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El centenario de Luis Alvarez Piñer (1910-1999)

No todo cuanto existe es como el mar

lo que no tiene fondo se hace espejo

Se confunden la muerte y su reflejo

y no hay tiempo de pararse a meditar.”

Luis Á. Piñer.

 

LA VOZ DEL EXILIO INTERIOR

 

Luis Á. [Álvarez] Piñer es un poeta marcado dolorosamente por la guerra que indefectiblemente figura en la generación del 36, junto con Germán Bleiberg, Gabriel Celaya, Idelfonso-Manuel Gil, Juan Gil-Albert, Miguel Hernández, Luis Rosales, Arturo Serrano-Plaja, Dionisio Ridruejo, Juan y Leopoldo Panero y Luis Felipe Vivanco

Luis Á. Piñer se da a conocer en la revista Carmen con tres “Poemas a cara o cruz”, revista dirigida por Gerardo Diego, que había sido su profesor en el Instituto Jovellanos de Gijón, y de la que él sería secretario y administrador. En el Instituto Jovellanos es también compañero y amigo del poeta Basilio Fernández López.

Anteriormente a la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, nos diría el poeta asturiano que “se operaba con materiales y modos de decir crecidos en la euforia de las vanguardias. Había en el creacionismo muy poco camino explorado y aún eran decisivos el lenguaje sincopado, el salto sintáctico, el borrar las huellas, etc., aunque yo, por obligaciones radicales, siempre llevaba en la mano un cabo de hilo sentimental”.

El poeta y ensayista Luis Álvarez Piñer nace en Gijón el 10 de febrero de 1910 y fallece en Madrid el 26 de julio de 1999. Estudia Derecho en la Universidad de Oviedo y Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Una vez que Gijón es ocupado por las tropas rebeldes es enviado en un barco prisión a Pontevedra y, posteriormente, internado en un campo de concentración, por su pertenencia al bando republicano. Más tarde daría clases de literatura de bachillerato en Orense, donde funda la revista poética Posío. En 1955 marcha a Madrid. Como protesta por la dictadura franquista no vuelve a publicar hasta 1990. En 1991 recibe el Premio Nacional de Poesía por su obra En resumen (1927-1988) (1990).

En su primer libro, Suite alucinada (1936), en el que recopila textos escritos entre 1927 y 1934, se evidencia la influencia que los creacionistas, a través de Gerardo Diego, ejercieron en él. Después de En resumen (1927-1988),publica Poesía (1995), poemario en que da entrada a formas métricas tradicionales y a esquemas sintácticos más fluidos, pero permanece fiel a su experimentos creadores. Como advierte Juan Manuel Díaz de Guereñu, un estudioso de su obra, para Piñer la poesía, ha sido “la revelación insólita, la iluminación, que en la ordenación necesaria y como espontánea de las palabras, conoce lo que está vedado a la razón”. También se han publicado Tres ensayos de teoría (1940-1945) ( 1992), Memoria de Gerardo Diego (199), colección de textos extraídos “De los cuadernos de Luis Á. Piñer”, Cartas (1927-1984) Luis Á. Piñer / Gerardo Diego (2001) y Recordatorio de Ramón Cuesta (2010), en el que se recogen las breves prosas en las que dejaba anotado sus recuerdos de vencido de la guerra y las barbaries de los vencedores.Está prevista también para este año, con motivo del centenario del poeta, la publicación de dos poemarios inéditos Acontecer en vano Siervo del horizonte, que en copias mecanografiadas, les envió a Gerardo Diego en 1952 y que fueron conservados por su maestro.

Y como dijo el poeta gijonés en un bello soneto: “Gracias a ti se encauza la corriente / de esta sorpresa a diario repetida / de vivir, aunque triste, dulcemente. / Gracias a ti, sólo por ti, es la vida / creación armoniosa, y permanente / material de la gloria presentida”.

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