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Desvistiendo santos

Invocar refranes y dichos a veces adquiere significados que son auténticas “migajas de filosofía”. La sabiduría popular en ocasiones puede tornarse en epitafio. Un dicho o refrán como “pretenden ganar indulgencia con escapulario ajeno” se devuelve a los impostores.

Tiempos de manipulación de las emociones, de los sueños y de una lúdica perversa. Tiempos de ideas primarias que están apersogadas…, apersogadas en la particularidad básica sensiblera. Tiempos de manifiesta incapacidad creativa y constructora.

Si antes pertenecíamos a una cultura nominalista, como decía Arturo Uslar Pietri porque creíamos que “cambiar el nombre era cambiar la cosa”, ahora lo somos más y enriquecidos en la propia y ramplona incapacidad. Veamos uno de los tantos ejemplos.

En Valencia fue cambiado el nombre de un bello parque. Hasta finales del siglo que se fue el parque llevó el nombre de Fernando Peñalver (1765-1837), político, estadista y prócer civil de la independencia, importante mentor que de manera sustitutiva ocupó la figura del padre, consejero oportuno y bastón en la inteligencia emocional de Simón Bolívar. Peñalver siempre le dijo al Libertador: “la verdad pura y limpia, sin la más pequeña mezcla de lisonja”. Este ilustre hombre de origen oriental pero adoptado por Valencia, entre los tantos méritos fue quien aconsejó al Libertador la convocatoria al Congreso de Angostura, también fue quien desde el Mar Caribe compró y envió armas, municiones y pertrechos a Guayana e hizo la negociación de la imprenta del periódico tabloide trilingüe El Correo del Orinoco. Porque para esta clase superior de hombres que hicieron la gesta emancipadora, además del plomo de la guerra, estaba el plomo de las ideas, la moral y las luces.

Por ese afán populachero y demagogo, por ese afán de hacer méritos… ante el que a dedo designa puestos muy bien puestos, se cambió el nombre del Parque Fernando Peñalver por el de Negra Hipólita. (Ahora será nuevamente cambiado el nombre por el de Afroamericana Hipólita). Esta sencilla mujer Hipólita Bolívar se ocupó de la crianza del niño que será Libertador, despertando en él una sensibilidad social que lo caracterizó. Después de la segunda Batalla de Carabobo, Simón Bolívar manda a llamar a su hermano de leche y contemporáneo Dionisio Bolívar, el hijo de Hipólita, dándole la baja y pensión con el grado de sargento.

Por qué no construyeron otro parque tan bueno o mejor que el parque valenciano en poblaciones como Montalbán, Puerto Cabello o Morón donde hace falta un espacio verde y un pulmón vegetal. Pero es que esto implica planificación, dedicación, trabajo e inversión cualidades poco vistas en los últimos tiempos. Con cambiar el nombre se cambia la cosa con una evidente e inocultable intención manipuladora de los iconos de la venezolanidad y de las emociones.

El caso es que “pretenden ganar indulgencia con escapulario ajeno”.y “desvisten un santo para vestir otro “.

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