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Cecilia Martínez, la novia de la radio, se fue a los 102 años

Cecilia Martínez, la eterna enamorada de la radio, dejó de existir este miércoles a los 102 años de edad. Vivía en Caraballeda.

La noticia la dio a conocer la periodista Milagros Socorro en su cuenta de Twitter: “Acaba de fallecer en Caracas la pionera de la televisión venezolana Cecilia Martínez. Tenía 102 años”, escribió.

Martínez siempre será recordada porque fue la primera mujer que ejerció la locución en Venezuela. Ese hito lo marcó en Radio Caracas Radio.

La actriz y locutora era tataranieta del expresidente de la República, Cristóbal Mendoza, prima y modelo de Armando Reverón y del humorista Leoncio Martínez.

Nació en Caracas el 24 de noviembre de 1913, entre las esquinas de Truco y Guanábano fue testigo presencial de la evolución del país desde principios del siglo XX.

Fue la segunda de los cuatros hijos del matrimonio de Alberto Martínez Reverón y Josefina Mendoza Aguerrevere. A los 13 años, Cecilia quedó huérfana de madre, por lo que su padre se encargó de la crianza de ella y sus hermanos Josefina, Beatriz y Alberto.

Fue compañera de juegos del niño Rafael Caldera, con quien coincidía en el patio de la casa de su abuela Josefa Aguerrevere de Mendoza, abuela también de Lorenzo Fernández González Mendoza. También estudió con María Teresa Castillo en el colegio Chávez, reseñó el site de Panorama.

Cuando era niña se enfermó de la difteria y el doctor José Gregorio Hernández Cisneros, médico de cabecera de su familia, le puso una inyección. Desde entonces lo consideró el doctor que le salvó la vida. “Yo lo vi muerto. Estaba chiquitica. Él vivía a una cuadra y salí corriendo cuando lo atropellaron. Mi papá lo invitaba a comer pollito. Era un hombre muy bello. No sé si será santo, porque para eso exigen una pila de cosas. Pero para mí, que lo conocí de cerca, era un santo”, contó en una entrevista.

El 8 de diciembre de 2013, El Universal publicó una entrevista a propósito de sus 100 años de vida. Fue entrevistada por la periodista Ana María Hernández. A continuación, la reproducción de la misma:

-¿Qué se siente haber vivido todos estos años?
-Nunca me pasó algo verdaderamente malo en la vida. Tuve una familia linda. No puedo quejarme.

-Usted ha visto muchos cambios en el mundo, ¿qué le ha impresionado más?

-Venezuela.

-¿Y qué cambios ha visto en Venezuela que le hayan impresionado?

-Lo que el país está pasando. Yo creo que esto no lo ha pasado el mundo ni en la guerra europea. Te digo francamente, en todos los países siempre ha habido cambios, pero ha habido gente muy inteligente que ha sabido sortear los temporales.

-¿Qué acontecimientos históricos le han quedado en la memoria?
-Las guerras en el mundo han sido dantescas, por la cantidad de niños que han muerto. Todos hemos tenido que aguantar mucho, y ahora estamos aguantando en Venezuela.

-¿Qué cambiaría de la historia de Venezuela?
-Al presidente Maduro.

-Pero dígame algo más, otra cosa…

-Pero, chica, una metidita de zancadilla está bien (risas). En general, el venezolano es bueno, pero se ha estado echando a perder. Tenemos que cambiar, y querernos más los unos a los otros.

-¿Qué diferencia ve, por ejemplo, de la época de Pérez Jiménez con la actual?

-Pérez Jiménez fue malo, pero como este ninguno.

-¿Cómo percibe a la gente, cuando la lucha contra la dictadura de Gómez y el ciudadano actual?
-La dictadura de Gómez fue horrible, y sufrieron familias, hubo torturas. Fue muy malo. Ahora en estos momentos veo que somos muy sinvergüenzas, habría que ponerse las botas. La gente se ha vuelto muy pasiva, prefiere estar en su casa en lugar de luchar por algo. Hay que empezar por luchar no solo para cambiar lo actual, sino para cambiar también al país.

-¿Todavía usted escucha radio?
-Veo más televisión que oír radio, porque me cuesta menos trabajo y me divierto más. Debería tener más contacto con la radio, pero no la escucho lo suficiente como para criticarla. La radio actual tiene una especie de flojera. La gente que la escucha no dice que tal o cual programa es buenísimo. La escucha y la deja pasar.

-Además del comercial del jabón por el cual usted fue censurada en la época de Gómez, ¿hubo alguna otra picardía?
-(Risas) El jabón de John Laud. Mira, tú le estás exigiendo a este cerebro viejo que se acuerde (risas). Si lo que quieres saber es si fui pícara, pues sí, yo fui muy pícara, echaba mis cuenticos, pero no podía propasarme, empezando por mi papá, que me metía en la cárcel (risas).

-¿En la cárcel? ¿Por qué no solamente una buena pela?
-(Risas) Un poco exagerado. Me decía: «Tenga mucho cuidado, mija, a usted la está oyendo mucha gente». Y yo le respondía: «Papá, ¿cómo sabes que me oye la gente? A lo mejor no me oye nadie». Yo fui huérfana de madre, pero mi papá fue un padre excelente, siempre pendiente para ver qué hacía, con quién bailaba.

-¿Cuál ha sido la época más represiva para los medios de comunicación?
-Es una pregunta difícil… Siempre ha habido algo de represión. Pero la más represiva fue la época de Gómez. Llegaba un fiscal a la emisora y decía: «Usted estuvo pasada», y nos llamaban la atención. Creo que hubo más represión en radio que en televisión.

-¿Qué le dice la gente cuando la ve en la calle y la reconoce?

-Se alborotan. ¿Hasta cuándo se alborotan? (risas) ¡Ya yo soy una vieja! Me preguntan cómo empecé, todo eso que a la gente le da curiosidad. «¿Y usted se divorció?», «¿se casó dos veces?». Y respondo, «Sí, me divorcié, y luego conseguí otro marido».

-Fue duro divorciarse en una época represiva para las mujeres…

-Fue muy fuerte. Pero todo el mundo estaba de parte mía. Mi esposo fue muy mal portado, me divorcié y me volví a casar. Yo fui muy feliz en mi segundo matrimonio, con Eduardo Reyna, que era argentino. Fui muy feliz con él.

-¿Le parece que todavía hay mucha represión contra la mujer?

-Claro. No una discriminación en sí, sino que los hombres quieren que seamos santas y ellos unos demonios.

-¿Cómo percibe la liberación de las mujeres en la actualidad?
-Hay más liberación en el mundo que en Venezuela. Yo he viajado y lo he visto. Yo fui un poco perseguida, porque era joven, trabajadora, bonita y muchos hombres me atacaron. Muchos me buscaron el ladito malo, pero en eso mi padre fue una maravilla. «Usted, haga lo que considere. Pórtese bien y no le haga caso al qué dirán», me decía. Yo fui educada en el Colegio Chaves, que era un Chávez bueno (risas).

-¿Qué percepción tiene de las nuevas tecnologías?
-Me maravillan, me parece que tenemos que seguir adelante con esos avances.

-¿Tiene Twitter?
-Yo no. Ay, me estás pidiendo mucho.

-Si lo tuviera, ¿qué pondría?

-Contaría cosas. La que tiene Twitter es mi hija Elena, que se la pasa tuiteando.

-Recientemente falleció Oswaldo Yepes...
-Ay, lo he llorado tanto. Fuimos muy amigos, éramos íntimos amigos Oswaldo, Lisbeth, su esposa, que también murió, y yo. Se me va la gente, y qué le vamos a hacer.

-¿Le teme a la muerte? ¿A la soledad?

-Soy temerosa de esas cosas. No le temo a la soledad, sino a la falta de amistades, de gente que tenga a mi lado. Pero no soy una viejita cobarde.

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