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José Berroeta y su obra poética

Un inobjetable acierto, en el orden del enriquecimiento artístico-cultural del país, representa la publicación de la Obra Poética del escritor trujillano José Barroeta, nacido en Pampanito en 1942. Las impecables ediciones del encomiable proyecto editorial “el otro, el mismo” y el Rectorado de la Universidad de Los Andes hacen posible que los lectores podamos acceder a la más exhaustiva selección de textos poéticos escritos por el autor en lo que comprende un extenso arco temporal que va de 1971 hasta 1996.

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El Prólogo a esta vasta Antología de la poesía del poeta trujillano está escrito desde la más rigurosa y honda lucidez intelectual por el también poeta y ensayista Lubio Cardozo. El enjundioso estudio preliminar escrito por Cardozo se titula con justicia “La estructura lírica de José Barroeta” y comienza por una enigmática interrogante que ha traído de cabeza a poetas y críticos desde que el mundo es mundo: ¿Cuál es la naturaleza de la poesía? Estimo pertinente que el poeta Lubio Cardozo, en su respetable condición de crítico literario, relacione estrechamente la propuesta lírica de José Barroeta con nuestra más acendrada tradición poética decimonónica y encuentre nexos de identidad con la melancólica y fúnebre tesitura elegíaca que exhalan los poemas de Rafael María Baralt, José Antonio Martín y Pérez Bonalde. Coincido con el prologuista plenamente en su certera afirmación: el poeta Barroeta es una de las más sólidas y consistentes voces de la poesía venezolana del último medio siglo que ha dado las letras nacionales a nuestro Parnaso literario.

Leyendo con apasionado interés el estudio de Cardozo sobre la poesía de Barroeta me complazco en descubrir, para solaz de mi sensitiva disposición anímica de lector, la magistral forma en que el crítico logra asir preceptos de raigambre freudiana que aluden al inaudito goce estético que siente el creador al desordenar e infringir las prohibiciones de la razón y de la lógica instituida por el fardo de la tradición, de la cultura dominante. Celebro con júbilo la manera de hilvanar una intrínseca relación histórico-cultural entre las verdades enunciadas por Pitágoras, por ejemplo, y Diógenes Laercio acerca de los inigualables privilegios del verbo.

Pocos como Lubio Cardozo conocen las menudas historias y las complejidades ético-políticas que testificaron el nacimiento de los libros que conforman la Obra Poética de José Barroeta. Ambos provienen de una época signada por la febrilidad y la vehemencia de la utopía; la indomable inquietud de querer construir, aquí abajo en la tierra, una sociedad más justa y menos errática donde el ser humano pudiera respirar con dignidad entre sus semejantes.

La composición de la Obra Poética de Barroeta está integrada por los libros “Todos han muerto” (1971) “Cartas a la extraña” (1972) “Arte de anochecer” (1975) “Fuerza del día” (1985) y “Culpas de Juglar” (1996).

En “Todos han muerto” el poeta inicia su largo y sostenido vuelo lírico con eso que a mí me gusta denominar una “retrospección introspectiva”; es escritor se hunde en la noche de su infancia y cual vidente a la manera de Rimbaud abre sus ojos y se ve el alma. Son poemas iluminadores y alucinantes; poemas escritos desde un onírico estado de lucidez que no admite réplica a no ser que ésta provenga de un particular estado del alma sometido a dictámenes paranormales. La vida está indisolublemente ligada al sueño de vivir la existencia desde la otra orilla encendida del río. Todos sabemos, desde Machado, que la vida es un río que va a la mar que es el morir.

El sueño y la imaginación indómita del demiurgo que es el poeta es la fuente matriz que da a luz el poema. En este libro, como en todos los libros de Barroeta, la imagen del padre es un icono emblemático que puebla su itinerario creativo. La memoria es palanca euclidiana que mueve el inframundo de los recuerdos y las reminiscencias íntimas del bardo.

La creación verbal de este trujillano de excepción lo eleva a alturas poco frecuentes en la poesía venezolana de la última centuria. Su pertinaz andadura por los tortuosos caminos de la creación poética lo convierten en un mito viviente de la literatura nacional al lado de Luis Camilo Guevara, Víctor Valera Mora, Caupolican Ovalles, Elí Galindo, Ángel Eduardo Acevedo, Gustavo Pereira y los escritores del dandysmo intelectual irresponsable, feliz y soñador que “tomó el cielo por asalto” con La Pandilla Lautremont y los miembros de esa cofradía irreverente que integró los grupos “Trópico Uno” y “Sol cuello cortado”.

La poesía de José Barroeta es un canto sagrado al entusiasmo vital por la amistad, la fidelidad a la tristeza y al amor de las mujeres bellas que amaron al poeta en su dilatada travesía de todos los mares de la vida. La pasión irresoluta, el despiadado amor por la imagen del padre, la idea del no-retorno al mundo amniótico del sueño perenne, la infinitud de la vida prolongada en otra vida, y en otra y otra… el enigma de la palabra y su inagotable música que palpita en el estruendo del silencio constituyen referentes insoslayables del poeta en su incansable vagancia por el sentido del lenguaje.

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