmediatas de salud por ningún lado, pero la vida se ha vuelto frágil y la obra tan exigente». 2) Su voz es clara y nítida, resuelta a la hora hablar de la imaginación, de sus pinturas, de sus máquinas solares y de su país «Me siento comprometido con este país. Siempre he pensado que le debo todo. La luz que vi por primera vez fue la de aquí. Los seres que he amado vienen del mismo origen: creo que pensaban y respondían como yo. La obra que he hecho la he dedicado a los míos. Lo he dicho a veces, lo he sentido siempre así.». 3)

Memoria crítica es el más completo e íntimo compendio de evocaciones, de ideas, de presencia de una obra emotivamente vasta que haya realizado artista venezolano. Pero si esta compilación recoge como dijimos las reflexiones y la poética biográfica del artista, la compilación actual Voces sobre el sendero plástico reúne una selección de textos sobre el artista desde 1948 hasta el 2006, realizados por críticos de arte, escritores, periodistas, historiadores, ensayistas y poetas. Ambas compilaciones debieron ser publicadas de forma casi simultánea, pero tuvimos que esperar una década para que un patrocinante de forma decidida y entusiasta cobijara la actual publicación. No obstante, ambas compilaciones intentan materializar el espíritu creador e intelectual de uno de nuestros artistas más integrales. Dos compilaciones diferentes de un mismo fenómeno, de un mismo artista, visto en la honesta dimensión de lo múltiple, lo diverso, lo amplio. En una especie de totalidad, sabia y fecunda como es la obra de Alejandro Otero.

La presente recopilación de «voces» sobre el artista, que se encontraban diseminadas por ese sendero inmenso de libros, folletos, catálogos, archivos y artículos de prensa fueron reunidas aquí, en una especie de retrospectiva, de cronología, de desfile de ideas fervorosas, agudas y cercanas sobre el artista. Un amplio compendio de ensayos que permitiera distintas valoraciones y análisis, incluso aquellos textos que puedan cruzarse y confrontarse entre sí, para privilegiar la pluralidad y la riqueza de la mirada, de la memoria, de los criterios. Todos reunidos al abrigo de una lectura volcados en un solo cuerpo, que rastrean al artista prácticamente desde sus inicios como pintor en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, su etapa de crecimiento en París, que renace luego de una paz salvajemente atropellada. Sin embargo, ese renacimiento permite que nuestro artista conciba Las cafeteras con líneas diagonales de colores que, décadas más tarde en ese afán creador, parecen transfigurarse en líneas sólidas de metal, máquinas para la imaginación, que salieron a la calle, urgidas de espacios, en forma de prisma, de estructuras que aspiran el libre paso de la luz y el viento.

Este libro recoge los fundamentos y las proposiciones creadoras de Otero a través de una vasta selección de textos, quedan aún muchos otros artículos, entrevistas, presentaciones y ensayos que, por su naturaleza o extensión, quedaron restringidas, vaya a ellos, no obstante, mi entero reconocimiento. La antología contribuirá a reencontrar los pasos, los caminos abiertos de quienes fueron sus amigos, los testigos directos de sus creaciones, de quienes celebraron sus exposiciones y sus hallazgos, y de quienes hoy en día orquestan nuevos ensayos sobre el maestro con bríos y aportes novedosos. Unas de las primeras voces recogidas es la de Sergio Antillano quién advierte sobre los progresos de nuestro pintor en París. Francois Sego y José Gómez Sicre son las dos primeras grandes figuras de porte internacional que respaldarán decididamente al joven artista. El escritor Guillermo Meneses captará de inmediato la trascendencia de lo que está frente a sí, y lapidariamente redacta el impacto que produjo su exposición de Las Cafeteras en el Museo de Bellas Artes en 1949 «El regreso de Otero ha significado auténtico acontecimiento en el ambiente pictórico venezolano. Entre los muchachos, la llegada de Otero ha sido explosiva. Ha golpeado admirablemente. Ha herido de apasionada admiración. No ha faltado quien haya sentido negada su propia función de pintor ante la aparición fulgurante de las obras de Otero». 4) Sobre su obra escriben los poetas Elizabeth Schön, Lucila Velásquez, Pedro Francisco Lizardo, Pablo Neruda y especialmente Ida Gramcko quien encontrará en la obra de Otero una cantera sustancial, viva y luminosa. Activamente y con perspicacia poética nunca dejará de escribir sobre el insomne pintor.

Así mismo los escritores Orlando Araujo, Humberto Mata, Yolanda Pantin y José Balza, realizarán interpretaciones siempre desde ese vocabulario próximo y cálido, desde su vida, desde su esencia. Sobre esa otra gran manifestación de su inventiva Balza dirá acerca del pintor «la década de los cincuenta consolida lo que será una de sus actividades constantes: la de escritor. Como en Jorge Luis Borges o en Kafka, el estilo literario de Alejandro Otero nace completo. Concisión, humor, obsesiones, aparecen para mostrar un pensamiento dúctil, atrevido, gozoso». 5) Alfredo Boulton como un cíclope lo verá de muchas formas, lo seguirá de cerca, lo retratará pintando las Cafeteras en París y más tarde en la intimidad de su taller en los bloques del Silencio, escribirá con lucidez cada nuevo descubrimiento del pintor, desde los Papeles pintados hasta su gran escultura erigida en el Guri. También otros investigadores de las dimensiones de Miguel Arroyo, Inocente Palacios, Juan Calzadilla, Sofía Imber, Rafael Pineda y Roberto Montero Castro aportarán ese substrato, ese piso estético y conceptual fundamental. Roberto Guevara el más prolífico de nuestros críticos de arte, quien por más de treinta años sostuvo una activa presencia, escribió en muchas ocasiones sobre Otero, y fue unos de los primeros en manifestarse sobre la Vertical vibrante uno de los primeros ensayos tridimensionales del artista «está allí, no enclavada en Maracay en un inadecuado sitio, sino en la voluntad de creación de un gran artista, colmando de nuevas visiones. Desde aquí hay que partir a su encuentro. Desde aquí hay que comenzar a pensar en una realidad plástica que abandona museos y colecciones privadas, para establecer un fantástico diálogo con el mundo». 6) Ensayistas y teóricos de presencia latinoamericana como Marta Traba, Damián Bayón y Juan Acha lo verán inmerso dentro de esa geografía continental. Con las nuevas percepciones de María Elena Ramos, Federica Palomero, Víctor Guédez, José María Salvador, Freddy Carreño, Katherine Chacón y Ernesto Guevara, entre muchos otros, unirán a ese tangible coro de voces que reclama las vertientes y los ricos conductos plásticos que nos legara Alejandro Otero para siempre.

Con esta compilación celebramos a Otero, pero al mismo tiempo, es una prueba más de la devoción de muchas personas, críticos e intelectuales, nacidos en estas tierras y en otras más lejanas que, sin importar las fronteras, encontraron en el artista un vivo resplandor, un creador que paso a paso hizo preguntas y halló esplendidas soluciones espaciales, dinámicas y colosales. Un artista integral, que jugó con el viento por entre los molinos de luz y plata.

San José de Turgua
Agosto, 2006

Referencias

1
OTERO, Alejandro
«Introducción al encuentro con jóvenes artistas; Esto fue lo que les dije».

En: El Nacional, Caracas: 13-09-1981, p.C-18.

2
«Bajo el signo de la urgencia». En: El Nacional, Caracas: 19-09-1987.

3
«Balance y proyección». En: El Universal, Caracas: 13-05-1985 p.4-1.

4
MENESES, Guillermo
«La exposición de Alejandro Otero Rodríguez». En: El Nacional, Caracas: 31-01-1949, p. 4.

5
BALZA, José
«Otero». En: Alejandro Otero. Memoria crítica. Caracas: Monteávila
Editores-Galería de Arte Nacional, 1993, p.13.

6
GUEVARA, Roberto
«Vertical vibrante de Alejandro Otero en Maracay». En: Imagen, Caracas: (N.º 32), 1/15-09-1968, p.19.

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