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El Paraíso Partido: El Blanco Tejido de las Ro­jas

Y si hay algún capítulo de la Historia de Venezuela que merece ser tratado por novelistas y no sólo por historiadores (y que de hecho ya lo ha sido) es el del blanco tejido de las Rojas. Francisco Herrera Luque lo usó en buena parte para crear sus “amos del valle”, con singular éxito.

Todo empezó en 1583, cuando don Juan de Pimentel dejó el cargo de gobernador a causa de problemas de salud, lo que tradicionalmente ha sido una excusa, más que una verdad, para dejar un cargo por cualquier razón que no tiene nada que ver con la salud. Fue sucedido en el cargo por el madrileño don Luis de Rojas y Mendoza, que llegó acompañado por su esposa, doña Bárbula de Antesana y sus tres hijos, Juan de Rojas, Andrés de Rojas y María de Guzmán (que es la que tres años después, por lo de la tapia, se casó con el antiguo gobernador, Juan de Pimentel). Don Luis, que había sido gobernador de Yucatán y de Santa Marta y tenía en su foja notables éxitos, resultó ser un tanto complicado y quisquilloso, y al poco tiempo de llegar, más que gobernar, vivía en una tormenta permanente, entre intriga e intriga, entre pleito y pleito. Porque debe haber sido un tanto cascarrabias don Luis, o por lo menos se enemistó con buena parte de los habitantes de Santiago de León, que por lo visto formaban una complicada y a la vez simplísima red de parentescos endogámicos, red que el gobernador quiso utilizar para defenderse de muchas acusaciones que le hicieron, cuando le escribió al rey que “ai algunos delitos grabes que se cometen por cierta parentela de esta ciudad que se dicen las que son siete hermanas, todas casadas, y con muchos hijos y nietos que son la mitad del pueblo y acostumbrados a no ser castigados, que no me puedo averiguar con ellos a causa de que la Audiencia les hace mucho favor porque son ricos” (Citado por Luis Alberto Sucre, Op. Cit., p. 81). Nos aclara Luis Alberto Sucre que esas siete hermanas “que se dicen las Rojas” eran las hijas de Alonso Díaz Moreno (considerado por algunos fundador de Valencia), “casadas así:

* Beatriz con Simón de Bolívar, el Mozo
* Germana con Diego Vásquez de Escobedo
* Mariana con Lázaro Vásquez
* Leonor con Mateo Díaz Alfaro
* Ana con Onofre Carrasquel
* Francisca con Pedro Mijares de Solórzano
* Juana con Juan Guevara Samaniego”

(Sucre, Luis Alberto, Op. Cit., p. 81)

Y también nos hace saber que además de las siete hermanas Rojas había entonces en Caracas otras que usaban el mismo apellido en honor a la abuela de las siete y madre de las tías de las siete, tías que eran Francisca, mujer de Francisco Infante, y Beatriz, esposa de Garcí González de Silva. La madre y abuela honrada fue doña Ana de Rojas, casada con don Diego Gómez de Ampuero, que fue ahorcada en Margarita por orden del Tirano Aguirre. Realmente, era como para no pelearse con nadie de esa familia, so pena de haberse suicidado sin darse cuenta.

Desde luego, no todo lo de Rojas fue chisme. Durante su gobierno y por sus órdenes, Sebastián Díaz de Alfaro fundó la ciudad de San Sebastián de los Reyes. También envió a Garcí González de Silva a luchar contra los caribes del Orinoco, lo cual le permitió al brillante capitán hacer una campaña sensacional. Y asimismo se ocupó con especial atención de la construcción del Convento de San Francisco en Caracas.

Entre las muchas acusaciones que se le hicieron entonces al Rojas que despotricaba contra las Rojas estaba la de haber permitido que su hijo Juan abofeteara a un pobre mozo delante del Santísimo Sacramento, en el Convento de San Francisco, lo cual nos hace saber que aunque fuera la iglesia del Convento sí estaba terminada antes de 1587, que fue cuando Juan de Guevara denunció formalmente al gobernador madrileño ante la Audiencia de Santo Domingo. Como otra de las acusaciones que se le hizo fue la de embustero, nunca podremos saber si era cierto lo que le informó al rey en 1586, cuando aseguró que el Convento ya estaba terminado. En realidad, no se inauguró sino en el año 1600, sin mayores ceremonias, quizá porque el 21 de junio había muerto el Obispo Domingo de Salinas “con alguna aceleración y violencia” y “ayudado con algún beneno», como informó con cierta indiferencia a la corte don Alonso Arias Vaca, gobernador Interino de la provincia entre 1600 y 1602, luego de que murió de apople­jía, Dios sabe por qué, el gobernador y capitán general don Alonso González de Piña, que sustituyó a don Diego de Osorio, el que estaba convenientemente de gira cuando la invasión de los piratas ingleses que pronto veremos y que, en vista de su ausencia en aquella oportunidad, fue promovido a gobernador de Santo Domingo. Aquí sustituyó, con alivio de las Rojas y sus parientes y amigos, a don Luis de Rojas, en 1589, cuando don Luis de Rojas ya no pudo convencer a nadie con sus excusas endogámicas y debió responder las acusaciones que se le hacían en la Real Audiencia de Santo Domingo. Desde entonces la política en Venezuela se ha practicado un poco a tiros, insultos y dentelladas, además de a base de chismes, calumnias, acusaciones y otras lindezas.

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