Cultura

Fotografía documental y política, una mirada hacia la historia

Por: Eduardo Planchart Licea

La fotografía, por atrapar fragmentos de tiempo y espacio, se convierte en memoria artística, en huella de memoria que permite a la conciencia evitar la pérdida de verdades que nos impiden caer de manera inocente en el laberinto de la inmediatez. De ahí que, desde su invención –en 1839– fuera usada para recuperar ritos sociales como matrimonios, bautizos, celebraciones, retratos que por la dignidad impuesta de la foto posada se convierten en ventana a la recuperación de un tiempo y espacio que se opone a la fugacidad y a la sensación mortuoria que arrastra.

En la retórica normal del retrato fotográfico, enfrentar la cámara significa solemnidad, sinceridad, revelación de la esencia del sujeto. Por eso las fotos de frente parecen apropiadas para las ceremonias (como bodas, graduaciones), pero no tanto para los cartelones publicitarios de los candidatos políticos. En los políticos es más común el retrato de cuarto perfil: una mirada que se pierde en vez de enfrentar, sugiriendo en vez de la relación con el espectador, con el presente, la relación con el futuro, más digna y abstracta.” (Sontag, Susan, Sobre la Fotografía, España, Edhasa, p.48, 1978)

La fotografía documental mantiene  un sentido social y espiritual, al convertirse en memoria de comunidades, pueblos, ciudades, países, continentes…Y este es uno de los sentidos del proyecto norteamericano “Farm Security Administration”, 1935, dirigido por Emerson Stricker  que buscaba hacer un documentalismo de las zonas rurales y sus  problemas, pero para  Susana Sontag tenía sus debilidades, pues “era desvergonzadamente panfletario, y Stricker indicaba a su equipo la actitud con que debían encarar el tema.

La intención del proyecto era demostrar los valores de la gente fotografiada. Por lo tanto, el punto de vista se definía implícitamente: “el de la gente de la clase media que necesitaban convencerse de que los pobres eran pobres de veras y de que los pobres eran dignos”.

Este punto de vista debió ser cambiado, pues se alejaba de sus objetivos, y los retratos daban un impacto negativo de Norteamérica en un momento tan crucial como la segunda Guerra Mundial.

En un memorando de Stricker a su personal, se evidencia esta situación y expresa este cambio de posición: “Necesitamos de inmediato: retratos de hombres, mujeres, y niños que den la impresión de creer realmente en Estados Unidos. Consigan gentes con cierto espíritu. Ya tenemos demasiados que pintan el país como un asilo de ancianos donde todos están demasiado viejos para trabajar y demasiado desnutridos para preocuparse por lo que ocurre”. 

Europa versus Norteamérica

En ese período, la fotografía europea indagaba en lo pintoresco y esteticista, existía cierta indiferencia hacia lo social, pues incluso en el terreno de los íconos de la clase trabajadora el fotógrafo estadounidense Lewis Hine se adelantó a los tipos pictóricos soviéticos de las décadas de 1920 y 1930, tal como lo demuestra su libro Men at Work.

Hine participó del “National Child Labor Commitee” (Comité Nacional sobre Trabajo Infantil), ambos proyectos tuvieron efectos sobre la sociedad norteamericana, en el New Deal, el proyecto de Stricker dio información al Estado para mejorar las condiciones de vida de los campesinos, y en el caso del CNTI son impactantes imágenes de niños trabajando en la recolección de algodón y minas, ayudaron a decretar la prohibición del trabajo infantil.

De igual manera, las imágenes de Dorothea Lange dieron insumos a la burocracia estatal para la comprensión y solución de la problemática rural.

Esto evidencia la función de artes visuales como la fotografía, que devela las diversas facetas de la realidad y ayuda a tomar posiciones que se conviertan en praxis política. Esta situación se hace común en el documentalismo.

Propuestas excepcionales como la de Dorotea Lange (1895-1965), Walter Evans (1853-1943), lograron crear imágenes icónicas en la historia de la fotografía, como es la Madre Temporara, Nipomo, California, 1936,  de D. Lange que muestra a una familia que vivía en una tienda de campaña que recién  acaban de vender los neumáticos del automóvil para comprar comida. Es la recesión norteamericana. Esta generación de fotógrafos se adentró en el diario vivir, al crear composiciones y enfoques que forman parte de la historia de las artes visuales.

La fotografía documental  no necesita de muchas palabras para  hablar de sí, esa es una de sus virtudes, por esa razón existen fotografías que  han marcado y  transformado la historia para generar procesos de concientización y ayudar a solucionar problemas como hambrunas, conflictos sociales, guerras, catástrofes como la fotografía de Michael Well  Manos, 1980, donde muestra y compara la desnutrida  mano de un niño con la de una misionera, creando una visión impactante y desgarradora sobre los contrastes que se dan entre las sociedades del tercer mundo y las opulentas.

Existen otra serie de registros visuales que han incidido sobre la definición de la oposición a guerras como la de Vietnam, sin convertirse en documentos sensacionalistas como ocurre con la fotografía de Nick Ut, Niños huyendo de un ataque estadounidense con napalm, 1972. Y también se da el caso de imágenes con propuestas visionarias de la fotografía como instrumento para crear un mundo más justo y civilizado como es el caso de la serie de niños alrededor del mundo de Werner Bischof Niño andino, Cuzco, 1954  o Preciosos huevos, Hungría, 1947.

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