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Fausto Amundarain, el artista que llevó los paper toys a otro nivel

Hay quienes piensan erróneamente que cuando un venezolano está en otro país, no siente dolor por su patria. Nada más alejado de la realidad. La verdad es que sin importar en qué lugar del planeta se encuentre, un criollo siempre llevará a su tierra en el corazón y se mantendrá al tanto de lo que acontece en esta geografía tropical.

Todo el que tenga buena memoria recordará los acontecimientos de 2014, cuando miles de venezolanos salieron a las calles a protestar por la situación del país. Guarimba fue una palabra que se puso de moda y los ojos del mundo entero estaban puestos sobre Venezuela. Cada quien, desde su banca, levantó su voz a favor o en contra de esta situación. Incluso, algo tan “inocente” como un muñeco de papel se convirtió en un elemento de reclamo por parte de un joven que estaba en tierras neoyorquinas: Fausto Amundarain, un artista plástico que llevó a los paper toys a otro peldaño.

La verdad es que este joven comenzó haciendo paper toys de forma espontánea, sin intenciones de convertirlos en una forma de expresión artística. Todo empezó cuando estaba en su último año de bachillerato. “Un compañero llegó al salón de clase con un muñeco que El Chiguire Bipolar publicó en su página para que la gente lo imprimiera y lo armara. Al verlo decidí hacer un diseño parecido, pero con sello propio. Así que hice un minipersonaje de todos los miembros de mi promoción”, comenta el artista.

Pudiera decirse que ese fue su debut como emprendedor, porque a partir de allí comenzaron a llamarlo para solicitar sus servicios. Pero el mayor éxito vino cuando hizo unos paper toys de Bobby Comedia, Edvill y Alex Goncalves, quienes tenían un programa de televisión por internet que se llamaba La mala conexión.

La proyección que le dio este segmento lo impulsó a crear personajes para otros famosos: Manuel Silva, Geissler Paul, Luis Chataing, Caramelos de Cianuro, Servando y Florentino, Claudio Nazoa, Mariaca Semprun, Luigi Sciamanna, Rafael Cadavieco, Carla Angola, Kiko Bautista, Roland Carreño, Daniel Dhers y muchos más.

Un temor: ser artista

Cuando Amundarain finalizó el bachillerato comenzó a trabajar en Platabanda, el taller de arte de su hermano Paul Amundarain. “En paralelo, me inscribí en la Universidad Nueva Esparta para estudiar Administración de empresas de diseño. Pero trabajando en el taller noté que el mundo del arte me apasionaba grandemente, aunque me abrumaba la idea de ser artista”.

Fausto Amundarain, artista plástico
Amundarain en su exposición «Fragmento masivo» / Foto: Cortesía Fausto Amundarain

Día a día era más evidente que Amundarain había nacido para ser un creativo, así que tres años después abandonó la carrera y se fue por un trimestre a formarse en The School of Visual Arts, en Nueva York.

Allá estudió serigrafía, pintura y dibujo figurativo, entre otras técnicas. “Además, visité todas las galerías y museos que pude, lo que me dio el empujón para decidirme por esto (el arte)”.

Fue estando en la “Ciudad que nunca duerme” que Amundarain se enteró de las protestas que había en su país. Por eso, un día optó por dejar sin rostro a uno de sus famosos paper toys y salpicarlo con pintura roja, haciendo alusión a la sangre. “Era mi manera de drenar lo que sentía”, confiesa. En ese momento nació un concepto mucho más serio del que había estado manejando anteriormente.

El papel, un elemento clave

Viviendo aún en Nueva York, el caraqueño comprendió que un material de suma importancia en su propuesta artística es el papel. Así que empezó a recolectar periódicos y revistas de distintas partes del mundo para incorporarlos en sus obras de arte.

“El papel tiene una particularidad, y es que mientras más ácido tiene, envejece con mayor rapidez. Como el periódico tiene muchísimo ácido, se pone amarillo súper rápido. Eso es algo que a mí me parecía brutal en las obras, porque puedes verlas evolucionar. Con el tiempo aprendí a perfeccionar mi técnica, y aunque todavía hago recortes de distintos diarios, tengo ciertos mecanismos de conservación”.

Fragmento masivo

Finalmente, Amundarain regresó a Venezuela, y su maleta no solo venía cargada de nuevos sueños por cumplir, sino de miles y miles de paper toys que creó en Estados Unidos.

Su idea era hacer una gran exposición en la que pudiera reunir todos esos muñecos. “Pero, imagínate, ¿dónde podía mostrar miles de paper toys?” Así que pensó en crear cubos por cada uno de esos personajes sin rostro, con el fin de sintetizarlos. De esta manera surgió Anonimato, proyecto en el que se observa una pérdida de la identidad para trasladarse al mundo de la información masiva.

Cada obra está compuesta por 1.225 cubos en miniatura organizados de manera geométrica. “En los cubos tienes un gran cúmulo de cosas, que a la vez pierdes”. La serie forma parte de su actual exposición Fragmento masivo, ubicada en la Quinta #117 de La Castellana (Caracas).

Amundarain no se quedó únicamente con Anonimato. En su búsqueda de llevar esos pequeños cubos a una dimensión más grande, nació Portrait of none (Retratos de nada). Aquí comenzó un proceso de llevar a un plano bidimensional imágenes manipuladas electrónicamente, por medios gráficos de fragmentación del punto, símbolos, fotografías y dibujos animados.

“A pesar de ser piezas más individuales, igual forman parte de un conglomerado”, explica el caraqueño.

Luego de eso surgió la idea de crear obras todavía más grandes, que a la vez fueran más sencillas. “Por eso presento un círculo como el origen de todo y lo muestro en positivo y negativo, dando pie a que cada quien le dé el valor que mejor considere, sea masculino-femenino, bien-mal, izquierda-derecha, día-noche… lo que sea”.

El cierre de la muestra artística son unos paper toys tallados en vela. Son las únicas piezas que no están fabricadas en papel, “pero es que las velas son súper interesantes, porque son un símbolo de cómo la vida se va consumiendo”.

Pudiera decirse que ese es el nuevo nivel al que han trascendido sus famosos paper toys. Es que ellos evolucionan con su creador. No se quedan en un mismo escalafón, sino que día a día buscan otros horizontes por explorar.

Primero fue una simple diversión en el colegio, luego un emprendimiento con el que le pagaban por crear miniaturas de personas, después vino la pérdida de identidad, los cubos y ahora las velas. ¿Qué será lo próximo con lo que Fausto Amundarain vendrá a sorprender? Por ahora no se sabe. Lo que sí es un hecho es que él nació para hacer arte y del bueno.

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