Salud y Bienestar

Las Emociones: Cambiando viejas creencias. Parte I

Dra. Maria Ballesteros – Psicólogo – Psicoterapeuta familiar.-

Muchos son los recursos con los que contamos para transitar éste camino de vida en el que nos encontramos con nosotros mismos, y por añadidura con los demás.

Entre las experiencias que amplían nuestra visión están los consejos de otras personas, lecturas, enfermedades, espacios de oración o simplemente un evento que por estar listos para recibir su mensaje, hace que nos digamos a nosotros mismos: “¿Porque esto siempre me sucede a mi?

Todas estas experiencias, incluyendo mensajes, intuiciones y sueños serán para nosotros espejos donde una y otra vez nos observaremos hasta que nuestro formidable “darnos cuenta” tenga lugar.

Hoy nos detendremos en uno de los mejores informantes con que contamos; nuestras cinco emociones básicas: rabia, dolor, miedo, alegría y tristeza. Aquí vale aclarar que cuando, por ejemplo nos sentimos molestos o con rencor estamos transitando la emoción de la rabia. Si sentimos nostalgia o desilusión solo explorándolas sabremos si nos referimos a tristeza o a dolor.

A lo largo de la historia vemos como nuestras emociones que han sido siempre las mismas, se han interpretado de maneras muy distintas. Han sido vistas desde impulsos que nos acarrean grandes daños, o como pecado, hasta ser consideradas en nuestros tiempos como uno de los más valiosos informantes con los que contamos. Por ésta razón las describí en mi articulo anterior como vehículos de luz donde viajan nuestros pensamientos.

Imaginemos por un momento nuestras palabras pronunciadas sin ningún tipo de emoción. Si bien existen muchos recursos para entender las ideas, por ejemplo, la sintaxis, las omisiones, equivocaciones, los silencios, el cambio repentino de tema y el importantísimo lenguaje no verbal, por nombrar algunos, las emociones nos brindan una excelente comprensión de los verdaderos significados a la hora de comunicarnos con nosotros mismos o con todo lo que nos rodea.

Zaccanini Sancho en su libro: “Qué es la inteligencia Emocional: la relación entre sentimiento y pensamiento en la vida cotidiana” nos muestra en orden cronológico como fueron vistas las emociones a través del tiempo.

En la Grecia Clásica las emociones eran vistas como impulsos puestos por los dioses para manejar a los seres humanos a su antojo, por esta razón el hombre estaba amarrado, limitado y por su falta de voluntad no le quedaba otro camino mas que el sufrimiento.

En la Edad Media eran vistas como impulsos negativos donde lo mundano, lo carnal y el demonio, influían sobre el ser humano y trataban de alejarlo del camino del bien, aquí lo único que podía hacer el hombre era resistirse ante sus emociones.

La Modernidad trae un cambio. Aquí las emociones no nos llevan al descontrol y al pecado sino que nos muestran su carácter irracional en contraste con el carácter recto de la razón. En éste tiempo el pensamiento y la ciencia con sus grandes aportes ubicaron al margen a las emociones.

Esta visión histórica nos permite observar el por qué todavía hoy podemos referirnos a algunas emociones como emociones negativas, cuando ellas en sí mismas no lo son.

Ahora en el siglo XXI la forma de ver nuestras emociones ha cambiado y la razón y la emoción han salvado las distancias para mostrarnos que nuestro “actuar” es mucho más coherente en tanto nuestro “pensar” y “sentir” estén más conectados.

Así vemos como las emociones, tanto en el ámbito psicoterapéutico como en el diario vivir, nos acompañan para nuestro bienestar y representan un importantísimo recurso para entendernos, construirnos y reconstruirnos.

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