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Continúa el embrujo de Casablanca

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A 60 años de su estreno, la casa productora Warner Brothers acaba de sacar al mercado una edición aniversaria en DVD de Casablanca, considerada por muchos cinéfilos como la película más romántica hecha en la época de oro de Hollywood. Para los que no la han visto, se trata de un drama ambientado en la ciudad más cosmopolita de Marruecos, entonces una colonia francesa pero dominada por los nazis después de la capitulación de Francia en 1939.

Con una trama sencilla, y filmada totalmente en estudios californianos, la cinta fue un éxito inmediato en los países aliados y neutrales, ya que en la Europa fascista fue prohibida. A seis décadas de su première la película sigue llamando la atención, aun cuando para verla habrá que adquirir o alquilar dos discos DVD, que contienen la versión digital del filme, en copia restaurada y con sonido digital, además de entrevistas y cortos sobre detalles asociados con la realización de la famosa cinta.

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La trama narra las peripecias de una pareja de antifascistas europeos (Ingrid Bergman y Paul Henreid), prófugos de los nazis y de paso en Marruecos para conseguir permisos del gobierno colonial que los conducirían a EE.UU. para proseguir desde allá su lucha contra Hitler. En Casablanca se encuentran con un viejo amante de ella (Humphrey Bogart), norteamericano y dueño del night club Ricks’s Café Americain. Así, la pareja busca su ayuda para obtener los escasos permisos de salida, todo mientras los nazis y algunos oportunistas (Peter Lorre entre ellos) tratan de impedirlo y apropiarse de las visas.

Al final, a pesar de haber reanudado el romance, los dos viejos amantes renuncian a su aventura y se separan nuevamente en aras de sus ideales. La antológica secuencia final en el aeropuerto es realmente conmovedora, todo mientras de fondo se escucha nuevamente el tema musical del filme, “As time goes by”, la preferida de los dos amantes y una de las partituras cinematográficas más melosas de todos los tiempos, ejecutada por el multi-laureado Max Steiner.

El impacto del filme se sintió incluso en el esfuerzo bélico aliado, ya que elevó la mística de las tropas combatientes en los frentes de batalla y reforzó las intenciones de victoria al enfatizarse en la cinta las características totalitarias del régimen nazi y de sus acólitos franceses. Casablanca ganó el premio Oscar de 1943 como mejor película, además de galardonarse al director Michael Curtiz y a los guionistas, quienes la adaptaron de una obra teatral. Pero tanto Bogart como la Bergman no recibieron premios por su impecable actuación, al menos ese año, aunque ambos fueron postulados y galardonados posteriormente por su indiscutible talento actoral, él en 1951 por La reina africana y ella en tres oportunidades, por La luz que agoniza (1944), Anastasia (1956) y Asesinato en el Orient Express (1974).

En el año 2000, al hacer un balance de los mejores filmes norteamericanos del primer siglo del cine, el American Film Institute –la cinemateca estadounidense- la consideró en el segundo puesto, sólo superado por el Ciudadano Kane de Orson Welles, e incluso por encima del que fuera la cinta más taquillera durante tres décadas, Lo que el viento se llevó. Asimismo, en otras listas elaboradas por críticos de todo el mundo, Casablanca ha figurado en los primeros lugares, citándose como ejemplo de buen cine en las escuelas de cinematografía. Sin embargo, aparentemente fue un desenlace inesperado aun por los realizadores en su momento, que –con un presupuesto inferior al millón de dólares- sólo pretendían elaborar una cinta entretenida y taquillera -y de paso contribuir al esfuerzo antinazista- sin imaginar que se convertirla eventualmente en un clásico del séptimo arte.

Los dos actores principales tampoco pensaban que habían hecho una gran película, y ni siquiera sus hijos la consideran una obra maestra. En efecto, en entrevistas concedidas después del re-estreno de gala de la cinta en el Lincoln Center de Nueva York -a raíz del 60ª aniversario- las tres hijas de la Bergman y el hijo de Bogart coincidieron en que se trata apenas de una buena producción cinematográfica, con todos los elementos para atraer al gran público, pero que fueron el estudio y los medios los que alimentaron su fama y la convirtieron en un objeto de culto de los cinéfilos de todo el mundo.

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Ese acontecimiento neoyorquino reveló algunos detalles interesantes. Stephen Humphrey Bogart, hijo del legendario actor y de la actriz Lauren Bacall (también invitada de honor al re-estreno), se convirtió en escritor y ya ha publicado tres novelas policíacas (una de ellas con el título “Play it again, Sam”), y su apellido ayudó mucho a venderlas, pues todavía Humphrey Bogart es considerado por los miembros el American Film institute como la leyenda cinematográfica con la mayor popularidad, escogido en primer lugar entre 50 competidores, superando a Cary Grant, James Stewart, Marlon Brando y Fred Astaire, entre otros.

Por su parte, las mellizas Isabella e Ingrid Rossellini relataron a los periodistas algunas incidencias del escandaloso romance que vivió su madre, cuando se enamoró perdidamente en 1949 del director italiano Roberto Rossellini, a la postre también casado. La Bergman escribió una carta al afamado director, manifestando la admiración por su trabajo, y pronto hicieron juntos una película, Stromboli, ambientada en una isla volcánica italiana, obra que decepcionó tanto a la crítica como al público. Allí empezó el tórrido romance de los dos adúlteros, que escandalizó hasta tal punto la sociedad norteamericana que los estudios de Hollywood no se atrevieron a contratar a la Bergman durante un lustro, a pesar de haber sido ella una de las actrices más rentables, y ya ganadora de un Oscar para la fecha. Incluso, el Senado norteamericano emitió en 1950 un comunicado enfatizando el pésimo ejemplo moral que dio la artista sueca con su aventura sentimental. Tardíamente, en 1972, el mismo Senado pidió excusas por esa apresurada nota a la Bergman, aunque ésta ya estaba reivindicada artísticamente desde 1956, cuando volvió triunfalmente a Hollywood a recibir un Oscar por su gran labor en Anastasia.

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Pero la Bergman siguió resintiendo la actitud puritana de la sociedad norteamericana y decidió fijar su residencia en Europa, regresando a EE.UU. sólo para compromisos profesionales. Después de ganar un premio Emmy por su caracterización de la estadista israelí Golda Meir en la miniserie Una mujer llamada Golda, murió en 1982 de cáncer de pulmón, curiosamente el mismo destino que había sufrido Bogart, un cuarto de siglo antes, habiendo sido ambos fumadores empedernidos.

En la posguerra Roberto Rossellini era uno de los directores claves del neorealismo italiano (junto con Vittorio De Sica), habiendo realizado la famosa cinta “Roma, ciudad abierta”, sobre los eventos acaecidos durante la transición entre la ocupación nazi y la liberación de los aliados. Su notoria infidelidad también afectó grandemente la popularidad del director y ningún estudio lo contrataba a raíz del escandaloso suceso, en una Italia todavía con gran influencia de la Iglesia. Aunque la Bergman se pudo divorciar de su marido en Suecia, Rossellini no pudo hacerlo en Italia -donde todavía no existía el divorcio- y así vivieron unos años “en pecado”, hasta que el romance amainó y ambos se separaron, aunque siguieron siendo buenos amigos. Ingrid se volvió a casar luego con Lars Schmidt en Suecia, donde vivía su primera hija, Pia, fruto del primer matrimonio con Lindstrom, actualmente cincuentona y crítico de cine. Incidentalmente, Pia fue la única en acudir al lado de su madre en Estocolmo antes de la muerte de la actriz.

De las dos hijas que tuvo la Bergman con Rossellini, sólo Isabella siguió la carrera de su madre, facilitada gracias a su gran parecido físico, siendo iniciada en uno de los últimos filmes de la Bergman Es cuestión de tiempo (1976). Asì, Isabella se convirtió primero en modelo (fue la imagen de los perfumes Lancome) y luego en actriz, realizando películas impactantes como Las noches blancas, en cuya filmación tuvo un romance con el bailarín de origen ruso Mikhail Baryshnikov. Aparentemente tenía una debilidad con sus directores y estuvo casada brevemente con Martin Scorsese, teniendo luego una aventura con David Lynch, quien la lanzó a la fama en Blue Velvet (Terciopelo azul). Pero aunque hizo una treintena de películas, Isabella nunca llegó a tener la misma fama de su madre, y jamás hizo una cinta tan memorable como Casablanca.

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El embrujo de Ingrid Bergman sigue vigente, y para muchos ella fue una de las máximas leyendas de Hollywood, votada por el AFI en los primeros lugares en su lista de actores legendarios, en parte gracias al clásico que la lanzó al estrellato y de cuyo estreno acaba de transcurrir seis décadas, sin que el embrujo del filme haya disminuido un ápice.

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