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Fotografía:Vivian Maier,una artísta

Mucho se ha discutido acerca de que una obra de arte no es tal hasta que se muestra, por aquello de que “el arte ocurre”. Sólo en el momento en el que el espectador entra en contacto con la obra, si esta produce esa sensación, inefable y diversa, podemos considerarla arte. De allí que cuando un creador decide mantener sus obra en secreto o declara que las reserva para sí mismo, se hace difícil reconocerlo como artista y sus productos se asemejan más a un vehículo terapéutico.
Ahora bien, una obra puede irse construyendo y al artista se le puede hacer esquiva la forma o la oportunidad en la que la obra debe mostrarse; ¿cuántas obras se habrán perdido por esos debates internos o imposibilidades materiales? Somos afortunados cuando asistimos al descubrimiento de un original de García Lorca, unos dibujos que Van Gogh dejó olvidados en una habitación, una maleta de negativos que Robert Capa abandonó en alguno de sus relampagueantes periplos: obras que vienen a saciar nuestra sed de disfrute de nuestros héroes artísticos.

Pero, ¿acaso no somos más afortunados cuando lo que se descubre es la obra, la gran obra, de un creador que, por decisión o por circunstancias, fue construyendo un corpus que nunca mostró? Ese es el caso de Vivian Maier.

Vivian Maier era una niñera y que llegó de Francia en los años 30 y trabajó principalmente en New York y Chicago. Entre los años 50 y 70, en su día libre, salía a fotografiar por las calles con su RolleiFlex, acumulando decenas de miles de negativos, muy pocos copiados en papel, en cajas que, según sus jefes, llegaban hasta el techo de su habitación.

 

John Maloof, un joven de Chicago, adquirió una caja con negativos en una subasta de muebles y antigüedades, pensando que podrían servir para un libro que preparaba sobre la historia del Noreste de Chicago. En cuanto empezó a escanear los negativos llegó a la conclusión de que no le iban a servir para su libro, pero igualmente se fue convenciendo de que aquellas no eran imágenes comunes. Su intuición y cierto consejo de algún experto, lo llevaron a adquirir el resto de las cajas y a mantenerse en la búsqueda de todo el material posible. No fue sino 2 años después de su primera compra que dio con el nombre de la fotógrafa, escrito a mano en un recibo de la tienda de fotografía que utilizaba, al hacer de inmediato una búsqueda en Google el resultado fue un obituario publicado hace dos días: Vivian Maier había muerto.

Cuando Maloof comenzó a mostrar la obra a los museos el entusiasmo empezó a crecer rápidamente. Aunque sólo tiene adecuadamente copiadas un poco más de 10.000 imágenes, del total de 100.000 negativos en su poder, ya se han organizado varias exposiciones en USA y Europa; el MoMa y el Tate Moderm están en la cola.

Las imágenes revelan un manejo cuidadoso de la composición y de la estética y un gran sentido de la oportunidad. Su trabajo, con impronta documental, entra en lo que calificamos como fotografía de calle; esa captura de las imágenes con las que nos vamos tropezando y que, a la larga, constituyen la mejor historia de los lugares y sus habitantes. Las imágenes de Vivian Maier nos dejan sin aliento; estoy seguro que a Cartie-Bresson le hubiese encantado ver este trabajo.

 

Ya en este momento las comparaciones con fotógrafos inmensos como Walker Evans y Robert Frank han empezado a aparecer. Y déjenme decirles que, a juzgar por lo visto hasta el momento, si bien comparar obras con ambición de establecer un “ranking” siempre me ha parecido inútil; la obra de Vivian Maier está, sin lugar a dudas, entre las más importantes de la fotografía norteamericana del siglo XX. Los invito a que sigan este descubrimiento a través del blog que John Maloof abrió: http://vivianmaier.blogspot.com.

Luego de contemplar con placer y estremecimiento esta fracción de la obra de Vivian Maier, se abren paso en nuestra mente innumerables reflexiones. Una obra como esta, hecha y descubierta de esta forma, nos obligan a cuestionarnos nuestros parámetros convencionales, aquellos que nos permiten, acaso con excesiva seguridad, definir qué es un artista y qué es una obra de arte. Pero se impone una certeza: esta niñera que durante gran parte de su vida, una vez a la semana (en su día libre), salió a fotografiar, hoy es una gran artista.

 

 

 

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