Salud y Bienestar

Capítulo IX – Sumisión

(%=Image(5591016,»L»)%) Sí, doctor, tengo 28 años de edad y me llamo Albertina.. Nací en un cerro y trabajo en un cerro. Soy maestra. No estoy nada conforme con mi trabajo. Los niños faltan con frecuencia. Cuando vienen a clase no pueden concentrarse en los estudios y aquello es un griterío y un revoltijo. El local se encuentra deteriorado y cuando llueve es imposible permanecer en él. Los baños apestan a olor a orina. Nadie los limpia nunca.

Estudié para maestra porque era la única profesión para la cual había cupo. En realidad no me gusta. Hubiera preferido una profesión universitaria, algo así como la enseñanza de la literatura en secundaria. Pero esto fué todo lo que logré.

Mi actual padrastro es un hombre viejo, al cual creo que mi madre recogió por compasión, y además para que colaborara con los gastos de la casa, porque es jubilado de una petrolera.

Somos cuatro hermanos. Uno tuvo la suerte de poder emigrar a los Estados Unidos. Hace años que no tenemos noticias de él. De otra hermana mía no sabemos nada; parece que se encuentra en el Táchira, quizá en Colombia. Me temo que esté ejerciendo la prostitución. Mi hermano mayor es un alcohólico y mi madre lo mantiene. Cuando gana algún dinero se lo gasta en licor.

Vine a verlo porque ya no tengo fuerzas para seguir viviendo. Yo pensé que me había librado de mi entorno marginal cuando conocí a mi novio. Pero él me manifestó hace pocos días, de manera radical, que no quiere que nos sigamos viendo. Fueron cinco años de amores dichosos. Ibamos juntos a todos lados.

Tuvimos, naturalmente, nuestros conflictos. Una vez, concurriendo a cierta Iglesia que no quiero nombrar, conocí a un hombre que me fascinó. Salí con él y mantuvimos relaciones sexuales. Pero al poco tiempo me di cuenta de que estaba siendo usada. Y lo que al principio fué un deslumbramiento terminó siendo un hastío progresivo y el remordimiento de haber traicionado a un hombre que me quería de veras. De mi infidelidad mi novio no supo nunca nada, hasta el día de hoy.

No solamente le fuí infiel una vez, Estando mi novio de viaje conocí a un compañero de estudios, que tanto me requirió de amores, que al fin cedí. Creo que mi novio sospechó algo, pero nunca pudo tener la certeza.

A pesar de estas relaciones, doctor, le aseguro que siempre lo amé y lo amo de todo corazón. Lo que me sucede es que soy débil, y no sé decir que no. Debe ser por mi crianza.

¡ Eramos tan pobres ! Tampoco me gusta el color de mi piel. Cuando salía con mi novio, que es blanco, bien blanco, yo me avergonzaba de estar junto a él. Le pregunté como se sentía conmigo y él siempre me decía que me amaba, sin importarle mi color.

No estoy conforme conmigo misma. Si llego a sufrir este abandono, como me parece inevitable que suceda, mi vida será un fracaso completo.

Recuerdo mi primera experiencia sexual. Fué sobre el piso. El estaba borracho, y para no sentirle el olor a alcohol, yo tuve que dar vuelta la cara. Lo hice nada más que por curiosidad. Tenía 13 años y todas lo hacían. Por eso acepté al primer hombre que me pretendió. Pase con él varios años infames. Me venía a buscar cuando andaba con ganas de hacer el amor y no tenía otra mujer con la cual desahogarse. Y yo lo aceptaba. Hasta que un día conocí, por casualidad, al que fué mi novio y rompí definitivamente con él. Parece que se mudó de barrio y ya no lo he visto más.

Menos mal que nunca quedé embarazada. Con un hijo la vida me hubiera sido todavía más difícil. Pero cuando supe que amaba verdaderamente a mi novio me asaltó la angustia de pensar que era estéril. No me preocupé más porque no quería tener un hijo soltera. Quise apartarme de esta sucesión inacabable de hijos ilegítimos que es todo nuestro mundo.

Con mi novio sentí que mi vida cambiaba. Fué el mejor compañero que jamás tuve en mi vida, aunque mi relación sexual no fué buena. Me parece que debido a mi primer experiencia quedé frígida para siempre. Mi novio, como es muy sano, no tuvo conmigo problema sexual ninguno. Alguna vez le dije lo que me pasaba y entonces recurría al sexo oral. Con eso me satisfacía más. De cualquier manera yo era feliz estando a su lado, conversando con él y compartiendo nuestras experiencias.

Gana mucho más dinero que yo. Trabaja en la misma empresa en que se empleó cuando vino a Caracas. Y ha progresado mucho. Además, sigue estudiando. Dentro de uno o dos años se recibe de ingeniero electrónico.

En cambio yo me he quedado donde estaba. Me conformaba con la felicidad de estar a su lado. Y me temo que él se haya sentido cada vez más lejos de mi. Creo, estoy casi segura, que no tiene otra mujer. Supongo que se hastió de mi.

Lo peor de todo es que yo no me quiero a mi misma. Me he dedicado a leer libros de auto-ayuda y he hecho cursos de autoestima, pero para nada me han servido. Aunque sea maestra mi condición de mujer de origen marginal me abruma. Mi título de maestra es apenas poco más que haber terminado la escuela secundaria.

Hace una semana que me dejó. Lo hizo con palabras que para mi son definitivas. Aunque tengo la esperanza que me llame la semana que viene. Se cumple un aniversario más del día en que nos conocimos, Y jamás ha dejado de llamarme en esa fecha. Si no lo hace yo sé que ya no tengo esperanzas de ninguna naturaleza con él.

¿ Cómo me va a querer él a mi si no me quiero yo misma ?

Hace varias noches que no duermo. Por favor, recéteme algún comprimido para poder conciliar el sueño. Y algo también para estar menos deprimida durante el día.

No es bastante para salir de la marginalidad con que una mujer tenga una profesión. Ni tampoco que lea libros, ni que concurra a cursos. Tampoco es suficiente con que gane algún dinero. es necesario, además, que se quiera a sí misma.

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