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En pocas palabras:Nuestra Gabriela Montero

Gabriela Montero es la pianista venezolana más aclamada mundialmente desde los tiempos de Teresa Carreño. Su prestigio le impone una intensa agenda de presentaciones en las principales salas del mundo. No obstante sus éxitos en el extranjero, su alma sensible de caraqueña no se desprende del devenir actual de su país. Dedicado a ese acontecer, Gabriela ha compuesto su primer concierto para piano y orquesta que lleva como título Ex patria. La obra fue estrenada este mes de octubre en la ciudad de Núremberg y está presentándose en una gira por varias ciudades europeas.

Ella describe esta composición como un llamado a romper el silencio y la apatía frente a la tragedia de su país por el abuso de poder, la corrupción, la anarquía y los homicidios cotidianos. Es el grito de una sociedad asfixiada y la denuncia de la complicidad e inconsecuencia del mundo ante la desventura de sus compatriotas, encubierta en un tenue y engañoso velo de democracia. Como artista -aclara- el suyo es un discurso musical, no político; es sencillamente su lamentación por el drama de su patria.

Hace algunos meses, otra celebridad de la música, el director Ricardo Muti, para denunciar la pérdida de valores en su Italia natal, en mitad de la presentación de la ópera Nabucco que dirigía en el Teatro Santa Cecilia de Roma, pidió a la audiencia, que como forma de protesta, se sumara a entonar el Va pensiero, conmovedor himno libertario de esa ópera de Verdi. En el teatro se encontraba el desprestigiado primer ministro de su país.

Sirve así el don del lenguaje musical para que artistas de la sensibilidad de Gabriela y Muti protesten y llamen  a recuperar su “patria tan bella y perdida” como lo clama el Va pensiero. 


Anexamos  las propias palabras descrita por Gabriela Montero en un mail enviado  a sus amistades

Algunos de ustedes ya sabran que esta ultima semana fue la premiere de mi obra, ExPatria, en Nuremburgo, con la orquesta Academy of Saint Martin in the Fields . Hicimos 5 conciertos adicionales en los principales teatros de Baden Baden, Essen, Heidelberg, Frankfurt y Londres. El exito de la obra a nivel musical, emocional,  personal y humano fue absolutamente maravilloso. La reaccion del publico fue inmediata, emotiva, visceral y sincera. Escuche tantas historias personales de oyentes conmovidos. Historias de hurto, secuestros, asesinatos, perdidas, lagrimas y lamentos, agradecimiento, amor , fe, y deseos para un futuro pleno de cambios y bendiciones. Escuche las voces de mis compatriotas que se sienten abandonados, olvidados, y de alguna forma, representados en las notas de ExPatria. Para mi fue una gira de un exito muy especial. No solamente hice musica. Hice todo lo posible por informar al publico internacional de la injusticia y anarquia que existe en Venezuela y pude hablar por tantos venezolanos que se sienten sin voz. Y el publico  escucho, sintio, digerio, lloro y entendio..

 

Aqui les anexo el texto, en ingles, que se imprimio en los programas y en la partitura.

«ExPatria»   


As an expatriate Venezuelan, it may be of little surprise that I should wish to express, in music, a longing for the beautiful country of my birth. 

However, my debut as a composer reaches beyond private nostalgia to a very public cry. ExPatria is a portrayal of a country barely recognizable from that of my youth. It is my emotional response to the loss of Venezuela herself to lawlessness, corruption, chaos and rates of murder among the highest in the world. 

The opening chord is intended to jolt the public from silence and apathy. It is the immediate exposure of a tragedy which has accelerated beneath the thinnest veil of democracy with negligeable and inconsequential international scrutiny.

The motifs introduced by the french horn and piano reflect a fleeting recollection of an innocent moment, an ominous calm. The theme is quickly brutalized, corrupted and stolen by an imposing, percussive and militaristic interruption, the «martellato» section depicting the daily gunfire to which Venezuelans have grown accustomed.

Emerging from the violence, soloist and orchestra acquiesce in a slow and rhapsodic dialogue of mourning, culminating in a disconsolate and unison lament. The poetic rhapsody itself is soon  
subjected to a chromatic and accelerating decay, leaving the audience to glimpse the maddening disorder of a dismantled and suffocated society.

My musical statement is not a political one. I am not a politician. It is my nation’s story. It is my regret. 

Gabriela Montero

 

 

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