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El dinero no duerme

Ojala este sub titulo de la película “Wall Street 2” no se refiera al negociado de los productores del film, sino a la voraz dinámica con que se mueve el mundo de las finanzas al compás del inagotable apetito de los tiburones en la Bolsa comiéndose entre si.

Se inicia la historia con la salida de Gordon Gekko de la cárcel, tras larga cana de ocho años,  debido a la sanción a que lo sometieron por acusación de conducta conspirativa en materia financiera tal como lo vimos en “Wall Street” (1987).

 

Uno supone, al  menos así quieren hacerle creer a la audiencia, que el convicto sale reivindicado y con maneras nuevas que deben alejarlo del histórico lema y precepto fundamental de su filosofía: ¡Viva la avaricia¡.

Michael Douglas se acompaña en esta producción de un joven financista a quien presentan como contrafigura y modelo bajo una forma diferente de manejar su profesión, especie de arquetipo mas cerca de Juana de Arco y Robin Hood que de Alan Grespan, desempeñado por el actor Shia LeBoeuf.

 

Se muestra ahora a los escualos de la bolsa capaces de englutir todo, como gente sana, bien lejos de los prototipos dedicados a las diversiones y perversiones y fiestas salvajes de los ochenta, cero cocaína y escasa prostitución lujosa,  son chicos correctos. La postura del director Oliver Stone es ambigua en este enfoque, ¿creerá realmente en poder domesticar al escorpión y hacerle una imagen amigable y correcta?  O será ilusión, fina, para hacer burla de ellos por lo que pretenden demostrar públicamente, como la nueva generación de yupies comulgantes con las ideas de esa prótesis llamada la responsabilidad social, cuando no son en el fondo mas que cínicos ingenieros de la estafa.

 

Estos fueron y siguen siendo jóvenes del postmodernismo de los negocios propios del “materialismo histérico compulsivo” quienes solo cree en la matraca y los afines de la “turbo ganancia”.

 

El Gekko de esta pieza de Stone se muestra mas en la línea intelectual, no es el descarado depredador quién todo lo amputaba, si en ello había beneficio, ahora es cerebral, y esto, motiva sin duda la mejor secuencia de la película un monologo adonde destripa el sistema Wall Street. El renacido personaje Gordon Gekko (M.Douglas), declara: el desastre financiero “jodió” al país  y “creó la generación NINJA ( No Job, no Incomes, no Assests) personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades”, y agreguemos sin esperanza;  “esta crisis demostró no solo la “avaricia” como buena sino que los banqueros la convirtieron en legal”. Sentencia, el gobierno: “al  bajar las tasas de interés de 1%  a 9/11 % incita mas y mas el consumo”. Termina la secuencia expresando ante el expectante auditorio: “ En USA  el único lugar adonde, hay cuerdos, y puedes pensar libremente, es detrás de las rejas, fuera de ellas este mundo gringo está loco”.  “En esta Republica de la avaricia y la envidia, todo es especulación, y alla es la madre de todos lo males de la humanidad y sepan, vivimos en un modelo cuya desembocadura es la bancarrota, sistemática, indignante y lo peor de  todo GLOBAL, como el cáncer”.

 

A pesar de esta disertación de Gekko, esta cinematografía no coincide con el Oliver Stone de las películas comprometidas e hicieron pensar estábamos ante un director de avanzada y dio cintas aún motivantes de debate: Comandante (2003), Persona non grata (2003), W de (2008) insinuante, aunque inacabada biografía del Presidente  George Bush. En contraposición, esta Wall Strett 2, lo evidencia de cuerpo entero, con una producción que define un parte aguas, entre la demagogia, donde copia a otros directores de la cuerda floja, y la otra vertiente, en franca apología al neoliberalismo; en esta esquizofrenia anda esta película.

Nada para tenerla como pieza memorable, ni satisfactorio, es obra convencional pensada –bien pensada- para buscar de nuevo la aceptación de la Academia y la gracia de los benditos Oscar, donde tanto negocio se produce y abundante necedad gratifican.

En su afán por lo convencional desarrolla, para embeleso de los lectores de Hola y los suspiros de las suscriptoras de Cosmopolitan, un affaire amoroso entre la hija de Gekko, Winie y el modelito LaBeouf.  Ella esta empeñada en negar a su padre por sus precarios antecedentes e infamante conducta y Gekko tratando de ganarse el afecto perdido de ella. Pero no tiemblen, todo vuelve a camino según la Biblia de Hollywood y se encamina hacia el final feliz; aunque, al Padre le cueste el perdón, dos millones de dólares,  mas la gracia reivindicativa de la hija y su galán LaBeouf.

 

Además deja el camino abierto para:  ¡00hhh ¡  terror, poder tener a futuro la Wall Street 4. Esta es una operación estrictamente comercial con divertimento incorporado de cara a la taquilla y nada mas.

 

No debemos creer a Oliver Stone  proponiendo hacer critica a la crisis bancaria, ni minima denuncia a las conspiraciones de las grandes corporaciones financieras, fiebre azotando todavía el capitalismo. Nada de eso, a él le interesa el tema, de la relación entre padre e hijo y el eterno nudo freudiano donde expone la necesidad del hijo matando al padre para poder lograr su futura bienaventuranza, en este caso financiera, aquí el joven LeBoeuf sigue los consejos de un patriarca de Wall Street a quien tiene como su padre y mentor, la hija de Gekko anda en el mismo rollo con su padre y Gekko quiere reivindicarse ante el padre Wall Street, quién bastante lo abomina, por tal razón debe dejar a NY  e irse a buscar la vida en Lóndres.

 

A estos hijos de “papa finanzas” se los pinta como correctos e idealistas, cuando la experiencia nos dice que se trata de semillas barnizadas de hipocresía liberal en cuyo Dios hay solo ambición económica, inmensas ganas de poder, harta frivolidad aliñada con notables toques de incultura; pero es tal la falta de compromiso de Stone a quien ni siquiera este notable furúnculo destapa y critica. Se preocupa de glorificar la precaria vida de estas figuras de lujo para ganar, con modos acaramelados, nuevos espectadores.

 

Otra sub trama es la aventura del Robin Hood rociado de colonia Armani, Mr. LaBeouf quien trama acciones de venganza y reivindicación moral contra los viejos e hipócritas tiburones para lograr el poder y la ganancia son capaces de delatar o impulsar hasta la muerte, en los rieles del metro, a su padre putativo, o cualquier otro oponente, financiero, ¿lo logrará o se unirá a ellos?. Véalo en la próxima W. Street.

 

La cinta es un desarrollo clásico para buscar algo de simpatía y nuevos espectadores para Oliver Stone, quien se apoya con el personaje del joven LaBeouf, (Jack Moore) y hasta frivolidades ecologistas le cuelga,  quien recién se inicia en este camino del manejo del dinero, tratando de mostrar una cara moralista diferente a la de sus mentores.

 

A resaltar el novedoso alarde e inesperado regalo visual provisto por la fotografía de Rodrigo Prieto, Mexicano, conocido por Babel (2006), Broken Mountain (2005), 21 gramos (2003), Amores Perros (2000) él exige y logra notables claroscuros, para definir los perfiles de todos esos lugares adonde el poder de la finanzas tiene sus extensiones, restaurantes, oficinas, mansiones, fiestas y reuniones, logrando gratificaciones para el espectador, que percibe con este regalo de contraposiciones, referencias al buen cine de los clásicos de siempre, como Gabriel Figueroa, y el español Néstor Almendros.

 

Síntesis: es un thriller soft degradado, con guión a medio compromiso, sin aceptar obligaciones y se cuece con tintes melo-dramáticos entre familias de aventureros y seres “busca la vida”. Su estructura es pálido reflejo de la situación económica actual y un ataque velado, muy leve, pobre, sin compromiso, al sistema bancario. Clarifiquemos, como secuela o segunda parte de un clásico, es insatisfactoria y sólo brilla por los destellos puntuales de Michael Douglas y Carey Mulligan.

 

Corolario, el film es muy previsible, ninguna travesura, todo complaciente y para satisfacer a mas gente, sigue dentro del esquema de los buenos y los malos y sobre todo juega la carta del lugar común: del final feliz. Como diría un viejo soldado: sin novedad en el frente

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