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¿El primer poema amoroso de una mujer venezolana?

Gracias a la investigaciones históricas Inés Quintero, en su libro El fabricante de peinetas(Caracas: Alfa,2011. 223 p.) hemos podido conocer la historia de los amores de María Antonia Bolívar Palacios(1777-1842), la hermana mayor del Libertador, entonces mujer de cincuenta y siete años, con el joven José Ignacio Padrón, de veinte y dos. En una columna anterior(“El fabricante de peinetas”, 64.207.147.4:  Caracas: Noviembre 8,2011) reseñamos el muy interesante volumen.

Ahora deseamos ahondar en otro asunto que también ofrece a nuestra consideración El fabricante de peinetas. Este es el hecho de aparecer en sus páginas  un poema, inédito y desconocido hasta ahora, escrito, en 1836, por María Antonia Bolívar a su amante el cual deseamos colocar ahora en su sitio en la historia literaria venezolana.

Comenzamos por citarlo, lo titulamos con su primer verso. Su texto es el siguiente:

 

IGNACIO, NO ME ES POSIBLE

 

Ignacio, no me es posible

aunque me siento agraviada

verte un instante borrado

de mi corazón sensible

Si no es tiempo acentable.

 

A una amistad invariable

 

Una vida miserable

Tendrás en la sociedad

Porque solo la amistad

Hace la vida apreciable.

 

Ojala yo no tuviera

Tanta sensibilidad

Que con más serenidad

Tu conducta ingrata viera

Pero, amigo, aunque no quiera

No puedo ver con paciencia

A mi amistad fina y leal,

Pues yo no encuentro qué mal

Te haya hecho en mi conciencia.

 

No quiero, no, recordar

Cuánto me has hecho sufrir                                                

Por no haber de repetir

Lo que deseo olvidar

Tú has querido demostrar

Mi honor, mi reputación;

Nunca pensé que esta acción

De un amigo me viniese,

Y que me correspondiese

con una cruel sinrazón

 

Nunca tuve otro contento

Que servirte y agradarte,

Y en retorno, de tu parte

Solo recibo un maltrato

 

Tu corazón es ignorado,

Fuerza será que lo diga,

Y sino quieres que siga

En este juicio afirmada

Pruébame que estoy errada,

Y            siempre seré tu amiga.

 

Caracas: Diciembre 20,1836.

 

 

EL POEMA EN SI MISMO

 

Este poema le fue remitido por María Antonia de José Ignacio el 20 de Diciembre de 1836, en él, después de todo lo que le había hecho, le declara de nuevo su amor. Es una composición que de hecho no desentona dentro de la poesía venezolana de aquella época. Bien escrito, rabiosamente sentido(p.152-154). Es un poema lleno de despecho, con él se podría componer un buen bolero. Entre sus versos se lee: “Ignacio, no me es posible/aunque me siento agraviada/verte un instante borrado de mi corazón sensible”; en otro verso leemos: “Tu conducta ingrata viera” y en otra línea “A mi amistad fina y leal,/Pues yo no encuentro qué mal/te haya hecho en mi conciencia” y sigue: “No quiero, no, recordar/Cuánto me has hecho sufrir”. Es decir, que María Antonia ama plenamente a José Ignacio, por ese amor ha armado todo aquel revuelo, del cual salió con las tablas en la cabeza, fue lo que llamamos un zaperoco, un grande escándalo en aquella Caracas de apenas 35.000 habitantes. María Antonia lo acusó de un delito que no había cometido, pero pese a todo lo desea, no sabe como vivir sin su presencia, sin los roces de su piel. Es la confesión propia de todo enamorado, hombre o mujer, que no desea perder el ser que ama, que teme, con miedo, su desaparición de su vida, el adiós. Y María Antonia con su pasión y deseo pleno lo confiesa sin pena, su autenticidad en el poema es conmovedora, leyéndolo tocamos su alma, sentimos que proclama su deseo sexual pleno.

El poema lo conocemos porque fue a dar al expediente judicial en donde lo encontró Inés Quintero, en los fondos del Archivo General de la Nación. Por ello anota: “En estos versos no hay arrogancia, no hay petulancia, tampoco soberbia; sí tristeza, nostalgia, recuerdos, deseos de contar con su amistad y también reclamos; se siente herida por su abandono, por su traición, por su ingratitud, por su maltrato, pero no puede olvidarlo ni prescindir de su amistad”(p.154).

¿MARIA ANTONIA POETA?

En esto de escribir poemas no se debe olvidar que María Antonia los hacía desde tiempo atrás. Existe una carta a su famoso hermano en que se lo dice. En ella se lee: “Te remito esos versos para que veas que ya soy poeta”, según misiva hallada por Vicente Lecuna(1870-1954) y publicada por él(“Cartas dirigidas a Bolívar” en Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, n/ 62,1933,p.267). Estos poemas se perdieron pero quedó su testimonio que ahora se corrobora en el poema descubierto por Inés Quintero. Podemos titularlo con su primer verso: “Ignacio, no me es posible”, que de hecho define los sentimientos que expresa.

EL POEMA EN NUESTRA HISTORIA LITERARIA

Hay una observación más sobre el poema, que atañe a nuestra historia literaria. Cuando María Antonia Bolívar escribió su poema corría el año 1836. En ese momento no se había impreso aun ningún artículo, poema, cuento o novela, concebido por una mujer venezolana. Nuestro primer cuento apareció en 1837 y la primera novela en 1842, ambas obras de don Fermín Toro(1806-1865). El primer texto de una mujer venezolana, rescatado por María Eugenia Díaz, fue un artículo publicado tres años más tarde, todavía bajo seudónimo, muestra de que nuestra mujer aun no tenía voz propia. Es este todo un alegato a favor de la mujer, de la necesidad de que recibiera mejor educación. Lo que firmó A.M.O.R. apareció nada menos en la revista La Guirnalda(Agosto 18,1839) que dirigía el humanista José Luis Ramos(c1790-1849), fundador de nuestro periodismo literario. El artículo, “Educación del bello sexo”, además de su exposición en prosa contiene dos poemas, llamado, el primero a la mujer para que escriba y el segundo es una loa a la mujer. Un segundo poema escrito por una dama, Juana Zárraga de Pilón(1806-1880), apareció cuatro meses más tarde en la misma gaceta. El siguiente poema de una mujer, hallado en la pesquisa de María Eugenia Díaz apareció cuarenta y tres años más tarde. El primer poema amoroso impreso, “¿La has visto?”, de quien firmó Zoraida fue editado 1885 en Coro, la ciudad en donde surgió el primer grupo literario femenino en nuestro país(María Eugenia Díaz: Escritoras venezolana del siglo XIX. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana,2009,p.89-94,97-99,105-106).

ZULIMA

Recuérdese además, para darle valor a los textos citados, que el primer libro literario publicado entre nosotros por una mujer es el de Zulima, Lina López de Aramburu,  su pieza María o el despotismo(Caracas: Imprenta Nacional,1885. 62 p.), ese mismo año apareció también la primera novela concebida por una mujer, El medallón(Caracas: Imprenta Nacional,1885. 164 p.), obra de la misma Zulima.

¿QUIEN FUE ROSINA PEREZ?

Fue Zulima la primera autora venezolana en imprimir sus libros, nuestra primera dramaturga y primera novelista porque todo lo relativo a Rosina Pérez ha sido documentalmente aclarado. Veamos: es correcto decir que Rosina Pérez fue un seudónimo del doctor Antonio Parejo(c1830-1900), lo usó en sus novelas Historia de una familia(1885) y Guaicaipuro(1886), por lo tanto nuestra primera novelista es Zulima y no Rosina Pérez, aunque hayan publicado sus novelas el mismo año, 1885. El doctor Parejo es una altísima figura venezolana del siglo XIX, como el historiador Armando Rojas(1913-2007) nos lo hizo ver(ver Varios Autores: Los fundadores. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1988,p.311-323), se trata de una obra compilada bajo la dirección del profesor Rafael Fernández Heres(1933-2010) relativa a los miembros fundadores de la Academia de la Historia. Pero la autoría de las novelas de Parejo quedó un poco en la penumbra hasta su registro en el Diccionario de Historia de Venezuela(2ª.ed.aum.Caracas: Fundación Polar, 1997,t.III,p.500) aunque nosotros siempre escuchamos la referencia de nuestros profesores: don Pepe Fabbiani Ruiz(1911-1975) lo decía en sus tertulias con sus alumnos, también se lo oímos en sus clases a nuestro admirado Osvaldo Larrazabal Henrríquez(1926-2011), autoridad indisputada en la novela venezolana del siglo XIX, autor del único libro de conjunto sobre ella(Historia y crítica de la novela venezolana en el siglo XIX. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1980,p.133-134).

EL CUARTO POEMA MUJERIL

Nos hemos detenido en todo esto porque con los datos que tenemos el poema de María Antonia Bolívar debe ser considerado el cuarto poema escrito por una escritora venezolana, aunque todos fueron conocidos mucho después. Los dos primeros son los de nuestra primera escritora y primera poeta, la monja carmelita Sor María de Los Ángeles(1765-c1818), venezolana nacida en Baruta. Son “Anhelo”, publicado en 1892 y “El terremoto” impreso en 1979. El tercero fue unas cuartetas, de 1814, de María Josefa Sucre(1786-1821), escritas en Cumaná. Así el cuarto poema es precisamente este de María Antonia Bolívar que comentamos y es además el primer poema amoroso escrita por una mujer en nuestra literatura. Tienen las cuatro composiciones su lugar en nuestra historia literaria. El de María Antonia fue redactado y se hizo público, seguramente sin saberlo ni consentirlo su autora, tres años antes del primer escrito impreso de una mujer en nuestro país. Tiene pues su valor en nuestras letras escritas por mujeres.  Y desde el punto de vista literario, con los desasosegados sentimientos que muestra, valdría la pena compararlo con los poemas amorosos que entonces escribían nuestros poetas hombres, todos impresos en periódicos y revistas ya que el primer libro de poesía no se publicó en Venezuela hasta 1844, fue el de Rafael Agostini(c1808-1881): Cítara de Apure, Impreso en Caracas, en dos tomos, en la Imprenta Boliviana.

LA HISTORIA SEXUAL DE LOS VENEZOLANOS

Si las historias amorosas de María Antonia Bolívar, mujer de intensa vida íntima, extraconyugales las dos primeras, de las cuales nacieron dos hijas, descendientes suyas, probadas documentalmente, pero que los genealogistas no registran, asunto que ya había tratado la misma Inés Quintero en La criolla principal(Caracas: Fundación Bigott,2003.164 p.); la tercera, vivida ya como viuda, lo era desde 1821, mencionando brevemente la relación con José Ignacio Padrón, por carecer de la documentación que una vez hallada la permitió tratar con pormenor esta relación en El fabricante de peinetas. Aunque era conocida pues, en aquellos mismos días, Sir Robert Ker Porter(1777-1842) había dado noticias del hecho(Diario de diplomático británico en Venezuela. Caracas: Fundación Polar,1997,p.775-776).

Si asuntos personales, como este de María Antonia Bolívar,  llaman aun hoy tanto la atención ello se debe que aun no se ha hecho, cosa que urge, la historia sexual de los venezolanos y las venezolanas.

Desde luego tenemos el Diario(1771-1792) de don Francisco de Miranda(1750-1816), el primer venezolano en consignar por escrito todos los detalles de su rica vida sexual, su biógrafo Tomás Polanco Alcántara(1927-2002) señala que estuvo con cerca doscientas mujeres(Francisco de Miranda: ¿Ulises, don Juan o Don Quijote?. Caracas: Ediciones GE,1997,p.335). Eso  es lo que hoy, en el cine, se llama “dormir con” cuando es al revés: es estar despierto “con” sobre lecho: ¿para que ser hipócritas al registrarlo?.

Existen, sin embargo, algunas otras historias pesquisadas por los estudiosos de la historia de nuestra vida cotidiana, como uno fielmente reconstruido por Dora Dávila sobre Josefa Lovera Otañez y Bolívar, una ascendiente de quien esto escribe, como todos los Lovera Otañez(“Se tiraban fuertemente al honor” en Varios Autores: Quimeras de amor, honor y pecado en el siglo XVIII venezolano. Caracas: Planeta, 1994 ,p.65-100). Fue aquella Josefa mujer de activa vida sexual, se escapaba por los muros de su casa para irse a encontrar con su amante. Y, pese a su pasión, llegó a embarazarse de su secreto enamorado, no se usaban en la Caracas del siglo XVIII los condones que ya existían, como nos lo indican testimonios europeos de la misma época que hemos podido leer. “Vaina profiláctica” la llamaban. Fue el condón el que nos explica que un hombre de aquella misma época, de tan activa vida erótica como el Precursor Miranda no tuviera hijos sino hasta el día que los deseó tenerlos. Otro contemporáneo suyo, el ilustre James Boswell(1740-1795), los usaba, como él mismo lo dice(Diario londinense. Barcelona: Ediciones del Bronce,1997,p.78). Al condón lo definió nuestro Salvador Garmendia(1928-2001) como “simpático verdugo demográfico”(Crónicas sádicas. Caracas: Pomaire,1990,p.44). Tal fue el vivir de Josefa que fue demandada en divorcio por su esposo Martín Xerez de Aristiguieta. Por cierto que el divorcio existía, hubo varias mujeres divorciadas ya en aquellos años. Desde luego no existía el divorcio civil, establecido en nuestro país en 1904, sino el eclesiástico.

Otra historia que conocemos, con bastante nitidez, es la de Belén Jerez de Aristiguieta Blanco(1765-1850), una de las Nueve Musas, a quien se atribuye la maternidad de dos próceres, Manuel Piar(1774-1817) y José Félix Blanco(1782-1872).

También conocemos bien hoy en día la vasta actividad sexual de don Juan Vicente Bolívar y Ponte(1726-1783) en San Mateo, acciones que corresponden a lo que hoy conocemos como actos de acoso sexual. Don Juan Vicente fue el padre de los hermanos Bolívar Palacios, de Simón José Antonio entre ellos.

Hay otro hecho que ha sido anotado por José Balza: el desconocimiento que aun tenemos sobre cuáles eran los libros eróticos que leían los caraqueños del siglo XVIII(Pensar a Venezuela. Caracas:Bid & Co. Editor,2008,p.107). Solo hemos hallado hasta ahora un solo indicio en una obra de ficción, es un libro titulado Los placeres del amor, citado por Ana Teresa Torres(Doña Inés contra el olvido. Caracas: Alfa, 2008,p.125). Por las indagaciones que hemos hecho en obras bibliográficas y catálogos bibliotecas al parecer este título puede ser una edición del Kamasutra, el amplio tratado sánscrito sobre la sexualidad, procedente de los siglos IV al VI de nuestra era. Todo esto nos interesa porque el siglo XVIII fue una centuria donde la sexualidad tuvo lugar particular, fue el tiempo, entre otros, de la novela libertina, época del marqués Donatien de Sade(1740-1814) y de Giacomo Casanova(1725-1798), autores ambos de famosas obras eróticas. El único testimonio venezolano exacto que tenemos sobre estos asuntos es el hecho de que Miranda, ¡siempre don Francisco precursor en todo!, tenía en su biblioteca, en 1780, un libro sobre la masturbación, si titulaba según el catálogo de su libros: Onanisme, su autor fue Thisos, en diez volúmenes(Los libros de Miranda. Caracas: La Casa de Bello,1979,p.XLV). El que lo tuviera lo podemos explicar muy bien hoy en día gracias al vasto estudio de Thomas Laqueur(Sexo solitario. Una historia cultural de la masturbación. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica,2007. 503 p.), especialmente en su capítulo primero, que se refiere al asunto en el siglo XVIII(p.15-99). Sospechamos, gracias a la notable investigación de Laqueur sobre el tema, que este Thisos, que dice el catálogo mirandino, pudo ser muy bien Samuel Auguste David Tissot, un destacado tratadista del tema en aquellos días, “quien logró finalmente dar respetabilidad a la exposición del onanismo en 1759”(p.43).

Son estas, algunas de las noticias sobre la vida íntima que habrá que anotar en la futura historia de la vida sexual venezolana. Que Caracas fue ciudad de mucha actividad en este campo, lo sabemos, al menos desde los escándalos de los días del obispo fray Mauro de Tovar, en el siglo XVII. Además, nuestra literatura, no es casual, está cargada de sexualidad.

En el caso de El fabricante de peinetas Inés Quintero ofrece un nuevo jalón de ese recuento. Pero dados los testimonios que recabó en la documentación que tuvo a la vista nos lo hace ver en su lado más humano, gracias a sus registros personales que se han salvado de la destrucción de tiempo. Podemos observar lo que sintió una mujer cuando aquel amor apasionado se le terminó, podemos comprender en este libro como siempre la sexualidad se sitúa más allá de las normas, así sean estas muy fuertes y represivas, pues siempre los amantes rompen con todo, pasan por encima de todo, “pisotean las leyes sociales” como Octavio Paz(1914-1998) escribió(Corriente alterna. 2ª. ed. México: Siglo XXI Editores,1968,p.150) porque el amor siempre es un acto de rebeldía. Así El fabricante de peinetas nos permite comprender lo que es el amor, de lo que se siente mientras se vive y el dolor que implica su final, sobre todo si se mezcla en aquello celos, emoción natural en aquel, hombre o mujer, que ama al otro.

Así con El fabricante de peinetas en la mano comprendemos que estamos ante una historia “referida a la vida afectiva, las emociones, necesidades, expectativas y carencias de estos dos venezolanos tan distintos”(p.170) como lo fueron María Antonia Bolívar y José Ignacio Padrón.

 

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