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Clemencia Labin y su Velada de Santa Lucía

maginemos una escultura en forma de calle: casas abiertas a la creatividad, espacios tapizados de color, farolas de papel, bordados mágicos en las aceras, árboles sin miedo, tertulias multiculturales, hombres y mujeres intercambiando ideas, impresiones y cotidianidad a través del arte. Imaginemos las luces benditas de Santa Lucía, reflejos de trabajo, disciplina, corazón e inspiración. Imaginemos que vamos siendo día y noche una escultura feliz. De materia viva, así es, la Velada de Santa Lucía, el proyecto de arte colectivo de la artista Clemencia Labin, quien representa a Venezuela en la 54ª Bienal de Venecia. El curador del pabellón de Venezuela, Luis Hurtado, incluye también en su propuesta general «Espacios» dos proyectos individuales: Gran Interior, de Francisco Bassim y Solaris, de Yoshi. 

Un dúo de videos y de sonidos reviven, inmediatamente a la entrada del pabellón de Venezuela, la experiencia de una semana de lujuria creativa en la plataforma de intercambio cultural creada y organizada por Clemencia Labin en la avenida 2D de Maracaibo, donde –desde hace ya once años– tiene lugar la Velada Santa Lucía

En un cuarto oscuro, color graffiti, especialmente construído para la Bienal, se proyecta una entrevista de nueve minutos con la artista. 

Un plasma de 60 pulgadas empotrado en la pared de afuera –pintada de amarillo limón haciendo alusión a los colores de las casitas de Santa Lucía– muestra, como a través de una ventana, la Calle del Arte intervenida por la vida. El resto de las paredes del espacio asignado a la artista están pintadas de rojo bermellón, verde menta y rosa viejo. En el patio del pabellón, cerca de la fuente, se escuchan dos sonidos en loop: la resaca de las olas del Lago de Maracaibo y el llanto de las lloronas durante el performance de Labin Cuadro Vivo de Santa Lucía en la Velada de este año, en Maracaibo. Finalmente, encontramos un mausoleo con los santos del performance Velada Santa Lucía Tránsito Veneciano realizado por Labin el pasado 3 y 4 de junio con motivo de la inauguración de la Bienal. 

La Velada de Clemencia Labin es un paradigma de estética sentida y concurrida, arriesgada tanto al contraste ideológico como a los matices culturales. En la Calle del Arte se dan cita anualmente más de 300 curadores y artistas de Venezuela y el mundo, para exponer sus obras, instalaciones y performances en una de las más de 40 casas de la avenida 2D que se han venido sumando al proyecto voluntariamente. A laVelada de marzo de 2011 concurrieron más de 4.000 personas, según Kike Urdaneta, encargado de recibir y ubicar a los artistas participantes. Y es que el estampado urbano-estético de este encuentro provoca movimientos profundos, estimula a ordenar sin restringir, alienta el asombro e incita al diálogo, en un ambiente creativo es decir, de libertad, compromiso y respecto. 

«Trasladar la avenida 2D de Maracaibo a Venecia fue sin duda un gran reto que requirió no sólo de la iluminación de Santa Lucía, sino también de trabajo, constancia, dedicación pero, sobre todo, de confianza en la magia del arte», afirma Clemencia Labin, quien me recibe sonriente en su atelier de Hamburgo vestida con una falda de arabescos verdes a lo Matisse, chaqueta negra, blusa y medias panty amarillo limón. En el suelo yace uno de sus últimos trabajos llamado Pulpas planas donde la artista combina diversos materiales, texturas, estampados y colores, en forma de grandes gobelinos, logrando una opulencia extraordinariamente bella y seductora, similar al kimono de una geisha o de una cortesana japonesa. Este gobelino, como me explica, será colgado en la pared sobre tres cucharas de madera sobresalientes formando tres pliegues o dobleces, voluminosos y ligeros a la vez. ¿Alusión a la vela de un barco viajero o, tal vez, a un paisaje movedizo, denso y suave, arraigado en ella? Esto, y quizá mucho más, se podría declinar en la obra de esta artista que desde los 14 años aprendió a degustar otros mundos e ideas sin perder su gusto propio, su esencia. En Nueva York, donde hizo un Master en Administración en la Universidad de Columbia, conoce el amor en alemán. 

En Hamburgo, luego de formar una familia de tres hijos, estudia en la Academia de Arte de Hamburgo bajo la tutela de los profesores y artistas Kai Sudeck, Franz E. Walther y Sigmar Polke. Tres estéticas diferentes: por un lado, la pintura informal y abstracta; por el otro, el arte procesual –el que más allá de lo estético-concreto busca «activar» la relación espectador-obra para producir su reacción y reflexión–: y por último, el humor del realismo capitalista, todo esto se suma al interés principal de Labin: el de expresar bienestar y felicidad a través del arte. 

En su opinión: «el artista tiene casi una obligación de compartir sus logros y de hacer llegar su mensaje a un gran número de personas. Puesto que de esta manera contribuye no sólo al mejor entendimiento de su proceso creativo, sino que al compartir, fomenta una consciencia creadora en colectivo, tan necesaria en las comunidades y en el mundo. Para el ser humano es esta `musa’ o momento de libertad, un factor importante para lograr su equilibrio mental. Desgraciadamente se le da más importancia a otros factores como los económicos, políticos o sociales olvidando, con frecuencia, que la mejor fuente de felicidad que existe está en la creatividad». 

Con esta conciencia de responsabilidad artística en relación con la sociedad y al mundo llega Clemencia Labin a la Bienal de Venecia, investigando, experimentando y sintetizando en materia de arte y vida, y lo que es más importante aún, siguiendo siempre su deseo de plenitud y atenta a su «pulpa» interior. Puesto que su obra «vive» en ella, dentro de un cuerpo de posibilidades sensoriales e imaginativas, infinitas y flexibles. 


La Velada de Clemencia Labin es un paradigma de estética sentida y concurrida, arriesgada tanto al contraste ideológico como a los matices culturales. 


Además de sus performances Cuadros vivos y de la escultura social Velada Santa Lucía, la artista ha desarrollado una serie de obras conocidas como Mundo pulpa chicPulpas planas y Pinturas de murorevelando de esta manera su ilimitado ingenio creativo y su carácter emprendedor. «Creo que un artista no debe limitarse a un medio, sino que su presentación o concepto, momento o mensaje debe de variar de acuerdo a las necesidades del momento. Ya al decir que soy artista estoy implicando una actitud de creación general y no limitante, como sería el decir yo soy pintora o escultora», sostiene Labin, mientras paseamos frente a una de sus Pinturas de muro

Se trata de espacios imaginarios que la artista crea con telas, tirro de pintor y creyones de óleo negro, directo sobre la pared. «Todo es una ilusión», apunta Labin –con una sonrisa pícara y serena a la vez–, «a pesar de lo abstracto de mis obras, las texturas y las formas voluptuosas, evocan sensualidad e incitan al tacto». 

En efecto, sus estructuras de algodón de poliéster tapizadas con lycra, es decir, tela de bikini de color vivo y extremadamente flexible, intervenidas con una nota de color acrílico, transgreden el tradicional formato superficial de la pintura. 

A partir de esta fusión de elementos plásticos y pictóricos Labin obtiene formas sugestivas o estructuras abstractas, cuyos colores y texturas incitan al ejercicio de los sentidos. 

Evocan cuerpos entrelazados, circunvalaciones cerebrales, nubes de paso, paisajes montañosos, capullos, brotes, protuberancias. Midipulpa frambuesaMidipulpa CeciliaMegapulpa porcelana, entre otros títulos de sus obras, hacen alusión a frutas carnosas y jugosas, a latinas tomando sol en una playa o simplemente a una memoria espiritual y corporal de abundante belleza y vitalidad. Además, el ensimismamiento de estas figuraciones voluptuosas sugiere el placer de abrazar, simultáneamente, la felicidad y la libertad. Y es que a través de la forma ornamental, el color y la textura Labin disuelve todo límite o sujeción real provocando sensaciones de integridad afines al bienestar y a la dicha y, en todo caso, análogas a la «sensación de vuelo, de elevación» de la que habla Henri Matisse en su tratado Écrits et propos sur l´Art (1972): «Je suis parvenu par les lignes, par les couleurs, par les directions d’énergie, à donner ainsi au spectateur la sensation du vol, de l’élévation, qui lui fait oublier les proportions réelles». 

Tanto la Velada Santa Lucía como el trabajo pictórico-plástico y performativo de Clemencia Labin reivindican, por una parte, la fuerza transformadora, gratificadora y conciliadora del arte; y, por otra parte, revelan su perfil artístico único como creadora, patrocinadora y mecenas de un arte vivo, comprometido y dispuesto al intercambio estético, social e ideológico en un contexto internacional y multicultural. Bajo el cielo alemán Labin logra ordenar la pasión ­ latina, simbólicamente hablando ­, respetando el caos y la diversidad, es decir, sin unificarla ni limitarla, al mismo tiempo que mantiene viva la llama de la serenidad y la magia de las luces.

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