Entretenimiento

Italia 1: Barboni

El sublime circo de la vida

Pippo del Bono cuenta, abandonándose en su lengua materna con pudor e ironía,
una muy dolorosa y transparente historia: Barboni, el bellísimo
espectáculo de Pippo del Bono que nace del encuentro del autor con esa zona
marginal del arte desterrada de la escena de la vida, en la experiencia con los
internos del hospital de Aversa, individuos marginados por la sociedad, para
quienes la expresión artística no es un oficio, sino una herramienta fundamental
de sobrevivencia.

En esta obra -ganadora del Ubu y del Premio de la Crítica en Italia, "por la
investigación realizada en el borde que separa el arte de la vida"— Del Bono
basa su dramaturgia en la textura de una realidad que todos sabemos existe pero
que nadie desea toparse. Sus actores: Bobo, un microcefálico sexagenario de
larga estadía en Aversa; Armando, un discapacitado del polio que deambula por
las calles napolitanas, y Puma, un rapero incansable.

Hacia estos olvidados dirige el dramaturgo su mirada: "Todos parecían más
felices que yo, o por lo menos me hacían sentir más feliz a mí. Tal vez eso
ocurra porque ellos sufren más. Lo cierto es que decidí pedirles ayuda".

Así, Barboni muestra las vívidas miserias del género humano partiendo
de ópticas como la de Fellini, en Los Payasos, o Beckett, en Esperando
a Godot
, recreando desde la desmesura la fuerza vital de estos hijos de la
calle.

Gracias a la capacidad de Del Bono para canalizar la energía de actores no
profesionales, los intérpretes desarrollan una relación intensa que va desde los
gruñidos hasta las más inesperadas salidas, utilizando el ensueño del payaso
circense, la mímica de Charlot y la reminiscencia beckettiana.

"De los diamantes nada puede nacer, pero de la tierra nacen las flores", dice
Del Bono. En total correspondencia, uno de los actores más destacados de la
compañía es el que asume el rol de Bobo. Después de pasar cuarenta años
internado en el manicomio de Aversa, está actualmente bajo los cuidados de
Delbono y su socio, el argentino Pepe Robledo. En Barboni emite gruñidos
en vez de palabras y establece con el personaje de Delbono un intenso lazo
dramático.

En la pieza se intercala una banda sonora con intensos poemas, entre los
cuales destacan unos textos escritos por Bernardo Quarantta, un mendigo de
Génova que murió alcoholizado, pero dejó como legado una maleta llena de sus
versos.

Y es que, a la manera de los representantes del neorrealismo cinematográfico,
Delbono ilumina con su obra una parte de la sociedad que pocos desean mirar,
pero que igualmente vive sobre este mundo, aunque muchos prefieran verla sólo de
reojo.

El resultado tiene el poder de conmover al público y de llevarlo a una seria
reflexión que surge del contacto con un arte que fluye desde la herida. "En las
personas que he

conocido –comenta Delbono–, en cosas que he leído, de gente que vive en una
situación de inestabilidad perenne, que tienen una relación precaria con la
vida, en muchos de ellos, he notado una visión mucho más clara de los asuntos
del espíritu. Me gusta pensar que el teatro es un encuentro vivo con diferentes
personas, un encuentro de identidades distintas, y en mis piezas busco algo
profundo que las una".

El trabajo de Delbono comenzó hace unos quince años y ha evolucionado hacia
una propuesta cada vez más sencilla y esencial, más conectada con la vida, donde
escenario y realidad diluyen la frontera que las separa hasta fundirse en una
sola cosa.

Ficha Técnica

Compañía Pippo del Bono
Dirección Pippo del Bono
Música Pepe Rebledo

De la Compañía

En 1983, Pippo Delbono comenzó a trabajar con el argentino Pepe Robledo en el
grupo Farfa, de Dinamarca, dirigido por Iben Nagel Rasmussen. Ambos dramaturgos
se unieron con la intención de forjar un lenguaje teatral tramado a partir de
actores-bailarines. De esta búsqueda surgió la pieza Il tempo degli assassini,
estrenada en 1986, y que dio la vuelta al mundo en distintas giras. Le
siguieron propuestas como Morire di musica (1989), Il muro (1990)
y el video Itaca (1991). En 1992, en colaboración con la Universidad de
Parma, presentaron un estudio sobre la pieza Henry V, de Shakespeare.

Desde marzo de 1993 los dramaturgos se radicaron en Loano, donde abrieron el
centro La danza nel Teatro, donde entrenan a jóvenes actores de toda Italia. En
1997 presentaron Barboni, proyecto que se origina de distintos talleres
dictados por Delbono en el manicomio de Aversa, y que marca la formación
definitiva de la compañía, integrada por un reparto de discapacitados que han
presentado alrededor del mundo piezas como Guerra (1998), Esodo
(1999) y Il silenzio (2000). El tema de las propuestas siempre gira en
torno al mismo punto: la relación de los marginados con el mundo.

La crítica

"Extraordinario; un espectáculo delicado y cruel. La tristeza y la risa, pero
sobre todo la ficción y la verdad se equilibran y se iluminan gracias a una
poesía que desasosiega, que ensancha nuestra visión de espectadores,
dislocándonos, poniéndonos frente a frente con nosotros mismos".
Massimo Marino. Mattina, 1997.

"Lo que ayuda al montaje a marcar su diferencia es el uso de
actores que hubieran sido considerados por la mayoría como freaks, y que
forman parte de la compañía como bandera de la diversidad. Ellos muestran un
gran dominio de la escena, trabajo que agradece el público con ruidosos
aplausos". Franco Quadri. La Repubblica, 1997.

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