Entretenimiento

Festival Internacional de Toronto 2001 (FIT)

Quizás el nombre haya sido premonitorio, “Silencio roto” de Montxo Armendáriz, sobre la resistencia antifranquista que aún perduraba en las montañas apenas acabada la guerra civil se proyectaba a las 8:45 a.m. Al salir de la sala sentí el aire enrarecido. Un colega visiblemente acongojado no me quiso hablar, me indicó que fuera a la sala de prensa y que viera la televisión. La tragedia, inflingida por terroristas fanáticos y extremistas enlutó el Festival. Toronto se paralizó, todas las tiendas cerraron, las proyecciones se cancelaron como también todas las actividades paralelas. Muchas de las estrellas invitadas cancelaron su presencia, las razones eran obvias: los aeropuertos eran tierras de nadie. Hollywood anuló muchos de los films que pensaba abrir en las carteleras: films sobre secuestros, films donde se mostraba las ya emblemáticas y desaparecidas torres del World Trade Centre.

Jeanne Moreau se disculpoóde no poder asistir a la proyección de “Aquel amor” de Josee Dayan, donde interpreta a Marguerite Duras y el “affair” que sostuvo con un joven que podía ser su hijo en la última década de su vida. El film es intrascendente, excepto por la presencia avasallante de la actriz que absorbe todo lo que se muestra a su alrededor. Al día siguiente, en una rueda de prensa afirmó que no le gustaba que la tildaran de leyenda, “imagínense”, dijo, “que yo piense que cada vez que me vaya a acostar, se va acostar una leyenda”. México, como Francia (“Como mate a mi padre” de Anne Fontaine, “El empleo del tiempo” de Laurent Cantet, “Problemas todos los días” de Claire Denis) trajeron film de relieve. “Y tu mama también” de A. Cuaron, es el análisis de una sociedad – la de México- donde el director, con humor y observación sociológica y sin tomar una postura moral presenta a unos protagonistas, unos jóvenes adolescentes que se involucran con una mujer casada (Maribel Verdu), en una suerte de trío donde el sexo (con escenas gráficas como en muchos de los films del Festival) asume el papel protagónico, como un ente que guía las motivaciones de los individuos, un tema de conflicto psicológico y de función biológica. “Lucía y el sexo” de Julio Medem se pierde en una historia confusa, que apunta sobre un escritor que imagina a sus personajes en la pantalla y el espectador (entre ellos quien esto escribe), se pierde entre la realidad y la ficción, (tampoco hice esfuerzo en entenderla), la trama se hace harto larga, las escenas con sobredosis de sexo –casi pornográfico- le restan “seriedad”.

Muchas de las proyecciones fueron reacomodadas en nuevos horarios, otras fueron añadidas, una oportunidad bienvenida pues pude recuperar varios films –uno no puede ver todo lo que quiere, es necesario resignarse, una de las reglas de juego que uno debe de aceptar anticipadamente. El León de Oro en Venecia para Mira Nair hizo que todos los cinéfilos se volcasen hacia “Monsoon Wedding”. En la fila de la lista de espera solo otorgaban 63 entradas adicionales, a mi me tocó este último número. El film, la preparación de una boda pre-arreglada en el Delhi de hoy, es óbice para que Mira Nair observe, con sutileza y humor los comportamientos del individuo frente a las circunstancias, un film de lecturas subrepticias, de gran belleza en las imágenes y muy bien estructurada. José Torrealba, un venezolano de Maracay me hizo ver un film que co-produjo y donde también fungió como director de fotografía: “De la sombra hacia la luz” sobre las mujeres que se dedican al arte de torear; este documental, rigurosamente investigado históricamente, con varios ejemplos de mujeres dedicadas a estas lides, ya está listo para apuntarse en los circuitos de los festivales. “Dog day” de Ulriche Siedl es un triunfo en el análisis de la pequeña burguesía en un pueblo en el sur de Austria que se moderniza adoptando una geografía urbana como cualquier otra del mundo globalizado.

Toronto trajo memorables actuaciones como la de Harvey Keitel, interpretando a un oficial norteamericano encargado de abrir un expediente al celebre conductor Wilhelm Furtwangler de inclinaciones pro-nazis en “Tomando partido” de Istvan Szabo o las voces magnificas de Angela Gheorghiu y Roberto Alagna (esposos en la vida real) como la de Ruggero Raimondi en “Tosca” de Benoit Jacquot o los diálogos –quizás uno de los mejores en este año- del film australiano “Lantana”, de lenguaje cotidiano, que impacta al oído y que transportado a la trama, sobre las cosas no dichas, ocultas y las pequeñas traiciones en los matrimonies hacen de este un film universal porque la naturaleza humana es también globalizante (ya se nos había adelantado Maquiavelo) y que clausuró con broche de oro mi estancia por esta vibrante y sofisticada ciudad del Ontario canadiense. La vida continúa (y los festivales también) pero el precio asociado a una fecha irrepetible 11/9/01 es difícil y antisolidario de olvidar.

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