Cultura

La fotografía vista desde la indumentaria venezolana, por Eduardo Planchart

Eduardo Planchart Licea

A través de la indumentaria, los atuendos, el calzado de los personajes documentados a través de la fotografía y su contexto es posible conocer las condiciones climáticas de la zona donde habitan y de la cotidianidad. Así, de estos personajes seleccionados entre más de 4000, sólo algunos presentan cobijas de lana acompañadas del tradicional traje de liqui-liqui, como la del campesino Simón Pérez, narrador de Laguna García, del Táchira, tomada por Ramón Luis Felipe y Rivera en 1954, quien se muestra descalzo, sentado junto a un árbol. Está en un ambiente rural de clima templado.

Este tipo de indumentaria, el liqui-liqui cerrado, acompañado de cobija, contrasta con la franela y el pantalón propio de geografías donde predomina el clima seco y caluroso, como el de Villa de Cura, Estado Aragua. Rasgos que se hacen presentes en la imagen del alfarero Leoncio Mejías, 1961.

Esta manera de vestir también se observa en el Zulia, en la imagen fotografiada por Abilio, Reyes y titulada Catre de tijeras, de 1955, en la que un hombre descansa en franelilla, tipo de vestimenta común de San Francisco de Yare. Sin embargo los indígenas Kariñas, acostumbran a usar cobijas de algodón como parte integrante de su vestimenta, la cual tiene significaciones simbólicas, y que va acompañada del faldellín y franela manga larga, como se observa en las imágenes de Nueva Esparta, documentadas Gonzalo Plaza, 1959.

Por su parte, el llanero, a pesar del calor de la región a la que pertenece, acostumbraba a vestir, en camisa manga larga arremangada y con sombrero, como figura en casi todas imágenes que se poseen en la colección como las tomadas por Margot Benacerraf, en Santa Rita, Edo Guárico, 1955.

Este elemento de la indumentaria –el sombrero– se adecua al clima, y se presenta en distintas confecciones y materiales: paja, fieltro, pelo de guama. Con diseños que son determinados por su uso como protección al clima. Incluso varían en el tamaño de la copa y la forma del ala. Además de esta relación, también son determinados por el gusto personal y el tipo de intercambio comercial que establecen estas comunidades.

En las Goajiras, por ejemplo, que vemos a partir de las fotos de Gonzalo Plaza, en Paraguaipoa, 1959 rasgos de indumentarias autóctonas o realizada artesanalmente, aunque adecuan las piezas de tela y camisas a sus rasgos culturales y ambientales, a través de las coloridas combinaciones que usan. Los diseños y lo que se añade a ellos, como los sombreros, son elaborados por la comunidad.

Otro elementos resaltante de las miradas de estas colección de Fundef (las más completas del país), es el poco uso del liqui-liqui, vestimenta que tiene límites geográficos y adecuaciones de diseño a su uso.

Muy pocas imágenes del Zulia y Carabobo de esta colección lucen este traje. En ellos el uso tiende más bien al vestido de saco y pantalón, o pantalón y camisa, pues todavía en la década de los cincuenta la franela no se había convertido en una prenda común de la indumentaria del venezolano; dominante a partir de influencia ejercida por la indumentaria deportiva que se impone como moda a partir de los años setenta y ochenta en adelante.

Sin embargo, en la foto de Francisco Toro, tomada por Luis Felipe y Rivera en 1958, Edo. Miranda, el personaje está vestido con un liqui-liqui y lleva alpargatas.

El hecho de que en Curiepe, Edo. Miranda, las casas fotografiadas sean de madera, barro y de paredes falsas de listones dispuestos transversalmente, tipo reja, es determinado por las condiciones climatológicas, como las altas temperaturas tropicales y la ausencia de la luz eléctrica.

Esta condición permite una suerte de intromisión en los espacios íntimos del hogar, pues la mirada del otro se adentra en lo privado. La madera era un material accesible y de fácil uso que permitió a estas comunidades cierto nivel de autonomía. Estas casas fueron levantadas de manera colectiva por los habitantes de las zona, con materiales autóctonos y adecuadas a las condiciones climatológicas.

Este tipo de vivienda puede provenir de las islas del caribe, donde los ingleses las convirtieron en habitáculo por excelencia de su expansión y del trágico esclavismo. Por otra parte, y en oposición a lo anterior en imágenes de la zona de Trujillo, las casas son completamente cerradas, sin ventanales ni grandes puertas, las paredes son de bahareque, caña brava, madera y barro junto a otros materiales propios de la zona.

A pesar de las diferencias climáticas, el calzado sigue siendo el mismo: la alpargata. En las imágenes de los años cuarenta y cincuenta es posible observar la influencia de la cultura foránea expresada sobre todo por las abundantes propagandas de cigarrillos, caracterizadas entre otros rasgos por tipologías físicas anglosajonas que crean una relación de poder y ejercen un influjo en una sociedad que podría dejar de ser autárquica.

Anuncios de productos como el del analgésico Cafenol, de Chéjende, Edo. Trujillo cliqueada por LFRR , así como los purificadores de agua de cerámica importados que empiezan a sustituir al tradicional tinajero, son apenas dos ejemplos de la presencia de una cultura de masas foránea a estas regiones, pero no por ello menos poderosas en su capacidad de influenciarlas, considerando que estas sociedades se encuentran todavía lejanas al plan “modernizador” inspirado por la ideología de Rómulo Gallegos e implementado por los fundadores de la democracia en Venezuela, como es caso de las políticas públicas en el período presidencial de Rómulo Betancourt (1959-1964).

Las distinciones fisonómicas de los rostros, indumentarias y conductas evidencian un país multiétnico, donde la cultura afroamericana se fundió creativamente con la indígena y la europea, con aspectos y derivaciones que aún están por descubrirse.

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