Salud y Bienestar

Capítulo IV – Asistencia Basada en Documentos

Susana, de veintiocho años de edad, solicita ayuda para sus problemas emocionales, originados en un grave conflicto en su relación de pareja.

Es delgada, bonita, aunque aparezca físicamente desmejorada. Durante la consulta no puede contener el llanto.

Es bióloga de profesión. Trabaja, tiene un buen cargo y es muy considerada por sus jefes.

Desde hace varios años vive en concubinato con un hombre que es la causa de sus problemas. Actualmente él se ha marchado de la casa y ella no sabe donde encontrarlo. Esto ha ocurrido ya varias veces. A pesar de ello, es consciente de que lo ama y la meta de su consulta es rescatarlo para conservar su hogar.

Es madre de dos niños; un varón de 7 años y una niña de 1. El primer hijo es el fruto de un matrimonio que fracasó a causa de las continuas infidelidades de su esposo. Este era además un enfermo alcohólico. Ella había colaborado a su tratamiento concurriendo a las reuniones de Al Anon en Alcohólicos anónimos.

Nada en el relato de su biografía arrojó mayores luces sobre su situación actual. Era hija de una unión concubinaria estable, que duró hasta el fallecimiento de su padre, ocurrido pocos años atrás. Fueron seis hermanos. Susana se llevaba bien con sus hermanos y no tenía dificultades con ellos, pero tampoco se encontraban unidos por lazos de intimidad afectiva. Su madre sí es su apoyo moral, e inclusive material, pero es una mujer de otra época, sumisa, que durante toda su vida solamente supo trabajar, someterse a su marido, mantener en orden su hogar y criar a sus hijos.

Después del fracaso de su matrimonio, Susana pasó mucho tiempo sin cultivar relaciones amorosas. Le había tomado temor al sexo masculino; había sufrido demasiado.

Su vida sexual le era solamente deseable si se acompañaba de una relación amorosa sincera. Vivió serenamente, con el apoyo de su madre y criando a su hijo, hasta que conoció a su compañero actual.

Durante el período del cortejo éste se portó como un verdadero caballero. Estaba siempre pendiente de ella, le traía frecuentes y costosos regalos y demostraba querer mucho al niño. No dió explicaciones muy claras del motivo por el cual no quería contraer matrimonio, ni tampoco esto resultaba importante para Susana, a causa de su fracaso anterior.

A poco de nacer la niña, él comenzó a mostrarse más desapegado. Llegó a faltar de noche a dormir. Decía que se quedaba en casa de su madre. Pero siempre se negó a que Susana la conociera, ni a ella ni a nadie de su familia. Alegaba que eran gente poco culta, y que no era posible ,mantener con ellos una relación amistosa.

El único contacto que Susana podía mantener con su entorno era con algunos de sus compañeros de oficina.

Una vez, llegó a pasar fuera de su casa un fin de semana completo. La excusa era siempre la misma – dormía en casa de su madre – y ella aparentó resignarse.

Hasta que un día recibió la llamada por teléfono de una mujer. que decía haber sido su querida, pero que actualmente había sido abandonada por otra.

Cuando ella le contó a su compañero lo de la llamada y se lo reclamó, él respondió con violencia. Abandonó la casa y estuvo ausente muchas noches. Susana se sintió desesperada y, por recomendación de una amiga, solicitó una consulta psiquiátrica.

Describió sus problemas, desahogó sus emociones, recibió, a su solicitud, una pequeña dosis de sedantes, y se concertó una nueva entrevista. En ella, ya más calmada, relató la historia de su vida, que no tenía particularidades significativas para ka comprensión de su problema. .

No tenía muchas amigas, ni le gustaban las diversiones. Su ideal era tener la casa bien arreglada, cuidar de sus hijos, y gozar de la compañía de su compañero.

Había sido muy buena estudiante y consagrada a su profesión. Pero no era afecta a las lecturas ni al cine. Lo que más le gustaba como distracción era salir al campo y gozar de la naturaleza.

Su vida sexual, en buenas condiciones emocionales, había sido normal y satisfactoria.

Nuca antes había consultado psiquiatra por ningún motivo.

Admitió que su problema actual era muy parecido al que había tenido con su primer esposo. A pesar de su infidelidad, deseaba recuperar a su pareja.

Fué así que se escribió el primer documento de los que figuran en esta historia, cuya objetivo es, mayormente, presentar este recurso tan especial.

Fué nada más que una carta sobria, atenta y formal, dirigida al compañero de Susana invitándolo a concurrir a una entrevista.

El recurso de escribir cartas se basa en una sugerencia del psicólogo norteamericano Carl R. Rogers que señala que a través de este recurso el destinatario no se siente obligado a responder, como lo sería inevitablemente si se tratara de una llamada por teléfono. Siempre se podía alegar que la carta no se había recibido. Su texto, en papel membretado, fué el siguiente

DOCUMENTO No. 1.
Sr. M.M.

De mi mayor consideración;
Ha solicitado mi asistencia su compañera, la Sra. Susana. Padece de un cuadro depresivo reactivo. Para ayudar a su recuperación, mucho le agradecería se comunicara por teléfono con mi clínica, para concertar una entrevista y conversar sobre su problema.

Saludo a Vd. muy atentamente

El compañero no apareció y tuvo lugar una tercer entrevista con la paciente, que se dedicó a informarle de cual era su diagnóstico, considerado del punto de vista psicológico y social.

Para esto se le entregó el documento que figura a continuación, que había sido previamente elaborado como ejercicio en un curso sobre problemas de pareja. Se utiliza este documento con cierta frecuencia, sobre todo con mujeres, cuya problemática se centra en el abuso de poder de su marido.

Naturalmente que este documento no se presenta en todos los casos. sino, estratégicamente, como un ejercicio de reflexión. En realidad, el mensaje sutil que contiene, es la descripción de su realidad de mujer sumisa.

De esta manera, comprobado que eran reconocidos y expresados en forma impresa sus propios rasgos, la mujer toma mujer toma conciencia de ellos y se siente más identificada en la realidad.

Se dice que los mensajes citados «tenían vigencia una generación atrás»; pero en realidad es mucho más que eso. Sin duda también son actuales:

1. para las mujeres mayores.
2. en las residentes en poblaciones pequeñas
3. en las religiosas practicantes.
4. en ciertas áreas del país, particularmente en los estados andinos.
5. en personalidades especiales, predominantemente sumisas..
6. mujeres inmigrantes nacidas en los países católicos del Mediterráneo.

Y finalmente, como una generación atrás no es tanto tiempo puede decirse que todas las mujeres venezolanas albergan en su interior, de alguna manera, rastros y vestigios de estos mensajes. El texto del documento es el siguiente;

DOCUMENTO No. 2.

NUESTROS MENSAJES CULTURALES SOBRE LA PAREJA.

Se utiliza este documento con cierta frecuencia, sobre todo con mujeres, cuya problemática es el abuso de poder de su marido sobre ella.

Naturalmente que no se presentará en todos los casos. sino, estratégicamente, como un ejercicio de reflexión. En realidad, el mensaje sutil que contiene, es la descripción de su realidad de mujer sumisa.

Un paciente comentó enfáticamente;

“Fuera de lo que dice al final sobre los personajes de la farándula, este es mi vivo retrato.”

Susana solicitó una copia del documento para leerlo en su casa. Se lo llevó y junto a él el que viene a continuación, elaborado junto a ella en base a algunos aforismos que surgieron en la consulta.

DOCUMENTO No. 3.

AFORISMOS PARA SUSANA.

1. Ten fe; hoy es el primer día del resto de tu vida.

2. El humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Y algunos colocan piedras en su camino para tropezar en ellas.

3. Hasta que se demuestre lo contrario, los hombres son infieles. Pero se les puede dar una oportunidad de probar lo contrario. En realidad, para construir tu felicidad, no necesitas más que uno solo.

4. Quien tiene dos hijos y una madre, ya dispone de bastantes reservas de amor para seguir luchando y disfrutar de la vida.

5. El sexo no tiene más importancia que la que realmente tiene; Si lo deseas disfrútalo, pero no te sientas esclava de un hombre por el simple hecho de haber dormido con él.

Estos aforismos fueron reflexiones aparecidas en el curso del diálogo terapéutico. que eran de alguna manera respuestas a preocupaciones interiores de la paciente.

Se inició entonces otra etapa de la terapia, en base a los documentos ya propuesto y los que se presentarán a continuación. Por eso, a medida que se fueron acumulando hemos denominado este tipo de asistencia

TERAPIA CON APOYO DE DOCUMENTOS

Que contiene, como relativa novedad, la utilización de material escrito, tanto originado en la experiencia previa del médico como en el paciente.

La relación médico paciente no es de ninguna manera, en estas terapias, distante y fría, del tipo de la psicoanalítica… Ni tampoco se basa en la técnica del citado Rogers, que acepta incondicionalmente todas las afirmaciones razonables del paciente.

El mejor modelo para esta terapia es el de la pedagogía en la antigüedad, donde un solo preceptor se consagraba a un solo estudiante, sobre la base del estudio de textos reconocidos.

En la asistencia médica la relación escrita entre médico y paciente no se ha popularizado mucho; lo más que el primero suele entregar a su paciente es un récipe y las instrucciones para seguir el tratamiento. Aunque, en la popularización de la práctica médica, se dispone de una amplia literatura concerniente a enfermedades específicas, libros de divulgación, publicidad de laboratorios, etc.

Solicitamos a Susana que nos trajera por escrito la historia de su vida.

No a todos los pacientes se les puede solicitar un instrumento tan poco usual. Hemos seleccionado los siguientes criterios para ello.

1. La relación médico-paciente no solamente debe ser formalmente correcta, sino que debe contener cierta calidez, cierta empatía.

2. El paciente debe tener cierta afición a la lectura y a la escritura..

3. Tienen más facilidad para servirse de él aquellos pacientes graduados en una carrera universitaria, especialmente en el campo de las letras.

4. Conviene que tengan tendencia al pensamiento racional, en contraste con el emocional tan frecuente en nuestra población, sobre todo en las personas jóvenes.

Ninguna consigna detallada se le dió a Susana para su contenido, ni se le da a ninguna paciente. Solamente se le señaló que tenía que ser escrita a mano, en una extensión de hasta unas diez cuartillas.

Este documento tenía por objeto obtener una imagen auténtica de su mundo interior sin las presiones originadas por la presencia del médico ni las limitaciones del tiempo.

Este recurso ha sido utilizado por el autor en muchos casos. En algunos ha sido útil, en otros no. En más de uno de ellos, por el contrario, comprobamos que se puede mentir tanto por escrito como de viva voz.

Da ocasión de examinar el papel que se ha elegido para escribir, la letra, los errores de ortografía y cual es el mundo tanto exterior como interior en que el paciente se interesa.

Después de estudiarlo, se examinan con el paciente los rasgos aparecidos.

La grafología pretende identificar el carácter de las personas. Hay países en que el procedimiento goza de cierto prestigio. Esta idea no tiene aceptación universal. Pero sin embargo es lógico y evidente que la palabra escrita puede brindar alguna información útil sobre la personalidad.

Las personas excitadas escriben con letra grande y los renglones son de tendencia ascendente. Los disrítmicos suelen borronear mucho el texto. Los retardados mentales cometen muchas faltas de ortografía y su caligrafía, que es pésima recuerda a la de los niños.

El recurso de la autobiografía obedece a aquella regla, siempre presente en nuestra asistencia, de que uno de los grandes esfuerzos del médico tiene que ser librarse de sí mismo, de sus propios sentimientos y prejuicios, para intentar comprender al paciente en su totalidad y autenticidad. Y un documento escrito es un hecho material, objetivo, que se puede examinar profunda y atentamente, sin estar demasiado afectado por la relación personal, y cuantas veces se desee.

De la autobiografía de Susana pudimos observar que estaba escrita en un lenguaje natural, sincero, claro y expresivo. En la temática predominaban las relaciones humanas, sobre todo con su familia y sus amores.

Poco material aparecía referente a sus estudios, intereses intelectuales, vocación profesional. Por ejemplo, de la familia se describían los sentimientos que la unían a sus padres y hermanos, pero no constaba ningún detalle referente a su historia, instrucción, posición social ni tradiciones. Todo se expresa en el más absoluto presente histórico. No aparecían reflexiones abstractas, consideraciones, especulaciones ni argumentos.

Las frases que se exponen a continuación identifican su estilo, predominantemente emocional y anecdótico.

DOCUMENTO No. 4.

TROZOS SELECCIONADOS DE SU AUTOBIOGRAFÍA.

Nací una bella mañana…
Si me hubieran puesto otro nombre que el que tengo, estaría supertraumatizada.
Me sentía muy feliz, pues era querida y consentida por todos. los A los quince años me hice novia.
Mi novio era muy celoso.
…las travesuras y coqueterías que considero normales entre adolescentes.

Es de esperarse que las expresiones emocionales se encuentren en toda persona normal, pero lo que aquí les daba su valor diagnóstico era su predominancia absoluta.

Lo más significativo en toda su biografía fué la historia de su primer embarazo. Se describe textual y extensamente, porque es la historia típica del primer embarazo de una mujer soltera, que se repite con los mismos caracteres en innumerables mujeres en el seno de una misma clase social. Y a pesar de su extremada frecuencia estadística se vive en todas ellas como un acontecimiento único, excepcional, inesperado e inicialmente penoso..

Comencé a salir con él y se iniciaron los comentarios. Nunca faltaba un compañero que me aconsejara que ese señor no me convenía, pero yo no hacía caso porque él me trataba muy bien. Un día, inesperado decidió venir a mi casa a conocer a mi familia . Mi mamá, como buena madre, me aconsejó. Me dijo que ese señor le daba mala espina, pero yo no le hice caso. El me dijo que como mi mamá le había puesto mala cara no me visitaría más en casa. Yo comencé a tener relaciones íntimas con él y un buen día comencé a notar que mis senos estaban creciendo y me iba poniendo gorda. A él lo habían cambiado para Guatire y ya no salíamos todos los días, sino solamente los fines de semana, pero nos hablábamos todos los días por teléfono. Un día resolví hacerme el examen de gravidez y el resultado lo tendría a fin de la mañana. Le pedí a una amiga que fuera a buscarlo.

Hablé con él y se contentó mucho. A mediodía tuve que venirme a casa porque me sentía mal y pasé por lo de mi amiga. La encontré muy contrariada y ya no tuvo necesidad de darme el resultado porque yo ya sabía que era positivo.

¡ Dios mío, como iba a hacer para decírselo a mamá !

Llegué a casa, me acosté con un sueño muy intranquilo, y estaba como en un sopor. Entró mi hermana al cuarto y como inconscientemente le dije todo. Mis hermanos me dijeron después que yo tenía que irme de la casa. Luego hablé con el padre de la criatura y aquella receptividad que había tenido al principio se esfumó.

Lo peor fué enfrentarme a mi mamá que ese día me llamó hasta prostituta y me dijo que tenía que irme de casa. Yo me iba a ir pero no me dejaron porque era de noche. Al día siguiente mis hermanas hablaron con mi mamá y la convencieron de que me dejara quedar. Los días siguientes fueron terribles. Cada día era un insulto continuo por parte de mi mamá. Luego toda la familia estuvo pendiente de mi hasta que parí y se pusieron todos contentos con el nuevo nietecito.

El que era mi novio, por presión de mis hermanos, fué requerido para que nos casáramos. Al principio se negó pero después lo aceptó. Nos casamos solamente por el civil, pero no sirvió para nada porque nunca llegamos a vivir juntos.

Desapareció al poco tiempo y en una oportunidad me pidió el divorcio porque estaba viviendo con otra mujer que estaba en estado.

La extrema extensión del relato del noviazgo, el embarazo, el parto y el matrimonio y la situación familiar muestran hasta que punto estos momentos son trascendentes y centralizan toda la existencia de una mujer…

Prosigamos nuestra historia. A pesar de la renuencia del compañero actual en reanudar la terapia, Susana volvió a insistir en que quería intentar reconstruir su relación de pareja.

Como actitud terapéutica se decidió aceptar y colaborar con la paciente en sus propias decisiones, dejando que su propia experiencia la llevara a su juicio de realidad.

El documento siguiente, que se le entregó y discutió con ella f, fué el siguiente;

DOCUMENTO No. 5.

CONSEJOS A LA MUJER EN CASO DE CRISIS DE SU HOGAR.

El paciente debe leer este documento tranquilo, preferentemente en su propia casa. Después, basado en él, se reiniciará el diálogo

Si fuera posible, se evitará la tradición psicoanalítica de la hora terapéutica de 50 minutos, realizando reuniones a tiempo libre, que se prolonguen mientras haya algo que decirse o suspendiéndose cuando se sienta, de común acuerdo, que ya se ha compartido bastante. Conversaciones (este término nos resulta más adecuado que el de “relación terapéutica”) que tengan por objetivo permitir la descarga emocional del paciente, concientizar aquellos problemas que puedan racionalizarse y, brindar el apoyo de una relación empática.

Estos “consejos” son de aplicación muy variada. No se aplican con precisión en todos los casos. En algunos, las circunstancias no lo hacen posible. En otros, la paciente no quiere o no se encuentra en condiciones psicológicas de llevarlos a cabo.

Se ha confeccionado también un modelo similar para el hombre, que se aplica en un número menor de casos.

No sólo se dispone de los documentos mencionados. Se han elaborado otros, de los cuales señalamos los más destacados.

Consejos para la conservación de la pareja.

La mujer y el hombre asertivos.

Amor, poder y asertividad en las diferentes formas de la relación de pareja.

Extrema diferenciaciones en los roles masculino y femenino (ejercicio puente)
Manejo del tiempo y tareas para cada sexo (ejercicio puente)

Todos estos documentos son instrumentos que se aplican a cada caso en particular. En todos ellos se ofrece, de manera directa o implícita, material de información que ayuda a transformar los conflictos emocionales en reflexiones racionales que brindan conocimiento intelectual y fórmulas conductuales prácticas.

Bruscamente la asistencia de Susana asumió un giro inesperado. Se encontraron ambos, por casualidad, en un lugar público. Se pusieron a conversar, primero en forma muy defensiva y después casi agresivamente. Susana recordó, cuando describió la entrevista, todas las cosas que ella le había dicho, y sobre todo que no podrían volver a vivir juntos solamente si concurría al consultorio del psiquiatra, pero no pudo recordar muy bien las que le había dicho él.

Y una tarde, inesperadamente, el compañero se presentó en el consultorio, sin haber solicitado cita. Tenía el aspecto y vestido de los hombres de las clases populares. Una camisa de colores vivos y un par de Jeans. Su actitud era alerta, defensiva y casi temerosa. Dos ojos bien abiertos irradiaban angustia. Le costaba expresarse. Fué necesario que se sugiriera toda la tranquilidad posible para posibilitar el diálogo. Un cafecito ayudó. Al fin, lentamente, se fué estableciendo una cierta confianza. Y se recogió su versión de la historia, demasiado diferente de aquella que había ofrecido Susana.

El contraste de ambas explicaciones evocaba una película famosa en la historia del cine Rasho Mon, del director Akira Kurosawa. Si no se tuviera conocimiento de que ambos formaban una pareja, jamás se hubieran podido reconocer como tal .

Relató que, durante los primeros tiempos era un perfecto compañero durante los días hábiles de la semana pero que a partir del viernes tenía una enorme necesidad de salir, de esparcirse, de encontrarse con amigos, y de echarse palos. Algunas veces, a causa de la embriaguez, no volvía a su casa y se quedaba a dormir en cualquier lado. Su conducta fué tolerada y poco a poco los plazos de su ausencia del hogar se hicieron más prolongados.

Llamó la atención la angustia con la cual relataba estas fugas. Dió la sensación, no expresada en palabras de aquellos personajes de Herman Hesse que recorrían el mundo sin encontrarse a sí mismos. No se trataban de simples francachelas las que lo alejaban de su hogar sino una inconsciente búsqueda de sí mismo.

Las cosas se complicaban porque vivía en casa de su suegra. En contraste con la actitud pasiva y tolerante de su mujer, ésta se mostraba agresiva e intolerante.

Habían habido, naturalmente, en su vida, otras mujeres. Pero ninguna de sus aventuras tuvo mayor significación. Eran relaciones efímeras, sexo “al paso” que no habían dejado huellas en sus sentimientos.

Llegó a convertirse en un alcohólico. Aceptaba que muchas veces no podía detenerse después del comienzo de la ingestión de alcohol, pero también que era capaz de pasar largos períodos de abstinencia.

Concurrió durante un tiempo a Alcohólicos Anónimos, pero sintió que la expresión inagotable de las culpas de los presentes no solamente no lo satisfacía, sino que le era pesada e intolerable.

No lograba en los grupos la intimidad, la expresión de sí mismo, su personalidad no alcohólica, que necesitaba liberarse. Y los abandonó.

A causa de la acumulación de todos sus problemas, su alejamiento del hogar se hizo permanente. Se fué a vivir a casa de un hermano. Las aventuras que tenía con mujeres eran nada más que un recurso, para remediar su soledad. Una de sus amantes ocasionales, de las que pasaron por su vida un solo día, llamó a su casa e informó a Susana que también ella había sido abandonada por una mujer más.

El paciente hubiera sido ideal para una terapia profunda. Pero no estaba en condiciones de solicitarla o aceptarla.
Había nacido en el seno de una familia matriarcal. Eran muchos hermanos, de varios padres. Nunca tuvo estudios regulares.

Debido a su inteligencia natural tenía clara conciencia del ambiente miserable en el cual vivía desde su nacimiento. No completó ni siquiera los estudios primarios y echó a vagar por las calles. Pero gracias a su búsqueda incansable de su destino logró un empleo de bajo nivel en una gran empresa. Allí se dedicó con ahinco a trabajar y progresar. Logró algunos ascensos y lo hicieron participar en numerosos cursos, que le permitieron desarrollar sus capacidades. Así ascendió hasta llegar a un nivel relativamente alto, el máximo al que su formación le permitiera aspirar.

Nunca perseveró en seguir estudios regulares, ni de afiliarse a algún tipo de institución, fuera política, cultural o religiosa a través de la cual ubicarse en la sociedad. Solía leer la prensa, que devoraba con avidez. Carecía de la orientación que lo llevara hacia algún libro o autor especial.

Gracias a su actitud noble, abierta, sincera, con su inevitable matiz de angustia, atraía las confidencias. Cuando se le acercaba un compañero a contarle sus cuitas lo escuchaba atentamente, y esta actitud estimulaba al otro a abrirse cada vez más. Pero cuando percibía que el otro se aproximaba hacia su intimidad personal, cortaba la relación.

Vivió, como era natural en su ambiente, con una mujer en la cual engendró un hijo. No consiguió encontrar en ella la compañera que su necesidad emocional requería. Fué uno de los innumerables casos de hombres que no logran encontrar una mujer porque no se han encontrado a sí mismos. Y su vida estuvo integrada por el trabajo, el alcohol, su soledad irredenta y su incomunicación, hasta que conoció a Susana.

El amor hizo felices los primeros tiempos de la pareja. Pero Susana, colmada con la dicha compartida con un hombre amado, y con el nacimiento de su segunda hija, no sabía interpretar sus silencios y mutismos. El cuidado de su hija lo hizo desatenderlo y él no fué capaz de reclamarlo. Fué tolerante con sus salidas nocturnas y su ingestión desmesurada de alcohol. Siempre pesaba sobre ella la obsesión de perderlo, y la infidelidad era el gran tema de su angustia. Bastó la comprobación de una de ellas, para que confirmara su propia (aunque limitada) visión de la realidad. Encontró la explicación que buscaba, que se encontraba ya prefigurada en su mundo interior de mujer enamorada.

Susana solicitó ayuda psiquiátrica y así volvemos al comienzo de nuestra historia.

Lo curioso de esta historia es que su final aparece como irracional. Antes de la próxima cita, Susana anunció que se veía obligada a postergarla. Hubo una nueva llamada, con los mismos fines. Y la última noticia que se tuvo de la pareja fué cuando, con objeto de las fiestas de fin de año, volvió a llamar para saludar al médico e informarle que estaba viviendo de nuevo con su compañero, que no tenían problemas y que le estaba muy agradecido por lo que había hecho por ellos.

El futuro se presentaba dudoso. Ninguno de los dos estaba totalmente en sus cabales. Susana estaba demasiado enamorada y dispuesta a pagar muy alto precio de dignidad y de sufrimiento por conservar ese amor. Su compañero seguía siendo víctima de un pasado marginal, de una búsqueda existencial permanente de la que ni siquiera había podido tomar conciencia. El alcohol seguía siendo una espada de Damocles sobre la pareja. El amor parecía haberlo resuelto todo. Y de acuerdo a esa fórmula tan frecuente en nuestra cultura, los problemas internos, emocionales, se resolvían a través de conductas externas. Buscarse, amarse, vivir juntos, abandonarse, separarse. No hubieron planes, discusiones abiertas sobre el futuro, proyectos y entendimientos racionales. La emoción y un vivir intenso, apasionado seguirían siendo para siempre la norma de vida de esta pareja y de todas las similares.

De lo que no se tiene la menor duda es que la relación terapéutica, y el apoyo de los documentos, siempre disponibles para leerlos y para meditar sobre ellos, contribuyeron a la comunicación y al resultado final al cual se llegó.

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