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FERNANDO PESSOA Plural como el universo

I know not what tomorrow will bring. En inglés fue la última frase escrita por el portugués Fernando Pessoa, una de las grandes figuras de la poesía universal. Reconocía de esta forma la importancia de sus años de formación académica en Durban, África del Sur – allí viviría durante 10 años con la madre y el padrastro – y de donde regresaría, en 1906 para volver a Lisboa, donde había nacido 18 años antes, un 13 de junio. Es la misma ciudad que lo verá morir en 1935, a los 47 años.

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La muerte, que le ha golpeado ya varias veces – pierde tempranamente a su padre y a varios hermanos – y se lo llevará cuando estaba en plena producción, vuelve a la familia Pessoa para reclamar a la abuela. Ésta le deja una pequeña herencia, que el poeta aprovechará para una aventura comercial, una tipografía, que en muy poco tiempo se transforma en fracaso. Obviamente.

* Un día triunfal en la vida del poeta…

Después de un sonado estreno como crítico en 1912, Pessoa se multiplica el 8 de marzo de 1914. Es su “día triunfal”, el que marca el “nacimiento” de Alberto Caeiro, su maestro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis, poetas heterónimos, a los cuáles dota de una biografía y un horóscopo. El primero, al cual llamará su maestro, nace en 1889 y muere tuberculoso en 1915. Era rubio y de ojos azules. Será un panteísta. Hombre sencillo y de poca cultura, tendrá una postura contemplativa de la naturaleza:

Soy un guardador de rebaños.

El rebaño son mis pensamientos
Y mis pensamientos son todos sensaciones.

Pienso con los ojos y los oídos
Y con las manos y los pies
Y con la nariz y la boca.

Ele segundo, ingeniero educado en Glasgow, es alto y de ascendencia judaica. Será un modernista convencido de las bondades de la máquina:

A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica
Tengo fiebre y escribo.

Escribo rechinando los dientes, rabioso con esta belleza
Con esta belleza totalmente desconocida por los antiguo
.

El último, educado por los jesuitas, es médico de profesión. Latinista y monárquico por opción, huye harto de la República y se autoexilia en Brasil a partir de 1919, y allí se le pierde la pista… hasta que Saramago lo “regresa” a Portugal, a la Lisboa pessoana, en el libro El Año de la Muerte de Ricardo Reis. De él es:

Quiere poco: tendrás todo
Quiere nada: serás libre
El mismo amor que tengan
Por nosotros, no nos quiere, nos oprime.

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Tenemos así, cuatro poetas que son uno solo, aunque totalmente diferentes cada uno de ellos; todos con vida propia y todos con una sola vida. Paradoja aparente, que lo fue el propio Pessoa, que, en su drama en gente, hizo verdad la raíz griega de su apellido – Pessoa es máscara – y creó, desde el infantil Chevalier de Pas, varios otros personajes, entre ellos Bernando Soares, el del Libro del Desasosiego. En Soares, tenedor de libros y quizás el más cercano a Pessoa, tenemos a un personaje literario que filosofa, para muchos con valor desigual, que nos ayuda a entender al menos parte del laberíntico – muchas veces contradictorio y aparentemente paradójico – pensamiento del autor de Mensaje.

* Un solo libro en vida y un baúl inagotable…
Mensaje (1934), de corte nacional-misticista, fue la única obra que publicó en vida. Con ella participó en un concurso literario y… perdió. El primer lugar fue para un competidor, sacerdote de profesión, de cuyo nombre pocos se acuerdan y que, como poeta, nunca alzó vuelo. El resultado fue tan absurdamente ridículo que el presidente del jurado decidió saltarse el reglamento del premio y ofrecer al derrotado el equivalente monetario del primer lugar. Mensaje, con poco menos de cien páginas, es un conjunto de poemas – si se prefiere, un solo poema – que celebra personajes y episodios de la historia lusitana y es donde aparece Mar Portugués, una joya que empieza con dos versos plenamente universalizados:

O Mar salado, ¡cuánta de sal
Son lágrimas de Portugal!

Así se sintetiza la historia del país, en sus dos grandes e inseparables vertientes de gloria y tragedia. Unamuno, en Por Tierras de Portugal y España, lo sintetizó de la forma admirable como sólo lo podría hacer este vasco enamorado de la historia de sus vecinos: “… en ese inmenso cementerio descansa la gloria de Portugal, cuya historia es un trágico naufragio de siglos. Y este murmullo del océano, estas quejumbres que vienen de su seno cuando el sol se acuesta ¿no son acaso las voces de las pobres ánimas portuguesas que vagan errantes en sus olas?”
Nada más publicó en vida, descontado unos cuantos poemas y ensayos, algunos de ellos tan densos como polémicos. Sin embargo, dejó un baúl con miles de poemas y apuntes, que laboriosamente van saliendo a la luz, con todas las dificultades inherentes a la fijación de textos. Cada tanto, un nuevo parto literario, y todo indica que los investigadores aún no han agotado el contenido del famoso baúl, en el cual dejó casi 27 mil originales.

* Tres reconocimientos internacionales

“… el nombre de Pessoa exige ser incluido en la lista de los grandes artistas mundiales nacidos durante los años 80: Stravinsky, Picasso, Joyce, Braque, Le Corbusier. Todas las características típicas de equipo tan grande, se hallan condensadas en este poeta…”
Román Jakobson

“… la sangre de los Borges de Moncorvo y de los Acebedos puede sin geografía ayudarme a comprenderte, Pessoa (…) Escribías para ti, no para la gloria. Juntos vamos a compartir tus versos, déjame ser tu amigo”.

Jorge Luis Borges

“La repercusión del movimiento (futurista) fue instantánea, acaso porque, más que una revolución, era un motín. Fue la primera chispa, la chispa que hacer volar la pólvora. El fuego corrió de un extremo a otro, de Moscú a Lisboa. Tres grandes poetas: Apollinaire, Mayakosvky y Pessoa”.

Octavio Paz.

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