Salud y Bienestar

Odio en política

En tiempos remotos el ser humano primitivo en su lucha por sobrevivir agredía violentamente al rival y se alegraba de su desgracia. En esa sociedad primitiva se batallaba a muerte por sobrevivir, pues no había recursos suficiente para todos, y había muchas amenazas, por eso pudo tener sentido pues si alguien quedaba eliminado esto representaba más oportunidad de sobrevivir, aunque suene duro era así. Afortunadamente eso se ha dejado atrás en la medida que nos hemos civilizado, que hemos conseguido más oportunidades para sobrevivir y formas más evolucionadas de convivencia y relación.

Quedan sin embargo vestigios en el humano actual de esos sentimientos primitivos. Sigue habiendo en el hombre el sentimiento pocas veces confeso y vergonzoso de la alegría que provoca el sufrimiento del otro, sobre todo si ese otro de alguna manera se percibe como adversario. Este sentimiento (nada de que sentirse orgulloso) existe normalmente en forma discreta y controlada, pero a veces puede llegar a ser destructivo. Se ha descubierto que cuando este sentimiento se comparte en grupo tiende a potenciarse ya que somos más fieramente competitivos en grupo que individualmente.

En escenarios políticos radicales donde hay posiciones encontradas es posible estimular este sentimiento negativo grupal en forma perversa para obtener beneficios. Un líder con discurso agresivo puede estimular en sus seguidores el odio hacia los adversarios políticos legalizando y justificando este sentimiento que conduce a la violencia. Llega al punto en que ser violento con el adversario llega a ser percibido con orgullo, y la agresividad se convierte en manifestación de lealtad. La validación del odio abre las puertas a la legalización y permisividad de la violencia.

Según científicos sociales esto explica como sociedades en el pasado pueden haber visto con tolerancia atrocidades como el holocausto alemán o el genocidio de Africa del Sur cuando Mandela estaba preso. Prejuicios o resentimientos acumulados que existen y son manejados sanamente en cualquier sociedad fueron perversamente manipulados y magnificados hasta lograr despertar, aún en los ciudadanos más pacíficos, sentimientos horribles de placer ante la desgracia del otro que llevaron a justificar la brutalidad.

El estímulo del odio político lleva a la tácita aceptación de la discriminación y el maltrato, ablanda la moral y predispone al exterminio. El estímulo del odio para beneficio político es repudiable, conlleva responsabilidad, debe ser denunciado y rechazado. Los gobiernos que son servidores públicos que deben mantener neutralidad y por su posición atender y darle importancia a todos por igual tienen especial responsabilidad en esto pues como representantes públicos no pueden parcializarse y menos auspiciar el odio. Es imperdonable.

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