Cultura

Vandalizada la obra de Juan Félix Sánchez en el Filo del Tisure

La obra de Juan Félix Sánchez nace de su búsqueda por imitar a Cristo, a tal extremo que se convirtió en Cristo. Amanecía orando y dormía con las cuentas del rosario entre dedos. De ahí que su vasta obra, esté contaminada de lo sagrado, y que acercara al otro a esta paradójica dimensión, a través de lo que él llamaba “lo feo”, y para nosotros era arte. En Venezuela y el continente no hay un artista tan completo e íntegro. Sin ambicionarlas fue ganador de las más importantes distinciones artísticas de Venezuela.

La destrucción  de parte de su obra  está sucediendo desde hace meses en San Rafael en su casa natal hoy museo, y  este junio del 2017  se realizó un acto vandálico sin precedentes  en el Páramo del Tisure, cuando un grupo de fanáticos, destruyó las puertas de la capilla dedicada a José Gregorio Hernández, rompieron íconos entre otras barbaridades y, finalmente, salaron esta piedra filosofal de nuestra alma colectiva. Ese día, se cometió un acto sacrílego contra el país, que refleja el retorno al caos, al nigredo social y cultural que vivimos.

Juan transformó su hacer en un acercamiento al milagro. Peregrinar al Páramo del Tisure, es palpar las concreciones de su mística, es nuestro Santiago de Compostela. En el crisol de su alma se fundieron raíces ancestrales, tal como ocurre en sus esculturas y acumulaciones de piedra, esparcidas a lo largo del páramo. Cada una de las rocas de sus ambientaciones y capillas eran buscadas por su forma, reubicadas, y posicionadas para transmitirles una connotación simbólica específica y en ocasiones hasta utilitaria, como ocurre con los bebederos de agua a lo largo del camino, del Complejo Religioso del Tisure. Su obra está enraizada sin planteárselo con lo popular, lo moderno y la posmodernidad. En la capilla dedicada al Siervo de Dios, están las huellas de las primeras capillas cristianas, el modernismo de Gaudí en sus muebles, y el eclecticismo de Richard Long y land art el  en las ambientaciones, de lo que él llamaba “plazas” jocosamente.

Fue hijo de una de las familias más prósperas de San Rafael de Mucuchíes, a tal extremo que lo que hoy se conoce como el Páramo del Tisure, donde construyó piedra a piedra, pecado a pecado el complejo religioso, eran tierras de su familia. Era el lugar donde criaban el ganado los Sánchez, por eso se construyó lo que hoy es el Potrero, que fuera el hogar de este eremita. Sus puertas, estuvieron abiertas mientras vivió. Cualquier visitante o peregrino, era recibido con generosidad y alegría; un techo y camas de caña brava donde podía refugiarse de la llovizna, el frío y de las angustias de la existencia urbana.

Era la madera Quitasol la que sometía a sus inquietas manos para tallar sus esculturas, como fue “la pasión” o “crucifixión”, que hizo durante meses escondido a todo ojo humano, para evitar que lo interrumpieran y lo molestaran con las opiniones sobre lo que estaba haciendo. Se le había metido en la cabeza, hacer una “pasión” pues nunca antes la había visto, y solo había leído de ella en la Biblia.

El hombre del Tisure, dejó San Rafael de Mucuchíes, impulsado por el dolor que le provocó la muerte de Vicenta, su madre, y el arrepentimiento por el tipo de vida que había tenido. Se aisló como un eremita entre el enceguecedor verdor del páramo, a transformar su vida en una oración. Que había sido de él, antes de esta ruptura a principios de los cuarenta. El hacer creativo siempre fue una rasgo de su vida, ya de joven, era conocido por su habilidad como escultor, así  en el cementerio de San Rafael de Mucuchíes  hay  una talla de piedra del Sagrado Corazón de Jesús. También era muralista, prueba de ello eran las paredes de su cuarto, cubiertas de pinturas con paisajes, cruces, veleros y lagunas.

Estas creaciones son vitales para comprender la dimensión creativa de Juan Félix Sánchez, pues están amalgamadas a su afición por crear, sus actuaciones en las festividades del pueblo, que hacía de  saltimbanqui, con un estrafalario y colorido  traje que le hiciera Vicenta, con una complicada  parafernalia hecha por él para la ocasión, como eran guantes con rostros de payasos de anime, cohetones, anillos, el bastón de mago, las correas con  sonajeras, el sombrero. Así salía en Semana Santa a llenar de alegría su pueblo por la resurrección de Jesucristo, para hacer bufonerías junto a su mono capuchino, y actos de equilibrio en la tensa cuerda, que él y sus amigos armaban en la plaza del pueblo. La creación formaba parte de su personalidad.

Uno de los signos externos de su dolor, tras morir su madre (1941) y decidir ir a vivir al Potrero, es haberse dejado crecer el pelo durante años, como pago de promesa por la salvación del alma de su progenitora, y para exorcizar la culpa que le hería el alma por la vida tan alegre y lujuriosa que había tenido.

Así comenzó a transcurrir la vida de Juan Félix en el Páramo, cultivando, encargándose con uno o dos peones del ganado, y tejiendo, gracias a la madre de Epifania Gil, tejedora reconocida en el pueblo, quien le enseñara a tejer. Pero no le satisfacían los diseños en franjas, pues le parecían monótonos, así que mientras ampliaba el Potrero, y hacia el lugar donde iban a estar los telares, experimentó cómo hacer para crear un telar con el que pudieran crear nuevos diseños. Así inventó dos telares de tres lisos, que le permitieron crear diseños, que nunca antes habían sido vistos entre esos páramos. Surgieron así cobijas, que lo hicieron famoso en Los Andes, con rombos, triángulos, hexágonos, líneas en zigzag, con contrastes cromáticos inusuales. Como ninguna de sus obras estaba firmada, fueran cobijas, tallas, sombreros, sillas, ambientaciones en rocas o sus capillas. Fue toda una odisea para  Denis Schmeichler ubicarlo cuando buscaban al hacedor de tan delicadas cobijas, por esa costumbre de no firmar sus creaciones. Se dio a conocer a Venezuela gracias al Grupo Cinco en la paradigmática exposición del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, “Lo  Espiritual  en el Arte de Juan Félix Sánchez”, 1982,  así nació el mito del “Iluminado del Tisure”.

«Hacia los tres mil metros, en un valle verdísimo, se ve una pequeña iglesia de piedra. A primera vista me recuerda a una parroquia románica entre Perpiñán y la frontera catalana, pero las formas son más libres. De cerca, ciertos toques materiales me hacen recordar a Gaudí. La iglesia es inclinada, sinuosa, la pequeña nave está decorada con muebles casi zoomorfos, hechos uniendo troncos de distintos tamaños ya petrificados por la naturaleza. El altar evoca lo que por convención llaman art naïf, pero si el autor es un primitivo, sabe hallar soluciones técnicas de muy buen gusto» (Umberto, Eco, 1995).

Bibliografía

Fotografias del ensayo: MariCarmen Carrillo

Grupo Cinco, Juan Félix Sánchez, Banco Provincial, Venezuela, 1981

Planchart Licea, Eduardo. Juan Félix Sánchez el Gigante del Tisure. Armitano Editores, Venezuela, 1992.

Planchart Licea, Eduardo. El Mago de la Niebla. Gráficas Lauki, Venezuela, 2011

https://youtu.be/JYFNKDrHGBE / Juan Félix Sánchez: El Hombre del Tisure, 1988

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